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viernes, agosto 15, 2014

10 cosas que tu hija (o hijo) debería saber cuando cumpla 10 años

1. Lo que la quieren. A pesar de que estéis en desacuerdo y de que a veces le grites, tiene que saber que es el centro de tu universo; siempre.

2. Cocinar. Debería saber preparar pequeños platos como huevos, pasta, tostadas, sandwiches, etc. A mi hija le encanta cocinar y dejarle que experimente refuerza su capacidad.

3. Que los cambios físicos son inevitables. Debe saber que junto con los cambios hormonales también se producirán cambios emocionales. A mi hija le he comprado un libro genial titulado The Care and Keeping of You [tu cuidado y mantenimiento] que habla sobre los cambios físicos y emocionales de una forma sencilla y comprensible. Recomiendo que leáis libros de este estilo para ayudaros a explicarles todo lo que su cuerpo va a experimentar en unos años.

4. El peligro de las drogas. Por desgracia, vivas donde vivas, las drogas son una amenaza para los niños. En algunos casos, con 10 años ya empiezan a consumirlas. Hay que explicarles con claridad que el hecho de probar cualquier droga ya puede ser peligroso, aunque sea una sola vez. Tienen que entender la tragedia que resulta del consumo de las drogas, y lo peligrosas e ilegales que son. He asegurado a mi hija que sus amigos intentarán convencerla para que las pruebe, pero que tiene que ser fuerte para decir que no, aunque sea menos popular por ello. También le he pedido que cuando sea algo mayor y salga y se sienta insegura o incómoda en alguna situación, no dude en llamarme a mí o a su padre.

5. A esta edad, es importante que sepan algunas cosas de la vida. Sé que es difícil explicárselo, pero seguro que no quieres que se lo enseñen en el patio del colegio. No creo que necesiten todos los detalles, pero a veces una pequeña conversación contribuye a que maduren y aprendan sobre las funciones del cuerpo, lo cual evitará una charla más compleja sobre el tema. Es preferible eso a que lo oigan de otros niños.

6. Deberían ser conscientes de que hay muchísima gente en todo el mundo, e incluso en su ciudad, que no es tan afortunada como ellas. Tienen que saber que ayudar a alguien que lo necesita es muy gratificante, y que su colaboración puede arreglarle el día a una persona. Llévalas a un refugio de animales o a un centro de mayores y que pasen un tiempo como voluntarias. Se sentirán satisfechas, y esto podrá convertirse en un buen hábito para toda la vida.

7. Que el dinero no crece de los árboles. Reconozco que soy adicta a las compras, pero intento que mi hija entienda que nada es gratis. He trabajado desde los 15 años, lo cual me ha dado la oportunidad de comprar y viajar. Mi hija es consciente de que sin trabajar no hay dinero, y sin dinero no hay diversión. Cuando recibe dinero por su cumpleaños y por vacaciones, su padre le dice cómo dividirlo en tres partes: una para gastar, una para emergencias y otra para objetivos a largo plazo, como la universidad. Así, tiene tres pequeños montones para no confundir su dinero. Está bien que lo entiendan y que adquieran esta costumbre desde el principio.

8. Que la apariencia es importante. Es necesario que aprenda que el cuidado personal importa, y que la vestimenta variará dependiendo de las ocasiones.

9. Que no todo el mundo va a ser simpático. A los 10 años, ya puede comenzar el drama de las chicas en el colegio. Ya le he explicado que algunas personas pueden ser desagradables, y que tiene que mantenerse fiel a sus amigos íntimos. Que lo que no debe hacer es estar en un grupo en el que hablan mal de otras niñas, porque al final también acabarán criticándola a ella. He intentado enseñarle a confiar en sí misma, siendo consciente de que hay gente irritante y de que no debe tener miedo a contar lo que le pase, aunque le parezca peligroso (como en los casos de bullying o amenazas).

10. Que la vida no es fácil. Tendrá que enfrentarse a retos que le parecerán crueles e imposibles. Tendrá que emplear su fe, a su familia y su perseverancia para sobrellevar algunas de las cosas que le arroja la vida. Es importante que sepa que la vida se construye a través de una serie de altibajos y que debe estar preparada para superarlos.

Aprender estas 10 cosas es una buena base sobre la que empezar la etapa de la preadolescencia y la adolescencia. Nuestro trabajo como padres consiste en ayudar a nuestros hijos a modelar su vida, aunque ni siquiera nosotros hayamos conseguido aún configurar la nuestra.

Mi nieta Eva a pesar de no poder ver las cataratas Victoria, Ciudad del Cabo, Namibia y otros destinos que visitaron Eva y Jorge Luis, si estuvo allí




Cada vez tengo más necesidad de un abrazo tuyo, sin palabras, que me haga palpitar y sentir que todo ira bien, aunque perciba que el mundo se desmorona a mi alrededor

lunes, agosto 11, 2014

"El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante". Robin Williams. El club de los poetas muertos

"...pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad". Robin Williams. Good Will Hunting

Uno de los momentos cinematográficos más memorables de mi vida es esta conversación entre Matt Damon y Robin Williams

"...pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos"? Robin Williams. Good Will Hunting
Uno de los momentos cinematográficos más memorables de mi vida es esta conversación entre Matt Damon y Robin Williams



lunes, agosto 04, 2014

Los puentes de Madison, una de las mejores películas que vi en mi vida y sus frases

Los puentes de Madison (1995)

Sinopsis – La vida de Francesca Johnson parecía predestinada, pero la llegada de un inesperado hombre hará que se cuestione su vida y todo lo que esperaba de ella. Mientras su marido y sus hijos están lejos en la feria del estado de Illinois en el verano de 1965, Robert Kincaid se para en la granja de los Johnson para conseguir la dirección del puente Roseman. Robert trabaja para la revista National Geographic y se ha desplazado hasta Iowa para fotografiar los puentes del condado de Madison. Ella quiere acompañarlo y mostrarle los puentes, pero se resiste al ver que él es un completo desconocido. Poco después, Francesca se compromete a enseñarselos y así comienza la breve y apasionada historia de amor de su vida. Tras la separación, ella decide escribir lo que han significado para ella esos cuatro días con Robert. Tras la muerte de Francesca, sus hijos encuentran las cartas y las revistas de Robert y se hacen eco de la historia de amor que tuvo su madre con el Sr. Kincaid. La intención de Francesca para con sus hijos, es de hacerles comprender que tienen que perseguir sus sueños para ser felices en la vida. Y para mayor sorpresa, ella les pide en la carta que esparzan sus cenizas por el puente Roseman porque allí están las cenizas de Robert. Sus hijos deberán decidir si honrar la voluntad de su madre o enterrarla junto a los restos de su padre.

Título Los puentes de Madison
Título original The Bridges of Madison County
Actores Clint Eastwood, Meryl Streep, Annie Corley, Victor Slezak, Jim Haynie ver todos
Género Dramático, Romántico 

Frases de “Los puentes de Madison” 7 citas

“Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido.” 

“No quiero necesitarte porque no puedo tenerte.”

“Pensé que él había estado allí solo unos momentos antes. Estaba tumbada, donde el agua se había deslizado por todo su cuerpo. Y me pareció intensamente erótico. Casi todo lo relacionado con Robert había empezado a parecerme erótico.” 

“El amor no obedece a nuestras esperanzas, su misterio es puro y absoluto.”


“La mayoría de las personas temen el cambio, pero si lo ves como algo con lo que siempre puedes contar puede ser un consuelo, no hay muchas cosas con las que realmente puedas contar.”
“Cuando la muerte acecha y el miedo a lo terreno deja paso a la incertidumbre de lo que hay después, lo que realmente importa es que aquellas personas a las que quise y quiero, lleguen a conocerme realmente.”

“Creo que los lugares en que he estado y las fotos que he hecho durante mi vida me han estado conduciendo hacia ti.” 

Historias de “Aquellos que Aman”…

Publicado el 31 agosto, 2012 por María Cecilia Fourcade Galtier
Graciela con sus 81 años, asiste al taller de Literatura en el PEAM. Siempre le gustó escribir; y desde hace muchos años atrás, ha creado muy lindas poesías, las que ha ido guardando, hoja por hoja.
Un día, sus hijos, se tomaron la tarea de ordenar, trascribir y encuadernar algunas de ellas. No hace mucho, le regalaron una Notebook, para que ella, transcriba y produzca nuevas poesías. Por supuesto, necesitó tomar unas clases, para aprender su manejo. Y, a pesar de su edad, no se acobardó y dijo: “Nunca es tarde para aprender. Yo puedo”. Y ahí fui yo, para asistirla.
Hace unos días, tomando su habitual clase de computación, conversando, me enseña un libro que acababa de adquirir, para leerles a los abuelitos, del Hogar “San Carlos Borromeo”, a la que asiste con una compañera.
Comencé a leer dicho libro, y me gustó tanto, que me inspiró escribir este post y compartirlo con todos Uds.
Se trata del siguiente libro:

Sinopsis:
Historias de amor relatadas por sus propios protagonistas, ganadoras del concurso “Una historia, una canción” del prestigioso programa Viva la Radio (Cadena 3 Argentina).
Amores que esperan décadas, que se enfrentan a las mezquindades sociales, que combaten las prohibiciones, desafían a la guerra, a la enfermedad y a la muerte.
A continuación transcribo y comparto, algunos de esos relatos…
Cada luz encendida en la madrugada es una historia de amor.
Erguirse y volar hasta verlas a todas y luego unirlas para que resplandezcan es la razón de este libro. Un libro que empezó, como casi todos, en un juego: “Nosotros abrimos el espacio y ustedes lo llenan con sus angustias y sus alegrías, es decir, con sus vidas mismas”.
Con ese precepto, el programa Viva la Radio, de la prestigiosa emisora cordobesa Cadena 3, convocó a todos aquellos que amaron y aman a contar sus historias “en el aire”. Y a medida que estas historias, así expuestas, iban desnudando secretos, miles se sintieron identificados y se animaron, a su vez, a denudar los suyos.
De una selección de tales secretos trata este libro. De amores que esperan décadas, que se enfrentan a las mezquindades sociales, que combaten las prohibiciones, que desafían a la guerra, a la enfermedad y, aún más, a la muerte.
Historias como estas han sido materia prima de Shakespeare, de Flaubert, de Margaret Mitchell, de García Márquez, de Cortázar, para crear a Julieta, a madame Bovary, a Scarlett O’Hara, a Fermina Daza, a la Maga. Esta vez, Viva la Radio y Raíz de Dos las publican en estado puro, antes de que los escritores notables las conviertan en Clásicas.
 
Aquellos que Aman…
Prologo
Quien lee una carta de amor puede ubicarse en dos sitios. Si es el destinatario, estará frente a uno de los más lindos homenajes que pueda recibir. Blandirá mucho más que un papel escrito con dedicación y cuidado, tendrá una joya, un tesoro que guardará por siempre. La persona que recibe una carta de amor siente brisas de colores, escucha valses y campanas de cristal.
Y si quien la lee no es el destinatario, es un privilegiado, alguien que recibió invitación para sentir los suspiros, las caricias, las lágrimas. Se llenará de vida, aunque llore de pena o de impotencia. En cualquier caso, la carta se apoderará de su presente y, aun más, de sus recuerdos.
Este libro es como abrir un cofre y encontrar un manojo de cartas amarillentas abrazadas por una cinta sutil, que alguna vez tuviera el brillo majestuoso de la seda. Al desatar el lazo, frente al umbral de historias por descubrir, es muy probable que nos invada el vértigo: nos aprestamos a entrar al mundo de los susurros al oído o de los gritos de pasión que atraviesan el mundo entero.
La fuerza de las historias radica en el hecho fundamental de que no provienen de la pluma inspirada de ningún escritor, de que no hay un solo gramo de mercantilismo en su tinta. Están escritas con tinta, si, pero mezclada con el sudor, las lagrimas y el aliento tibio de los enamorados. Son cartas escritas de un tirón, en una sentada, pues todas estaban listas para salir, cobijadas en el pecho de sus autores. Son la manifestación pura del sentimiento más fuerte y movilizador de la raza humana.
Un puñado de cartas de amor es un regalo excepcional, casi un milagro. Sin duda, un privilegio para el corazón, la garganta y el alma. Un regalo que se agradecerá siempre, especialmente por conocer de quien viene. Porque Rony Vargas y el gran equipo de Viva la Radio nos vuelven a sorprender con su bondad entrañable. En este libro, como en cada tarde, insisten en regalarnos un buen bocado de vida, cultura y amor.
Juan Manuel Vargas

Las cartas están separadas por los siguientes temas:

Aquello que aman… – A pesar de lo prohibido
– Ante la enfermedad
– A pesar del tiempo
– En tiempos de guerra
– En la adversidad
- Frente a la muerte
- A pesar de todo
- Ante la enfermedad
A continuación, transcribo y comparto, cinco relatos que seleccioné para Uds.:
De Aquellos que Aman… a pesar del tiempo:
Nuevos Milagros del Bar Unión (Nicolás Vaschetto)

Para Natalia, la mujer de mis sueños.
Mediados de 1977, con cuarenta y cinco años y un matrimonio en Santa Fe que ya era un montón de escombros, vine a córdoba por negocios y, esperando que me atendieran en Deán Funes 60, me puse a mirar la gente que pasaba por la vereda. De pronto, se detuvo un taxi y bajó una joven y hermosa mujer que llamó poderosamente mi atención. Una idea que me quedó grabada durante mucho tiempo cruzó por mi mente: “¡Cómo me gustaría que fuera mi esposa!”.
Volví a Santa Fe y no hubo día que no recordara a esa mujer. Cinco años después, ya separado, vine a Córdoba, y en una fría y lluviosa mañana de mayo de 1982, mientras iba saltando charcos por la peatonal, eso que llaman destino me puso delante una dama cargada de carpetas, que terminaron desparramadas en el piso a raíz del encontronazo. Abrumado por mi torpeza y pidiendo mil disculpas, me llevé la sorpresa de mi vida. Era ella, la mujer de mis sueños, la que mi mente había protegido durante tantos años. A partir de ese momento, el cafecito humeante y las largas charlas en el Bar Unión se convirtieron en un ritual.
Hoy tengo setenta y ocho años y llevo veintiséis de felicidad compartida con la mujer de mis sueños, que es apenas una piba de sesenta.
Dios cierra el piano, se pone el saco, cruza el salón, se va a la calle y sale volando del Bar Unión. Algunos bares parecen hechos a la medida, son como besos que hacen milagros en las heridas.

Justina y Francisco (Graciela Beatriz Peralta)
Sentada a mi lado, con lágrimas en sus ojos, Justina, mi abuela del corazón, me contó:
“Cuando conocí a Francisco yo tenía trece y él dieciocho. Recuerdo que fue en una fiesta a la que había ido con mis padres. Él tocaba el bandoneón en una pequeña orquesta y no hizo falta más que mirarnos para quedar prendados el uno del otro.
Esa noche, bajo la rigurosa mirada de mi madre, cruzamos unas pocas palabras, pero fueron suficientes para acordar una cita.
Mi corta edad, sus años y su pasión por el bandoneón fueron motivos de la reacción de mis padres, que no aceptaron que lo volviera a ver. Sin embargo, el destino quería juntarnos. ¡Estábamos enamorados!
La iglesia del barrio fue testigo de nuestros encuentros y de su promesa frente al altar: Si no me caso con vos, no me casaré nunca.
Pero mi madre hizo lo imposible por separarnos, y finalmente un día lo dejé de ver.
Se fue lejos, a Buenos Aires, y por mucho tiempo no supe de él, hasta que llegaron noticias que decían que mi Francisco se había casado.
Decidí entonces que debía olvidarlo, arrancarlo de mi corazón.
Años más tarde, me casé con un buen hombre al que quise mucho, pero nunca amé. Tuve tres hijos a los cuales crié sola, porque cuando eran pequeños quedé viuda.
Un día, después de muchos años, encontré un viejo papel con un número de teléfono: el de Francisco.
Me preguntaba si después de tantos años sería posible saber algo de él. Decidí llamar, y del otro lado su voz me paralizó. Como pude, dije: soy yo, Justina, y el contestó: ¡Mi palomita, tantos años!
Mil cosas quisimos decir; finalmente decidimos que lo haríamos personalmente. Así fue que los pocos días viajó a Córdoba a verme y nos encontramos en un bar. Habían pasado treinta y tres años desde la última vez. No estábamos iguales, pero éramos los mismos.
Me confesó que nunca se había casado, que se había mantenido fiel a su promesa: Si no me caso con vos, no me casaré nunca.
El destino nos había juntado otra vez, pero ahora para siempre: nos casamos a los pocos meses.
Hoy estamos por cumplir treinta y tres años juntos, el mismo tiempo que estuvimos separados. Grandes ya, continuamos prodigándonos amor, y aunque nuestras manos tiemblen y nuestros pasos sean cada vez más lentos, seguimos andando juntos, recuperando aquel tiempo de juventud que nos robó la vida.”

De Aquellos que Aman… en tiempos de guerra:
Tonada de Amor y Guerra (Andrés Fernández)
Allí donde imperaba el viento y el frío era más frío, en ese ambiente hostil de la guerra, mis ojos se volcaron hacia una kelper. Era alta, de piel rosada y unos ojos azules que parecían las aguas del canal que teníamos enfrente. En aquella casa de la parte alta de la ciudad, donde vivían los obreros de la Falkland Company, ella recorría el patio trasero recogiendo su ropa tendida. Al lado, en otra casa, se alzaba el comando de Comunicaciones al que yo pertenecía.
Varias veces me había cruzado con sus ojos, que tímidamente observaban lo que hacíamos. En una oportunidad, una de sus blusas se voló y cayó en el patio que ocupábamos los soldados argentinos. Más que corriendo la recogí y se la alcancé a través de una verja de madera bajita. Apenas nos miramos, los dos sonreímos; se escuchó un Thank you, y un de nada rompió el zumbido del viento. Con una sonrisa amable nos despedimos, sin palabras por supuesto, y mi corazón latió fuerte, muy fuerte.
Los días de la guerra pasaron uno a uno pesadamente y el ataque al aeropuerto ya se había hecho realidad. La mañana de un sábado con mucho sol, en el patio trasero de la casa, mientras yo fumaba un Jockey, apareció ella, sonriéndome. Me acerqué y comenzamos a hablar como Tarzán y Jane, riéndonos, porque no nos entendíamos. Por allí escuché Nicola Colbert y entendí que era su nombre, entonces dije: “Andrés, me llamo Andrés Fernández”. Ella sonrió y comenzamos a reírnos, y no sé cuánto tiempo estuvimos “hablando”. En un momento me dio a entender que podía lavarme la ropa; imité sus movimientos y entonces me dijo: “yes, okey Andreesss”. “Bárbaro, mañana te la traigo”, dije yo.
Nos despedimos dándonos la mano y, mientras caminaba los cuatro kilómetros que me separaban del pozo de zorro, silbando bajito la Tonada de un viejo amor y canturreando su letra, me di cuenta de que me había enamorado. Me di vuelta para mirar la casa desde la loma y allí estaba Nicola, saludándome con su brazo en alto.
Las medias y los calzoncillos lavados lucían suaves y perfumados. Aquella última vez que pudimos vernos, me entregó la ropa tratando de decirme que allí había algo más para mí. Intenté explicarle que las cosas estaban muy difíciles y que tal vez debería ir al frente. Con sus ojos llenos de lágrimas me dijo: “Good bye, Andrés, bye”, y otras cosas que no entendí. Le apreté fuerte la mano, no me animé a besarla, no me animé a mirar hacia atrás. Me dolía esa despedida.
Después, en mi carpa, encontré entre las ropas una pequeña radio Sony portátil, plateada, con una flor dibujada, el nombre de Nicola y una nota que decía en español: “Es para ti, tienela”.
Jamás supe nada de ella. Ya terminada la batalla, cuando como prisioneros de guerra nos embarcaban para el continente, creí ver a Nicola con su brazo en alto, despidiéndome, entre los kelpers, que miraban desde el muelle.
Quizás estaba allí. Quizás fue sólo mi imaginación. Lo que sí sé es que cada vez que escucho la Tonada de un viejo amor, me zambullo en sus ojos azules y me quedo a vivir en ellos.
Herida la de tu boca,
que lastima sin dolor;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.

De Aquellos que Aman… en la adversidad:
El Lecherito de Dolores (Arquímides Pignatelli)
Los primeros recuerdos de nuestra historia de amor tienen lugares precisos. No tienen, eso sí, fecha exacta, aunque todo sucedió en algún momento de la primavera de 1945.
Vivíamos en el pequeño pueblo de Dolores, aquel de la casa Flor de durazno, de la capilla centenaria y del molino fabricado por Eiffel.
Yo era el tercer hijo de una familia de piamonteses que trataba de abrirse camino en la vida. Nos manteníamos con la venta de leche, producto de un pequeño tambo, y con la venta de verduras. Era muy difícil arrancarle algo de dinero a esa tierra arenosa y de agua escasa.
Tenía doce años y era repartidor de leche en Capilla del Monte (a casi ocho kilómetros de Dolores). Hacía el trabajo muy temprano, porque después tenía que ir a la escuela, también en Capilla.
Para ganar unos centavos adicionales, compraba leche en otro tambo y revendía a unos vecinos recién llegados, que vivían al costado del camino.
En una de esas madrugadas, pasé a retirar el recipiente y vi, en la ventana de la modesta casa, a una niña de unos diez años, toda empolvada, recién peinada, que me saludaba con un movimiento de la mano. El sol todavía no asomaba, pero una orgía de colores anunciaba el día, los mismos colores que tiñeron sus mejillas cuando le contesté con un tímido: ”¡Buenos días!”
Después de ir a la escuela, y ya pasadas las doce, regresé a dejar el recipiente para el otro día y de nuevo estaba la niña apoyada en el marco de la ventana, aunque esta vez se retiró, presurosa y esquiva.
Me enteré de que se llamaba Agustina, que estaba pupila en un colegio de monjas en La Cumbre y que los padres la traían para visitar a la familia los sábados por la tarde, pues en aquel entonces también había clases los sábados a la mañana.
Tenía en quién pensar y eso acortaba mis días de trabajo penoso y sacrificado, y poblaba mis sueños y proyectos con una presencia más idealizada que real, pues la había visto una sola vez y muy fugazmente.
El hecho de que nuestras familias se hicieran muy amigas facilitó el acercamiento, pero siempre dentro del marco de la timidez propia de los niñoz de la época.
En una tardecita de domingo, salimos a pasear por el río, con complicidad de nuestros hermanos mayores, que nos permitieron caminar unos pasos detrás del grupo. Cuando por fin me animé a tomarla de la mano, nos quedamos mudos y seguimos caminando en ese silencio, sabiendo que con sólo tocarnos las manos nos bastaba. Ella con la mirada baja y yo con la angustia de no saber qué decir.
Crecimos, y ella se convirtió en una preciosa adolescente, pequeña, movediza, siempre alegre, pero con una determinación y empeño que aún hoy forman parte de su carácter.
Cuando cumplí los dieciséis, con la bendición de papá y el temor de mamá, me fui de casa a buscar mi lugar en el mundo, pues sentía que en Dolores no teníamos futuro.
Un día antes de mi partida, fui a despedirme de Agustina. En esa despedida, al amparo de la sombra de un frondoso algarrobo, nos dimos el primer beso. un beso fugaz, apenas un toque, tan leve como el aleteo de una mariposa. Entonces le dije: “Te quiero tanto, tanto…”.
Luego, la distancia impidió profundizar la relación, pero nos escribimos con frecuencia, así que esas cartas formaban parte de nuestro cofre de recuerdos. Agustina estudió y se recibió de maestra. Yo estudiaba y trabajaba. Primero en Córdoba ciudad, luego en San Luis. Nuestras vacaciones no coincidían y nos encontrábamos muy poco, pero la llama del amor no se apagaba.
Nunca nos hicimos promesas de esperarnos. No era necesario. Nuestros corazones latían al unísono y teníamos la misma certeza: la espera y la distancia acrecentaban las ansias de estar juntos.
Después obtuve una beca para perfeccionarme en Estados Unidos. Por un año no nos vimos, pero le escribía contándole mis experiencias. A mi regreso, por razones de trabajo, me radiqué en Mendoza. Otra vez la distancia que nos separaba, y el amor que volaba llevando mensajes cada vez más desesperados.
La familia de Agustina se mudó a la ciudad de Córdoba, pero ella consiguió un puesto de maestra en Capilla del Monte, donde ya Vivian mis padres, y en épocas de clases se alojaba en nuestra casa.
Por fin luego de casi quince años de separación, comenzaba a mejorar la cosa. Yo trataba de ir todos los fines de semana que me resultaba posible y, por supuesto, teníamos las vacaciones para nosotros.
Le pedí que se casara conmigo una tarde de verano, mientras escuchábamos a los Cinco Latinos cantar Tú mi destino, que desde entonces se transformó en nuestro himno de amor. Allí nos hicimos la promesa de seguir por la vida juntos.
Nos casamos, nos instalamos en Mendoza, al segundo año de casados nació nuestra primera hija y, muy poco después, la segunda. Crecieron, estudiaron, se recibieron, se casaron y nos dieron siete nietos.
Ahora que somos mayores y tenemos las pupilas llenas de lejanos paisajes, el corazón desborda de buenos recuerdos. Las imágenes de nuestra niñez se tiñen de sepia y se vuelven fotografías de un álbum entrañable.
Aún caminamos por la vida tomados de la mano. Somos una sola persona, un solo sentir. Todavía tenemos sueños y proyectos nuevos, y la alegría de vivir y de amarnos se renueva día a día cuanto le digo: “Te quiero tanto, tanto…”.

De Aquellos que Aman… a pesar de lo prohibido:
La Edad del Amor (María del Carmen Braiero)
Nací en un pueblito del norte de Santa Fe. Soy única hija de una familia de buen pasar y por los compromisos de mis padres me crié con el personal doméstico.
A mis dieciocho años conocí a un muchacho de otro pueblo. Me quise casar y nadie en la familia se opuso, así que hicimos una gran fiesta de casamiento y nos fuimos a vivir con los padres de mi marido.
Cuando nació mi primer hijo, ni papá ni mamá fueron a verlo porque, como siempre, tenían otros compromisos. Cuando nació mi segundo hijo no les avisé.
Pero no era el único problema, ni el principal. Con el paso del tiempo me di cuenta de que no quería a mi marido; entonces no resultó una sorpresa que un día tomara a mis hijos y mis cosas y me fuera a casa de mis padres. Al principio no quisieron recibirme, pero de a poco se encariñaron con sus nietos, tanto que vivían para ellos. Esa nueva oportunidad que la vida les estaba dando duró poco: murieron muy jóvenes.
Entonces vendí todo y me hice una casa en San Francisco, Córdoba. Encontré trabajo en una clínica y nos fuimos a vivir con mis hijos ya adolescentes. Casa de por medio con la mía, había un supermercado al que iba todos los días. Al lado, el único hijo varón de los dueños tenía un maxi quiosco. Todavía recuerdo lo que pensé cuando lo vi:”¡Que hermosa criatura!”.
Al poco tiempo me hice amiga de sus padres, su abuela, sus tías, en fin, de toda la familia. Y mis hijos se hicieron amigos de él.
Yo ya tenía treinta y cuatro años, pero, como una adolescente, me fui enamorando. Cuando volvía de trabajar buscaba una excusa para ir al negocio y charlar de cualquier cosa. Lo quería cada día más, pero me daba cuenta de que todo era una locura.
Un día, tomando mate, sus padres me contaron que estaban preocupados porque el “nene” había cambiado de novia y aproveché para preguntar la edad: “veintidós”, me dijeron. ¡Me quería morir!
Entonces empecé a salir con mis compañeras de trabajo, para olvidarme. Pero fue imposible.
Una noche, cerca de las once, yo salía de trabajar y llovía muchísimo. Como no podía volver a casa en mi moto, me paré en la vereda para tomar un remis. ¡Sorpresa! Ahí estaba él, con su auto, esperándome.
Yo temblaba entera. Me acerqué, me dio un beso y me invitó a subir. Le pregunté si tenía miedo que se le mojara la vecina con tanta lluvia y me dijo que lo quería era hablar conmigo. Fuimos a cenar a las afueras de la ciudad, para que nadie nos viera.
Entre risas y miradas, lo escuchaba hablar, pero mi mente estaba ocupada en una idea: “Esto no me puede estar pasando”. Hasta que él reveló el verdadero objetivo de la charla: decirme que se había enamorado de mí desde el primer momento y que cada día me quería más. También dijo que desde aquel instante “mágico” me vio tan linda y tan mujer que pensó que yo no era para él.
Me largué a llorar. El nuestro era un amor imposible. Yo era doce años mayor y mis hijos eran sus amigos, así que entre lágrimas, en medio del dolor de lo imposible, le confesé lo que sentía. Todo el amor adolescente y toda la angustia que, por eso mismo, me acompañaba.
Seguimos viéndonos a escondidas, cada vez más enamorados.
Todo marchaba hacia ese destino de amor secreto, hasta que él le contó la historia a una de sus tías y ella se encargó de hablar, de a una, con todas las personas que importaban: sus padres y mis hijos. Al revés de nuestros pronósticos, recibieron la noticia con mucha alegría y no sólo no se opusieron, sino que apoyaron nuestra relación. Tantas fueron las muestras de afecto que nos hicimos una casa en las sierras y nos fuimos a vivir todos, como una gran familia. Imposible una felicidad mayor.
Nos casamos por civil y por iglesia y en nuestro nuevo hogar nacieron nuestras dos hermosas hijas.
Hoy tengo sesenta y cinco años y mi “hermosa criatura” cincuenta y tres. Hace poco hemos cumplido las Bodas de Plata, tenemos tres nietos y vivimos muy felices con nuestros hijos, nueras y yernos.
Por supuesto, hace mucho tiempo que dejamos de temerle a la diferencia de edad. Si hay amor y respeto, todo es posible.
 
Viva la Radio es uno de los programas más escuchados de la Argentina. Su creador y conductor, Rony Vargas, ha entrevistado a las figuras más relevantes del arte, el espectáculo y la política.
Del concurso Una historia, una canción, nació la idea de publicar un libro con los relatos de amor enviados por los oyentes. Así surgió la primera edición de Aquellos que aman, en 2010, como celebración de los veinticinco años en el aire.

domingo, mayo 04, 2014

Los golpes siempre vienen cuando no los esperas

Julia, la esposa de Guillermo me acaba de enviar en un correo:"fallecio Jorge Branda".
No sabía que estaba enfermo siquiera.
Todos sabemos que es "natural", pero cuando sucede, nos tira al piso.
Es el hombre que me saco del "vaquero" y me puso el traje con 17 años y me convencio que podia ser mejor y que creyera en mi.
Era el jefe de ventas de Guillemo Kraft, me vio cualidades de ser vendedor y me ofrecio trabajar a su lado, me inspiro en ser mejor. Me enseño desde lo más básico de la vida a lo más complejo. 
Mucho, mucho influyo en mi vida. Siempre segui sus sabios consejos.
Me dijo lo que seria mi mejor acicate: "No eres un inmigrante de boina y alpargatas, ve siempre de traje"
¡Vaya putada!

En la foto en la comida cuando fui a Montevideo y en la otra en el centro de la mesa en la despedida con los amigos (al lado de mi padre)

miércoles, abril 23, 2014

Interesante artículo de opinión que no me hubiera importado haberlo escrito

A tomar por culo (con perdón)

Tenía 4 años cuando mis padres decidieron llevarme a un colegio donde los profesores no hablaban mi idioma. Un colegio al que tenía que ir con uniforme. Un colegio donde se celebraban fiestas que no eran las nuestras (Guy Fawkes!). Un colegio donde no se jugaba a los mismos deportes que los nuestros (los rounders!).
Y en ese colegio pasé probablemente los años más divertidos e importantes de mi vida.
Éramos veintipocos en clase, dos clases por curso (los del B éramos los mejores). Mis compis eran prácticamente toda mi vida, e hicimos mucha piña porque para la mayoría, todo era igual de raro y diferente. Y luego la vida se puso por medio y perdí el contacto.
Pero hace unos años, la vida se volvió a poner por medio: perdimos a uno de los nuestros. Georgie, así, se fue. Todo parecía irreal, era inconcebible. Pero cuando él se fue, yo volví a encontrar a mis compañeros del cole. Y en ese momento supe que no los iba a volver a dejar escapar. Porque el cariño SIGUE AHÍ. Porque caray, qué bien les han sentado los años!
Porque son cojonudos, mis compis del cole. En especial mis chicas, mis ladies (Maya, Itxi, Sue, Silvia, Cris… love u), con quienes me echo las risas más locas cada vez que nos vemos, y son cada una excepcionales, especiales, son estrellas.
Pero hoy de nuevo, hemos perdido a otro compi. Atsuki era probablemente uno de los más brillantes de clase -junto con Elsa y Mada, claro-. Majo hasta decir basta. Divertido. Aunque del Barça. Tenía una preciosísima niña de 6 años.
Estoy devastada. Esto no tiene que pasar cuando estás en los 40. No tiene que pasar.
Por eso digo: a tomar por culo.
A tomar por culo las malas noticias

Rechazo las noticias, los periódicos y a todos los cenizos que me quieren amargar el día con lo mal que está todo. Si está mal, me costará un poco más, si está bien, me costará un poco menos pero en cualquier caso, SOY YO quien tiene que currárselo, soy yo quien tiene que levantarse del sofá, tengo que dejar de tomarme a mí misma menos en serio y dejar de pensar que lo mío es peor que lo de los demás. No va a venir nadie a hacerlo por mí, vayan las finanzas del país mejor o peor.
A tomar por culo de tanto quejarnos
Quien está o tiene un familiar gravemente enfermo puede quejarse. Quien con 55 tacos se ha quedado sin trabajo y no tiene ninguna perspectiva de volver a incorporarse en el mercado laboral y tiene bocas que mantener, puede quejarse. Poco más.
Los demás no tenemos derecho a quejarnos. Cualquier otra cosa es sólo una circunstancia, una dificultad que podemos solucionar. No tenemos derecho a estar de mala leche, a tomarla con los demás, a echar la culpa a nadie.
Siempre vamos a tener dificultades, incluso dramas. Pero no se nos puede ir la vida con ellos. Hay que sufrirlos y luego dejarlos atrás y agarrarnos a todo lo que tenemos BUENO, buenísimo, incluso extraordinario en nuestras vidas
A tomar por culo vivir corriendo
Vamos a toda leche por la vida, tragándonos los días sin masticar. El lunes porque es lunes, el martes ¡casi peor que el lunes!, el miércoles por estar en medio, el jueves porque ya vas cansado, al viernes llegas agotado, el sábado necesitas ponerte en encefalograma plano y el domingo, porque al siguiente, es lunes.
Nos tragamos los días. Nos los tragamos por décadas. Sin parar de correr pero sin saber ni dónde vamos ni para qué.
La vida es para VIVIRLA, no sobrevivirla. Si tenemos gente que nos quiere, con lo imperfectos que somos, los fantasmas que arrastramos, las neuras que nos dan y los kilos que nos sobran o nos faltan, tenemos lo más importante.
A tomar por culo lo que nos venden que es importanteTener el iPhone 5 en vez del 4 no es importante. Poder comprarte un coche más caro no es importante – y encima, mucho más tóxico para el medio ambiente -. Poder entrar en la talla 36 no es importante.
Nos digan lo que nos digan, nos quieran vender lo que nos quieran vender, eso no es importante.
Lo verdaderamente importante son LAS RELACIONES. Lo importante es que seamos fieles, nos escuchemos y nos respetemos… a nosotros mismos para poder hacerlo con los demás. Lo importante es ser honrados. Lo importante es echar una mano a quien lo necesita. Es importante perseguir nuestros sueños. Es importante que nos demos alas. Es importante dar lo mejor de nosotros mismos, SIEMPRE. Es importante que iluminemos, no demos sombra. Es importante querer a corazón abierto.
Escribo esto porque no me quiero olvidar. Porque esta es mi cibercasa y aquí me visitáis mucha gente que me demostráis aprecio, me dais cariño y me empujáis a dar lo mejor de mí, y por tantas razones sois parte IMPORTANTE para mí y quiero compartirlo.
Que cada día, cuando nos vayamos a la cama, sea con una sonrisa porque hemos dedicado lo mejor de nuestro día a lo que es realmente IMPORTANTE.
Porque aunque la vida se pone muy perra cuesta arriba a veces, tenemos inteligencia, salud, creatividad y gente que nos quiere y con eso, podemos salvar las dificultades.
Porque hasta la mayor faena que nos hagan, tenemos la posibilidad de decidir que vamos a contestar con una sonrisa y que no nos van a amargar el día.
Para que no nos quejemos tanto, que la queja se pega, se contagia, y acabamos pensando que a través de la pena que damos, nos van a querer más o nos van a perdonar nuestras faltas.
Para que en vez de quejarnos, luchemos, en vez de llorar, hagamos.
Y a quien tengamos cerca que no lo vea tan claro, le ayudamos.
Hoy tenía preparada una sorpresa, pero será otro día. Hoy necesitaba esto.
Fuerza y valor!


martes, abril 22, 2014

Dice un informe de la prestigiosa universidad de Harvard, que nuestra mente pasa el 70% recordando los buenos momentos, situaciones y escenarios que vivimos y que no volveremos a repetir jamas, pero que las recreamos una y otra vez para el deleite de nuestro vivir.

Genio por donde lo mires...

Carta de despedida (Gabriel García Marquez)
“Si por un momento Dios se olvidará de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, una canción de Serrat sería la serenata.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de suspétalos…
Dios mío si yo tuviera un trozo de vida… no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero. Convencería a cada hombre o mujer de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres… he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy es última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que ésta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos momentos que te veo, diría TE QUIERO y no asumiría tontamente que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesites, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.”

Hermosa y sensible campaña...para disfrutar


viernes, abril 18, 2014

Te extraño mucho (Encontrado en Internet)

...Notaba que tartamudeaba, que estaba temblando. 
Experimentaba esa amarga sensación de estar soñando una vez más y que me despertaría en cualquier momento dejándome la realidad otra vez solo como tantas veces, con la almohada bañada en lagrimas.
En mente repercutían tus palabras insistentemente:" Sabía que algún día me llamarías"
¿Quieres? no, no deseo nada, solo deseo estar así, abrazado a ti.
Los minutos corrían a una velocidad desmedida, me acercaban rápidamente a tener que separarnos. Ya en esos momento presentía que no existirían más oportunidades...

"Duele tener a una persona en el corazón sin poder tenerla en los brazos". Gabriel García Márquez (1927-2014)

martes, abril 15, 2014

Uno de los más bonitos lugares de la tierra

42 COSAS QUE HAY QUE HACER EN LA TOSCANA UNA VEZ EN LA VIDA
Este pedacito de Italia es, directamente, el Nunca Jamás del viajero. El punto y final, la tierra prometida, el lugar donde los huesos y los amaneceres duelen menos. Será por el plácido compás de sus días o por esa acumulación de monumentos. O simplemente porque es todo a lo que uno aspira en la vida: comer bien, pasear mejor y oler cómo el sol lo baña todo. Hay una Toscana para cada uno (urbanita, mochilero, gourmet…), pero, por si acaso, tiene unas obligaciones placenteras.


1. Cruzar una y otra vez el Ponte Vecchio (Florencia).
2. Dar vueltas como un loco por la Piazza della Signoria y saludar a Perseo, a Neptuno o a un mimo disfrazado de Verdi.
3. Asimilar como un poseso que los Medicis eran lo más.
4. Creer en lo que haya que creer (aunque sea en la genialidad)
5. Recibir un máster en (Grande) belleza por los largos pasillos de l’Accademia 

7. Volverse renacentista por los suburbios más bellos del mundo
8. Perderse en las bodegas del Valle de Chianti
9. Dejar a un lado las barricas y las fermentaciones para vaguear en lomas habitadas comoGreve in Chianti, Castellina in Chianti, Radda in Chianti o Gaiole in Chianti.
10. Morder el polvo del serrato de esos caminos blancos
11. Abrazar esa ciudad en miniatura
12. Salivar por cualquier bocado autóctono
13. Sumergirse en el castillo de Caprese Michelangelo
14. No dejarse por el camino las vistas de Poppi ni las iglesias de Bibbiena.
15. Zigzaguear ebrio de rurarlismo por el Valle de Chiana
16. Encontrar la sonrisa etrusca en Chiusi y en su museo arqueológico.
17. Tumbarse en la Plaza del Campo de Siena
18. Babear ante el Duomo de Siena
19. Corretear por la utopía renacentista, por el sueño de un Papa (Pío II)
20. Dejarse el cuello mirando para arriba en San Gimignano
21. Catar el sorprendente vino de Brunello en las tasquitas encantadoras de Montalcino.
22. Descubrir (para presumir por las redes sociales) Grosseto
23. Vagar por el infinito paseo marítimo de Porto Santo Stefano.

25. Abordar la isla de San Giglio
26. Sumergirse entre la frondosa vegetación y el azulérrimo mar Mediterráneo
27. Tentar al destino en el jardín del Tarot.
28. Recorrer de abajo arriba la costa de los Etruscos
29. Retirarse a Elba, como Napoleón
30. Huir del ruidoso puerto de Livorno
31. Glorificar a Pisa
32. Hacerse el graciosillo ante su famosa torre inclinada.
33. Comprender que en Volterra habría que vivir media vida
34. Llegar a Carrara buscando el mármol
35. Salir de farra por Viareggio
36. Aprender a montar en bicicleta sobre las murallas de Lucca.
37. Dominguear por el retorcido casco histórico de Lucca

39. Desorientarse por Pistoya sin rumbo fijo.
40. No resistirse ante la enésima ciudad venida a menos: Pescia
41. Toparse con el futuro entre tanta piedra tras las paredes del museo Luigi Pecci en Prato.
42. Matar por volver.
Y siempre, siempre, procrastinar frente al Ponte Vecchio


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martes, abril 08, 2014

Aquellas inolvidables fiestas de 15 cumpleaños

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PEQUEÑAS COSAS QUE ME HACEN TREMENDAMENTE FELIZ

“EL SECRETO DE LA EXISTENCIA HUMANA NO SÓLO ESTÁ EN VIVIR, SINO TAMBIÉN EN SABER PARA QUÉ SE VIVE“ (DOSTOYEVSKI)
El olor del café por las mañanas, lavarme la cara con agua fría, sentir como el nórdico abraza mi piel una fría noche de invierno, usar mi almohada de confidente, bajar el ritmo de mis pasos cuando me doy cuenta de que voy demasiado rápido, recibir un mensaje de “buenos días“, cruzarme con un desconocido y que me regale un “hola“, bailar mientras me arreglo para comenzar mi jornada, olvidarme de todo mientras suenan las baterías de un grupo de rock, el olor a incienso y a vela aromatizada.
Me relaja el sonido de la lluvia un domingo por la noche, me encanta ver una película y que se me erice la piel, un abrazo que me haga suspirar y cerrar los ojos; ver la cara de mi padre todas las mañanas, los reencuentros con personas importantes en mi vida, mirar el horizonte en un atardecer despejado, disfrutar de los sabores de la comida, viajar, conocer culturas diferentes y darme cuenta de que somos todos iguales y a la vez muy diferentes, pedir perdón y aceptar unas disculpas, darme cuenta de que cuando tengo rencor sólo sufro yo, levantarme una mañana y sentir que lo que ayer me parecía importante, hoy ya no.
Me siento reconfortada cuando me dedico a lo que me gusta y aportar parte de mi tiempo en colaborar con alguna causa, sea o no sea social. Estirar por las mañanas y sentir como los músculos van cediendo; meditar en algún momento del día, sin que eso signifique hacer la “flor de loto”, simplemente, darme algunos minutos al día para reflexionar, sentir y soltar. El sentimiento de amor justo debajo del esternón, en eso que llamamos corazón. Una ducha fría tras un caluroso día, escuchar música agradable al comenzar el día. Conducir con calma y tranquilidad sin pensar en nada. Interactuar mucho de una manera sincera, mirar a los ojos cuando alguien se abre a ti. Agarrar las manos en momentos desoladores y apoyar en silencio.
Me gustan las “molestias” post-ejercicio y ser consciente de que mi cuerpo está lleno de músculos (a veces desconocidos); me gusta reírme a carcajadas con mi hermana cuando la miro y le hago alguna payasada. Me gusta que alguien me mire y me sonría, aunque aparentemente no exista motivo. Me gusta hablar con personas conversadoras sobre “filosofadas” y maneras de ver la vida. Me gusta escuchar la palabra GRACIAS, venga de quién venga y en cualquier contexto. Me gusta querer y dejarme querer.
La sintonía de la serie Dexter, el olor a especias de la tierra de mis padres cuando se abre la puerta del avión, el acento de los canarios cuando llevo tiempo fuera, imaginarme la vida de personas en las cafeterías o aeropuertos, ver un parto en directo, los sábados, los zumos de frutas una tarde cualquiera; ir a por mis sueños, las jornadas agotadoras, el movimiento…
El olor de la piel “recién estrenada” de un bebé, celebrar éxitos y logros de alguien a quien quiero, recibir buenas noticias, hacer cosas que nunca he hecho pero que siempre he querido hacer, la adrenalina que siento cuando me enfrento a mis miedos y la paz posterior; cantar en el coche como si se me fuera la vida en ello, mirarme al espejo y verme los ojos brillar, pintarme los labios de rojo, un masaje en un hamman, jugar como una niña y darme cuenta de que parte de mi esencia sigue conmigo; escuchar un idioma “extraño”, desayunar sola y en silencio, hablar conmigo misma, reírme cuando me viene a la mente algún recuerdo. Me gusta cruzarme con alguien por la calle y de repente cerrar los ojos porque deja un halo a perfume “recuerda momentos”. El olor a tierra mojada, el aire limpio del campo, leer algo interesante, ver patochadas en la televisión una noche cualquiera.
Me gusta la gente valiente, las personas con luz y alegría, las personas tolerantes y respetuosas con las decisiones de los otros, me gusta rodearme de personas con sentido del humor, me gusta encontrarme con personas con un toque de sarcasmo y acidez, me gusta frivolizar sobre temas aparentemente importantes, sólo por quitarle hierro al asunto; me gustan los atardeceres en cualquier playa del mundo, la ropa cómoda y colorida, las cosas sencillas de la vida…
Me gustan los martes y jueves cuando me adentro en el mundo introspectivo del Yoga. Me gustan los paseos por la playa, el sonido cuando me sumerjo debajo del agua, el sabor de los labios a sal en verano, el pelo alborotado, ir ligera y cómoda durante el resto del año, celebrar las fechas navideñas con frío y el olor a brasa, pasear por Ikea e imaginarme diferentes casas, soñar despierta, crearme historias en la cabeza mientras alguien me aburre con alguna conversación, los almuerzos domingueros con la esperada visita de mi hermano mayor, las risas que me pego con mi madre cuando bromeamos sobre algo, pero sobretodo, lo que más me gusta hacer, es VIVIR.

No te pierdas este vídeo ¿Cuando perdimos este espíritu?


viernes, abril 04, 2014

35 cosas que lamentarás cuando seas viejo

Tarde o temprano vendrán los tiempos cuando no puedas hacer muchas cosas. Cuando algunas otras se volverán obsoletas o imposibles de realizar. Pero siempre habrá que recordar que mientras seasjoven, la vida debe adquirir un sentido, un propósito. Y para llegar a ello se necesita ser proactivo, para no lamentar cosas que no hiciste o dejaste de hacer. Siempre se puede ser mejor. Aquí una lista de las cosas que probablemente lamentarás cuando seas más grande:
1. No haber viajado cuando tuviste la oportunidad. Viajar es cada vez más difícil a medida que envejeces, pues tener una familia de 3 o más personas resulta más complicado que sostenerte a ti solo.
2. No haber aprendido otro lenguaje. Te arrepentirás cuando recuerdes que pasaste más de 4 años aprendiendo inglés en la escuela y no recuerdas nada.
3. Permanecer en una mala relación. Recuerda que “si decides estar en una relación infeliz, has decidido ser infeliz”. Créeme, nadie que haya salido de una mala relación en el pasado, ha volteado sin decir que hubieran deseado salirse antes.
4. Olvidar ponerte bloqueador solar. Arrugas, lunares, cáncer de piel son algunos de los padecimientos que pueden ser evitados si te cuidas.
5. Perderte la oportunidad de ir a conciertos de tus cantantes favoritos. “Nah!, ni me preocupo, al fin que Amy Winehouse volverá a venir a México el año que viene” Oooops!
6. Tener miedo a hacer cosas. Siempre que mires al pasado te dirás: “¿Por qué le tenía tanto miedo a eso?
7. No poner “hacer ejercicio” como una prioridad. Muchísimas personas alcanzarán la plenitud física de su vida acostados en un sillón. Cuando llegues a los 40, 50 y más, lamentarás haberte quedado sin hacer nada en lugar de haberte cuidado un poquito.
8. Dejarte definir por roles de género. No hay nada más triste que escucharte decir: “es que en ese entonces esas cosas no se hacías así”. Atrévete a cambiar los paradigmas.
9. No renunciar al trabajo que odias. Ok, entendemos que hay que pagar los recibos, pero si no tienes un plan para mejorar, podrías despertar 40 años después viviendo en un infierno laboral.
10. No haberte esforzado más en la escuela. No es que las calificaciones te hagan más valioso, pero algún día por alguna circunstancia te dirás que habrías deseado poner más atención en clase.
11. No darte cuenta lo guapo/guapa que eres. Muchos de nosotros pasamos mucho tiempo lamentándonos por no ser tan guapos y gastamos fortunas en mejorar algo que no nos parece. En realidad, somos bellos todo el tiempo.
12. Tener miedo de decir “TE AMO”. Cuando seas grande, verás que aunque tu amor no fue correspondido, siempre habrás querido expresar tus sentimientos.
13. No escuchar los consejos de tus padres. Lo sabemos, cuando eres joven no los quieres ni escuchar, pero créenos, cuando crezcas, desearás tan siquiera poder escuchar su voz, más aún un consejo. Y lo mejor es que todo lo que te dijeron era cierto.
14. Darle mucha importancia a lo que la gente piensa de ti. Te lo juro que en 20 años ni te acordarás de lo que aquella gente decía sobre ti y que tanto te importaba.
15. Apoyar el sueño de otras personas por encima de los tuyos. Si, ayudar a otros es bueno, siempre y cuando te des también el tiempo y espacio para brillar por ti mismo/a y realizar tus propios sueños.
16. Guardar rencor o resentimiento por alguien. Eso significa dejar que alguien viva en tu cabeza sin pagar renta. No vale la pena. ¿Cuál es el punto de recordar y recordar el daño que te han hecho? Déjalo ir.
17. No defenderte. La gente grande no deja que nadie les haga algo que no quieren, tu tampoco deberías.
18. No haber hecho una actividad como voluntario. Créeme, ayudar a alguien voluntariamente a hacer su vida más placentera, es algo que jamás lamentarás. Se siente increíble.
19. No cuidar tus dientes. Cepíllate, usa hilo dental, consulta a tu dentista regularmente. Cuando seas grande y te falten 3, 4 o más dientes, habrás deseado cuidarlos más.
20. No preguntarles cosas de la vida a tus abuelos antes de perderlos. Ellos ya han pasado por donde tú vas caminando y son una fuente inmensa de sabiduría. No pierdas la oportunidad de quererlos antes de que se vayan.
21. Trabajar en demasía. Nadie que vaya a morir ha deseado haber trabajado más o haber pasado más tiempo en la oficina. Por el contrario, desearon haber pasado más tiempo con su familia, amigos, pasatiempos.
22. No saber cocinar por lo menos un platillo que te guste. Siempre serás recordado por hacer “Huevos a la Hernández” o “Enchiladas de Susana” o “Pollo a la Elena”. Aprende a cocinar, tú mismo te lo agradecerás.
23. No detenerte para apreciar el momento. Sí, lo sabemos, los jóvenes siempre son muy activos, pero detenerte y admirar a tu alrededor es algo bueno, hazlo.
24. No terminar lo que empiezas. “Me molesta mucho cuando las personas no terminan correctamente los enuncia…”
25. Dejar definirte a ti mismo por expectativas culturales. Nunca dejes que te digan: “nosotros no hacemos eso”.
26. No dejar a tus amigos que hagan su propia vida. Las amistades crecen por separado. Cada quien tiene su vida y debe hacer lo que considere mejor para ellos. No dejarlos realizarse es causa de problemas y tristeza. No quieres eso.
27. No jugar más con tus hijos. Cuando seas más grande, verás cómo tu hijo pasó de “Papi porfa vamos a jugar” al “Vete de mi cuarto papá”.
28. No tomar riesgos, especialmente en el amor. Saber que te atreviste a declarar tu amor a alguien, incluso si fue el más grande fiasco de tu vida, será bien visto por ti mismo cuando eres viejo. Aplica para las cosas de la vida cotidiana. Al final lo recordarás con una risa.
29. No darte el tiempo para hacer contactos. Siempre los vas a necesitar, siempre. Así que mejor comienza a hacerlos.
30. Preocuparte demasiado por todo. Si las cosas tienen solución ¿para qué te preocupas?, y si no tienen solución, ¿para qué te preocupas?
31. Hacer más drama del necesario. ¿Para qué? Nadie lo necesita. ¡Relax man!
32. No pasar más tiempo con tus seres queridos. El tiempo que pasamos con las personas que amamos es limitado y pronto se acabará. Hazlo valer y aprovéchalo al máximo.
33. Nunca haber cantado o hablado frente a una audiencia. Sí, es muy difícil, suena descabellado. Pero atreverte te dará un boost de autoestima increíble. Tú puedes hacerlo, aunque creas lo contrario. Te llevarás una grata sorpresa.
34. No haber hecho el amor más veces con tu pareja. El sexo es el acto supremo de felicidad y éxtasis. Más cuando se hace con la pareja que amas. Desafortunadamente tiene una fecha de expiración. Lamentarás no haberlo hecho más seguido.
35. No haber sido agradecido a tiempo. Es difícil verlo al inicio, pero eventualmente es más claro que cada momento en este mundo, desde el más mundano hasta el más increíble, es un regalo que se nos ha dado y somos increíblemente suertudos de haberlo recibido


lunes, marzo 31, 2014

¿Ser fiel a otro/a o serlo a ti mismo?

¿Infiel por naturaleza?

Nah, no lo creo. No creo que exista el gen de la infidelidad. Nadie es infiel por naturaleza. Cuando alguien lo es todo para ti, cuando alguien es capaz de llenarte con la misma facilidad que te deja seco, no te quedan putas ganas de mirar con deseo a otras mujeres. Seamos honestos: la infidelidad tiende a surgir cuando el amor cojea y no haces nada por calzarlo. Yo he sido infiel por naturaleza, pero también he sido fiel por naturaleza. Jamás me he visto forzado a una cosa o a la otra. Seré más gráfico: la infidelidad se rige por la ley de los vasos comunicantes. Cuando falla la comunicación, el vaso que une y compensa a la pareja tiende a obstruirse, y por eso buscas llenar tu vaso en otra parte. Buscas fuera lo que ya no encuentras dentro. Así de simple.
Y no me estoy refiriendo en exclusiva a la infidelidad sexual. Hay muchas más formas de ser infiel. Lo he visto mil veces en mi taxi: mujeres u hombres que necesitan hablar con terceros porque en realidad no hablan con sus parejas (aunque sigan siendo sexualmente compatibles), mujeres u hombres que necesitan muestras de afecto y atención porque no lo tienen en casa (aunque sigan siendo sexualmente compatibles), mujeres u hombres que necesitan DIVERTIRSE porque se aburren con sus parejas (aunque se conformen con su actividad sexual). En cierto modo todos ellos son infieles a su manera. Están engañando a sus parejas aunque no lo consideren cuernos. Pero sí, son cuernos más livianos, cuernos huecos si prefieres, pero cuernos a la postre.
Tirando de hemeroteca mental, siempre que he sido infiel lo he disfrutado, y no me arrepiento más allá del engaño en sí: no creía estar haciendo nada malo sino serle fiel a mi naturaleza. Esto se debe a que, en el fondo, no llegué a quererlas del todo, no me llenaban del todo o no quería dejarme querer.
Con la mujer de tu vida, sin embargo, eso no pasa. En medias naranjas no caben gajos ajenos.


domingo, marzo 23, 2014

Un hombre extraordinario que me brindo su confianza

¿Qué puedo decir de un hombre de su altura, en su humildad, me anotaba en la foto, que me admira y me da su afecto? él tenia para mi multiplicado por diez, cien o mil veces, mi admiración y mi afecto y no sólo por compensarle el habérmelo dicho. Era un líder nato.
Me brindo su confianza y no tenia nada en que sostenerla, aparte de su intuición.
Su muerte es una putada de las grandes para mi.
 

jueves, marzo 20, 2014

Al final el amor se reduce a una formula

Unos matemáticos afirman haber hallado la fórmula del amor eterno
Su investigación ha determinado las claves para disfrutar de una exitosa relación de larga duración

¿Hallada la fórmula del amor eterno? GYI
Barcelona. (Redacción).- Un grupo de matemáticos afirma haber hallado la fórmula del amor eterno, eso a lo que todo el mundo aspira y tan difícil es de alcanzar.
Las relaciones parecen simples cuando se plantean en forma de ecuación. Por ejemplo, la cita perfecta: una cena con velas + un beso = una segunda cita; o la relación perfecta: momento oportuno + comunicación x atracción mutua - carga emocional = intimidad.
De esta manera, cuando se pone negro sobre blanco, todo parece más fácil. Aunque la realidad, caprichosa ella, se encarga luego de mostrarse en todo su esplendor. Ahora, no obstante, un grupo de matemáticos afirma haber encontrado la fórmula que predice el tiempo que va a durar el amor, según relata The Telegraph en su edición digital.
Una investigación, encargada por el portal MSN, ha determinado las claves para disfrutar de una exitosa relación de larga duración. Entre éstas encontramos el sentido del humor o el número de parejas sexuales anteriores. 
Según el 25% de los encuestados -en el estudio participaron 2.000 hombres y mujeres- su media naranja no debería haber tenido más de cuatro parejas sexuales en el pasado. Al mismo tiempo, uno de cada cinco hombres sigue creyendo que él debería ser el primero de su chica ideal. 
La encuesta también muestra que los varones dan menos importancia a la inteligencia de su pareja y son dos veces más propensos a creer que el buen sexo es importante para que la relación sea duradera y feliz.
En base a estos y otros resultados, los matemáticos elaboraron la fórmula que puede determinar cuánto durará una relación potencial o real:
L = 8 + .5Y - .2P + .9Hm + .3Mf + J - .3G - .5(Sm - Sf)2 + I + 1.5C, donde:
L: Duración prevista de la relación, en años. 
Y: Número de años que llevan conociéndose los dos miembros de la pareja antes de iniciar una relación seria.
P: Número de parejas anteriores que suman las dos personas. 
Hm: Importancia que el hombre atribuye a la honestidad en la relación. 
Mf: Importancia que la mujer atribuye al dinero en la relación.
J: Importancia que ambos atribuyen al sentido del humor (en suma).
G: Importancia que ambos atribuyen a la apariencia física (en suma).
Sm y Sf: Importancia que el hombre (m) y la mujer (f) atribuyen al sexo.
I: Importancia atribuida a tener buenas relaciones con los familiares (en suma).
C: Importancia que se atribuye a tener niños (en suma). 
Nota: Todas las medidas de 'importancia' se califican de 1 a 5, donde 1 significa 'no es importante en absoluto' y 5 'es muy importante'.
Ejemplo: una pareja que determina estos valores:
Y=2, P=4, Hm=1, Mf=5, J=8, G=5, Sm=5, Sf=5, I=5, C=5
La fórmula quedaría:
8 + 0.5 (2) - 0.2 (4) + 0.9 (1) + 0.3 (5) + 8 -0.3 (5) - 0.5 (5 - 5) x2 + 5 + 1.5 (5) = 29,6
29,6 = a los años que esta hipotética pareja pasarían juntos.

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domingo, marzo 16, 2014

YO TUVE QUE ACEPTAR

Yo tuve que aceptar, que mi cuerpo nunca sería inmortal, que él envejecería y un día se acabaría. Que somos hechos de recuerdos y olvidos; deseos, memorias, residuos, ruidos, susurros, silencios, días y noches, pequeñas historias y sutiles detalles.
Tuve que aceptar que todo ello es pasajero y transitorio.
Y tuve que aceptar, que yo vine al mundo para hacer algo por él, para tratar de dar lo mejor de mí, dejar rastros positivos de mis pasos, en el momento de partir.
Yo tuve que aceptar que mis padres no durarían para siempre, y que mis hijos poco a poco escogerían sus caminos y proseguirían ese camino sin mí.
Y tuve que aceptar que ellos no eran míos, como suponía, y que la libertad de ir y venir, es un derecho de ellos también.
Yo tuve que aceptar que todos mis bienes me fueron confiados en préstamo, que no me pertenecían y que eran tan fugaces como fugaz era mi propia existencia en la tierra.

Y tuve que aceptar que los bienes quedarían para uso de otras personas cuando yo ya no esté por aquí.
Yo tuve que aceptar que barrer mi acera todos los días no me daba ninguna garantía de que ella era propiedad mía, y que barrerla con tanta constancia era apenas un fútil alimento que me daba a mí la ilusión de poseer.
Yo tuve que aceptar que lo que yo llamaba “mi casa” era sólo un techo temporal, que un día más, un día menos, sería el abrigo terrenal de otra familia.
Y tuve que aceptar que mi apego a las cosas, sólo apresuraría aún más mi despedida y mi partida.
Yo tuve que aceptar que los animales que quiero, y los árboles que yo planté, mis flores y mis aves, eran mortales. Ellos no me pertenecían.
Fue difícil, pero yo tuve que aceptar.
Yo tuve que aceptar mis fragilidades, mis límites, y mi condición de ser mortal, de ser efímero, de ser pasajero.
Yo tuve que aceptar para no perecer.
Yo tuve que aceptar que la vida siempre continuaría conmigo o sin mí, y que el mundo en poco tiempo me olvidaría.
Humildemente confieso que tuve que librar muchas guerras dentro de mí.
Yo me rendí y acepté lo que tenía que aceptar.
Aceptar para dejar de sufrir, para lanzar fuera mi orgullo y mi prepotencia y para volver a la simplicidad de la naturaleza, que trata a todos de la misma manera, sin favoritismos.
Y tuve que aceptar que no sé nada del tiempo y que es un misterio para mí. Que no comprendo la eternidad y que nada sabemos sobre ella.
¡Tantas palabras escritas desde el principio, tanta necesidad de explicar, entender y comprender éste mundo y la vida que en él vivimos.
Yo tuve que desarmarme y abrir mis brazos para reconocer la vida como es, que todo es transitorio, y que sólo funciona mientras estemos aquí en la tierra.
¡Eso me hizo reflexionar y aceptar, para alcanzar la paz tan soñada!

Silvia Schmidt

martes, marzo 11, 2014

Solamente una taza de té

Te llame dispuesto a escuchar lo que menos esperaba, reconocí tu voz -Hola, soy Pablo, ¿Puedes hablar?-, -Sabia que algún día me llamarías- me dijiste y quede mudo, la saliva me llenaba la boca, respire hondo y sólo lograba un silbido en mis pulmones.
No hicimos un plan, no medimos los riesgos, no nos prometimos nada. No nos marcamos metas ni objetivos ni ambiciones. sólo tomar un té en el centro de la ciudad. Quizá, por ello, fue fácil vernos, ya la vida se había complicado para ambos en tantos años transcurridos, tú con dos niños y yo con dos hijas -Sólo puedo tomar un té antes de irme-, en ese momento me era suficiente, aunque después me pareciera ínfimo. Me gustaba la precariedad de la situación, la peligrosidad de que te vieran, a mi ya nadie me conocía - Si nos ven, nos lo deben les decimos-,- ¡Si, hombre!- me dijiste con cara de niña traviesa a punto de delinquir, era todo un reto, donde tú ofrecías la peor parte. No recuerdo siquiera si el té servido en una mesa de madera antigua en el mismo centro del bar, tenía limón ¿A quien le importaba eso?.  
La seguridad es sólo una fantasía. Si lo ves así, no es tan duro renunciar a ella. Volvimos a vivir sin tiempo para ello, minuto a minuto. No sé de que hablamos, no perdía detalle de tu rostro, sabedor del tiempo enorme que pase sin tener una sola foto tuya. Engañado a la adversidad pero no puedo sentirme orgulloso por ello. No tengo conciencia de haberlo hecho bien.No ha sido duro, no ha costado esfuerzo. Todo ha resultado extrañamente fácil y gratificante. Compartimos la mayoría de nuestra vida con otra persona. Mucha de nuestra felicidad, o de nuestra ruina, depende de la puntería al elegir con quien despertarte cada día. Yo me despierto contigo y ese es mi único  secreto. Es fácil compartir vida con un sueño que hace que todo, a tu alrededor parezca fácil. no tenía nada que ofrecerte, sólo un mar de recuerdos. Tú eres mi regalo. Sólo espero que la vida camine despacio para poder disfrutar de tu recuerdo en cada momento, continuo haciendo un hueco en mi almohada cómo si hubieras dormido a mi lado. Sigo siendo un inconsciente. Sigo creyendo que todo fluye. Que no hay misterio. Que es cuestión de suerte. Que la vida es así, sencilla. No estoy llorando, es una piedrecilla que me entro en la vista. Soy feliz.

La sorpresa del día no es el compromiso, sino la propia boda

¿El mejor regalo a una novia? El novio que preparó la boda por sorpresa.
No hay sorpresa de boda para una novia como esta. La novia, Carly Butler, volvía a su casa en Canadá tras una estancia de seis meses en Reino Unido cuando su prometido, Adam, le entregó una carta.
"Buenos días, preciosa. Esta carta es diferente a las otras que te he escrito", comienza la misiva. "Durante los últimos meses he estado preparando con otras personas, principalmente tu madre, una fiesta de compromiso para que nuestros familiares y amigos nos vieran prometidos. Pero lo que estoy tratando de decirte es que hoy no es nuestra fiesta de compromiso, es el día de nuestra boda", continúa.


Carly, que continúa leyendo mientras una cámara graba su reacción, va descubriendo así que su prometido, con ayuda de su madre, lo tiene todo atado... ¡Hasta le han escogido un vestido de novia! Le espera una sesión de maquillaje y peluquería antes de disfrutar de la ceremonia y la fiesta con familia y amigos. Todo quedó recogido en este vídeo.


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