domingo, marzo 31, 2013

Que la persona que amas te lea en voz alta en la cama

Hace unos días tropecé en The Atlantic con este artículo de la escritora norteamericana Chloe Angyal, que nos confiesa una deliciosa costumbre para deleitarse en la cama con la persona que amas:

Cuando era una niña, mis padres nos leyeron muchas historias a mi hermana y a mí.

Muchos años después, volví a descubrir el placer que supone que lean para ti en voz alta. Esta vez, fue también en la cama.

Llevaba unos meses saliendo con un chico cuando descubrí para mi horror que él nunca había leído “Orgullo y prejuicio”. Había leído “El origen de las especies” y “Ana Karenina” y la mayoría de las piezas de Shakespeare, incluso las más oscuras, como “Rey John”. ¿Pero nunca “Orgullo y Prejuicio”? ¡Es uno de mis libros favoritos! ¡Lizzie Bennet es mi heroína preferida en la historia de la literatura! ¿Como podría él comprenderme de verdad si no la conocía a ella?

Yo quería que leyese esta novela, en parte porque es un libro maravilloso que todo el mundo debería leer y en parte porque le amaba y quería compartirlo con él. Así que decidimos leerlo juntos, en voz alta.

No siempre era en la cama. A veces leíamos tomando un café o sentados un parque. Los capítulos de Austen son cortos y cada uno leía un capítulo antes de pasarle el libro al otro. Una vez que terminamos “Orgullo y prejuicio”, comenzamos a leer uno de sus libros favoritos que yo nunca había leído, “Buenos presagios” de Neil Gaiman y Terry Prachet. Me fascinó.

Además de disfrutar de los libros, estaba el placer de escucharlos en la voz del hombre que amaba. Resulta una experiencia profundamente íntima. Tumbada en la cama, con los ojos cerrados y enamorándome cada vez más cuando él ponía voz a personajes con los que yo era familiar desde muchos años atrás.

Es verdad que puedes conocer mucho a una persona por los libros que hay en sus estanterías. Pero puedes enamorarte, o en mi caso, enamorarte aún más, escuchando a esa persona leer. Algunas cosas -el amor, un buen libro- son demasiado buenas como para guardártelas para ti solo.

¿Habéis leído para alguien alguna vez? ¿Alguien ha leído para vosotros? ¿Qué libro elegiríais?

A mí me encantaría que me recitasen este poema de Lewis Carroll.

http://www.principiamarsupia.com/page/7/

martes, marzo 26, 2013

Un pasado a la carta

Y al fin llegó tan ansiado delirio. Os cuento. El otro día atendí a una entrevista de tantas, no recuerdo el medio, y cuando me pidieron que contara una de mis anécdotas taxiales, me vino a la cabeza una en concreto y la conté con todo lujo de detalles. El caso es que después recordé que, en su día, aquella anécdota me la había inventado de principio a fin para este blog. No era real, pero yo la describí ante ese medio convencido de que sí lo era, recordando incluso la descripción física y los gestos exactos del usuario en cuestión.

Lejos de preocuparme, aquello me pareció un milagro. Cuando llegas al punto de confundir ficción y realidad y empiezas a tener recuerdos nítidos de ficciones creadas por ti, resulta tentador construirte un pasado a la carta, restando traumas y sumando logros a tu antojo. Imagina que reescribes tu propia infancia y adolescencia, y el lugar de aquel niño que te pegaba en los recreos te inventas que le pegabas tú a él, y la chica fea que te desvirgó la conviertes en princesa, o tu fracaso escolar encum laude. Imagina que así enmiendas tus pecados: reescribiéndote con tono realista un pasado paralelo.

Imagina la pasta que me habría ahorrado en psiquiatras (y en alcohol) de haberlo sabido antes.

domingo, marzo 24, 2013

Fuegos


Nanas
La vida es hermosa y fugaz como una noche de fuegos artificiales. Cada día que vivimos es un cohete que asciende lentamente, se mantiene suspendido durante un segundo en el cielo y explota pulsando el interruptor de un millón de luces. Un destello que parece eterno pero que, desde el mismo momento que nace, va perdiendo intensidad hasta fundirse en la oscuridad del sueño.

Somos una colección de momentos y los vamos quemando asomados a la barandilla de nuestra vida. Algunos suben muy alto y revientan con estruendo. Otros se apagan en silencio. Hay instantes que son una cascada, una palmera o una japonesa. Y, a veces, con suerte, unos cuantos minutos se agrupan hasta formar una gran traca. Así vamos quemando las horas, las semanas, los años. El recuerdo de lo vivido perdura mientras hay restos de humo y olor a pólvora. Luego el viento se encarga de difuminarlo en el olvido.

Fuegos. Parece absurdo dedicar tanto tiempo y esfuerzo a crear algo para quemarlo en unos pocos minutos. Y, sin embargo, esos momentos mágicos consiguen cada día que miles de personas abramos la boca como niños. Una noche de fuegos, un instante de nuestra vida es un momento único e irrepetible. Una sonrisa negada, un beso ahorrado, un enfado absurdo son petardos mojados. Oportunidades perdidas que nunca volverán a presentarse.

La vida es hermosa y fugaz como una noche de fuegos. Explota cada segundo como si fuera el último. Ilumina con tu sonrisa esta noche estrellada.



Pulsa aquí para seguir leyendo

Del recuerdo es el único paraíso del cual no nos pueden expulsar.

Ese miedo que tenia a la posibilidad de poder perderte en cualquier momento y dar gracias por no suceder..

No existía para mí, mejor abrigo, que el abrazarte.
Me sigue sucediendo aún hoy, al cerrar los ojos o al sentir canciones que me hacian estar más cerca de ti.
Tuve que prescindir de ti, que le dabas razón a mi vida

Sigo preguntándome que paso por mi mente para actuar como lo hice.

Nos quedamos sin saber que pudo suceder.

Me dí cuenta de que nada es eterno. El café se enfría, el humo se disipa, el tiempo pasa y la gente cambiamos.

Como dice Isabel Allende:Si puedes recordarme, siempre estaré contigo.

Una de las mejores sensaciones de mi vida, fue abrazarte después de haberte extrañado tanto.

No entendemos el valor de los momentos... hasta que se han convertido en recuerdos

La costumbre mata. La costumbre es la más infame de las enfermedades porque te hace aceptar cualquier desgracia, cualquier dolor, cualquier muerte. Por costumbre se vive junto a personas odiosas, se aprende a llevar cadenas, a padecer injusticias y a sufrir. Se resigna uno al dolor, a la soledad, a todo. La costumbre es el más despiadado de los venenos porque penetra en nosotros lenta y silenciosamente, y crece poco a poco, nutriéndose de nuestra inconsciencia. Cuando descubrimos que la tenemos encima, cada una de nuestras fibras está adaptada, cada gesto se ha acondicionado y ya no existe medicina que puede curarla.

Descubrir que no es más grande quién más sitio ocupa, sino quién más vacío deja cuando no esta.

Sabia al ver que te alejabas de mi, que siempre estarías en mi mente, que nunca serias mi pasado, que siempre formarías parte de mi presente. 
En esos momentos supe que me harías falta el resto de mi vida.

No quiero necesitarte. . . Porque no puedo tenerte, le dijo Francesca a Robert (Los puentes de Madison)

No se valora algo, por el tiempo que dura sino por las huellas que deja.

La distancia nos enseña que podemos sentir mucho sin necesidad de tocar con las manos 

El amor no es aquello que queremos sentir sino aquello que sentimos sin querer
Tengo muy presente a Sinatra cuando le preguntaron por ella: “A Ava la llevo en la sangre”, respondió (I’ve got you under my skin)







Paradojas de la vida

Tantos enamorados que no están juntos y tantas personas juntas que no están enamoradas.

viernes, marzo 22, 2013

DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Todo había empezado un febrero tramposo, un día de esos en los que cuatro rayos engañan calentando el invierno hosco que había llegado para quedarse. Todo había empezado con un abrazo parco, unas risas espontáneas, con algunas caricias disimuladas, juegos tontos de palabras. Los momentos se sucedieron rápido, un día, y luego otro, sin percatarse de que no eran ellos los que marcaban el compás, con la necesidad de destaparse un poco, con el interés de escrutar al otro, con la atracción de dos cuerpos que quieren bailar y dos cabezas que se retan, sin darse cuenta ninguno que esos besos inofensivos pedirían madurar, sin darse cuenta ninguno que se adentraban en un paraje vacío de indicaciones.

Él, con su cara de niño y años en la espalda, se había acostumbrado a sortear el peligro aferrado a un recuerdo con nombre propio, un recuerdo envuelto en imágenes desdibujadas que reconstruía con palabras hermosas, para que no se le escapara, que alimentaba con sensaciones que hurgaba detrás de cada ínfimo momento, cómodo en ese presente dinamitado por un pasado, cómodo fantaseando con un futuro anclado a raíces secas. Un recuerdo convertido en escudo, que había solidificado sus sentimientos formando barrotes impenetrables, protegiéndole de la posibilidad de tocar fondo de nuevo, anulando un horizonte de verdadera libertad.

Ella, ágil y esbelta, jugaba a mantener su equilibrio, atreviéndose sólo a deslizarse de puntillas, de esta forma, al retroceder, las huellas no estarían nunca demasiado marcadas, sería más fácil el retorno a cualquier punto de inicio. Ella, cariñosa y fría, se asustaba de forma inconsciente siempre que esos ojos inquietos, en los que disfrutaba buceando y averiguando qué pensaban, mostraban indicios de salvación y rogaban algo más.

A ese invierno le siguieron primaveras a medio color. Arrugaron algún que otro verano, soplaron sin fuerza diferentes otoños. A ese invierno le siguieron lunas con lágrimas, despertares con desasosiego, tardes en busca de porqués, mañanas de certeza, estrellas con deseos. A ese invierno le siguieron despedidas sin adiós y reencuentros sin holas, silencios con palabras y conversaciones esquivas, sonrisas inseguras y miradas sin reproches.

Hoy, uno de esos días de marzo en el que las temperaturas comienzan a arañar grados, amanecen con sus pies entrecruzados, sus cuerpos desnudos, despojados de cualquier sábana. Ella achicada bajo los brazos de él escala hasta rozarle la mejilla, dándole besos suaves y cortos, buscando sus labios. Sigue trepando, hasta llegar a su oído, al que con valentía susurra unas palabras. Él, entonces, se abraza a ella más si cabe, la oprime en su pecho y asiente con la cabeza. Él, entonces, se abraza a ella más si cabe, le aparta ese cabello rizado que le cubre la cara, y cómplice, observa cómo sonríe.

Mª Eugenia

PD.: Dedicado a él y a ella. Se lo merecían.

http://www.blogdepita.com/2013/03/22/dos-caras-de-una-misma-moneda/

miércoles, marzo 20, 2013

“ En nada .“


Ella.- Cariño, ¿ en qué piensas?

Él.- En nada.

Ella.- Hombre, en algo estarás pensando…

Él.- La verdad es que no. No pensaba en nada.

Ella.- Lo siento, pero creo que es imposible no pensar en nada.

Él.- Silencio …

Ella.- Será una tontería, pero en algo estarás pensando.

Él.- Silencio …

Ella.- ¿ No ?

Él.- Ahora sí. Ahora estoy pensando en que esto va a acabar en bronca.

Ella.- No te pongas así. Me refería a antes. ¿ En qué pensabas ?

Él.- Ya te lo he dicho. No pensaba en nada.

Ella y él.- Silencio tenso…

Ella.- Cariño, prefiero que me digas que prefieres no contármelo. Que defiendas tu derecho a no decírmelo – que ojo, lo tienes – pero me duele que me respondas que no estás pensando en nada.

Él.- Silencio…

Ella.- Silencio…

Ella y él.- Silencio definitivo…

Hay muchas razones, más o menos opacas, para que un hombre responda “en nada” cuando su pareja le pregunta el temido “¿ En qué piensas ?”. Aunque resulte sorprendente, la razón principal suele ser que, efectivamente, no está pensando en nada.

A las mujeres les cuesta creerlo. Su Unidad Cerebral Multitarea – UCM – es incapaz de permanecer inactiva. A veces, por sobrecarga, el programa se cierra inesperadamente pero el sistema se reinicia de modo automático.

Los hombres, en cambio, somos capaces de desconectarnos durante horas. Nos basta el fondo de una tele o el vuelo de una mosca para alcanzar un nirvana “ endorfínico “ Ahora, que ya se ha demostrado el valor liberador y antidepresivo del llanto creo que es momento de reivindicar, al menos para el hombre, el valor terapéutico de no pensar en nada.

Ella.- Cariño, ¿ en qué estás pensando?

Él.- En nada.

Ella.- Pues venga, piensa rápido en algo y cuéntamelo.

Versión del artículo publicado en El diario Vasco el Domingo 27 de Marzo de 2011.

Foto.- Ella y él.

lunes, marzo 18, 2013

Los físicos y matemáticos que hundieron Wall Street



Mauro acababa de cumplir 28 años y tenía que tomar una decisión. Nacido en una humilde familia brasileña, Mauro había completado una carrera académica estelar. Después de una brillante licenciatura de física en Rio de Janeiro, consiguió una beca para el programa de doctorado en cosmología del King’s College de Londres.

Ahora, con el título de doctor bajo el brazo, Mauro tenía que decidir su futuro: ¿continuar en el mundo académico o trabajar para el sector privado? El comienzo de la vida profesional de cualquier joven investigador es extraordinariamente exigente. A menudo, este periodo consiste en mudanzas entre países, poca estabilidad laboral y salarios muy bajos. Mauro se había casado dos años antes y su mujer acababa de dar a luz a su primer hijo, así que aceptó una oferta para trabajar en un banco de inversión de la City de Londres.

Desde los años 90, miles de investigadores en física y matemáticas han seguido la misma trayectoria que Mauro. A medida que avanzaba el proceso de globalización económica, los mercados financieros crecieron exponencialmente. Los bancos de inversión y los hedge funds necesitaban nuevos talentos para crear complejos productos financieros. ¿Qué mejor que reclutarlos desde el mundo académico donde los salarios son tan bajos? En la industria financiera, a profesionales como Mauro se les conoce como “quants”, un diminutivo para “analistas cuantitativos”.

El sueño de utilizar modelos matemáticos para predecir los mercados financieros es muy antiguo. Si gracias a herramientas analíticas podemos predecir los eclipses de Luna para los próximos 10.000 años, ¿por qué no encontrar las ecuaciones que nos permitan hacernos millonarios?

El mundo financiero creyó encontrar su santo grial en el año 1973. Dos economistas estadounidenses, Fischer Black y Myron Scholes, publicaron una ecuación que permitía estimar los precios de ciertos contratos financieros conocidos como “derivados”. En pocas décadas, el mercado de estos complejos instrumentos movería cientos de billones de dólares. Black y Scholes fueron galardonados con el Premio Nobel de Economía en el año 1997.

A los inversores les gusta el riesgo, siempre y cuando puedan ponerle un precio. Los nuevos talentos matemáticos parecían capaces de cuantificar los riesgos de instrumentos financieros cada vez más complicados. Con la seguridad que proporcionaban los analistas cuantitativos, los managers de los bancos se lanzaban a crear productos aún más sofisticados.

Mauro fue asignado a un equipo que trabajaba sobre el mercado inmobiliario estadounidense. Su tarea consistía en comprar miles de hipotecas a los bancos y englobarlas en un instrumento llamado “obligación de deuda colateral”, que luego vendía por trozos a otros inversores. En el año 2000, David X. Li, un matemático que trabajaba para JP Morgan, había publicado una fórmula que permitía cuantificar los riesgos de este producto. Usando la fórmula de Li, las agencias de rating calificaron con una triple-A muchas obligaciones de deuda colateral, lo que aumentó el apetito de los inversores por estos instrumentos. Esa demanda provocó que los bancos comenzaran a dar hipotecas a personas que difícilmente podrían devolverlas.

Hasta mediados de 2007, todo el mundo parecía feliz. Los bancos de inversión anunciaban cada trimestre beneficios de miles de millones de euros y analistas cuantitativos como Mauro se embolsaban jugosos bonus.

Hoy sabemos que aquella fiesta terminó con el mayor descalabro del sistema financiero desde la Gran Depresión. Muchas bancos sólo sobrevivieron gracias a las inyecciones de dinero público.

¿Cómo pudieron las matemáticas fallar tan estrepitosamente? Las ecuaciones son construcciones precisas. El problema es que cualquier modelo matemático de la realidad reposa sobre ciertas hipótesis y simplificaciones. Por ejemplo, la fórmula de Li fue derivada utilizando los datos del mercado inmobiliario durante los últimos 20 años, un periodo de tiempo donde los precios siempre habían subido.

Cuando estalló la burbuja, esos modelos ya no reflejaban la realidad. Mauro cuenta que sólo en una de las semana de noviembre de 2008, se produjeron 7 eventos para los que sus modelos daban una probabilidad de 1 vez cada 20.000 años.

El problema no fueron las fórmulas, sino la confianza ciega que estas generaron. Como todo el mundo creía comprender los riesgos, la complejidad del sistema creció hasta volverse incontrolable.

Millones de personas en todo el mundo están sufriendo las consecuencias. Además, los miles de cerebros que absorbió el mundo financiero suponen un terrible desperdicio de talento: ¿cuántos avances científicos habríamos logrado si genios como Mauro se hubiesen dedicado a la medicina o la física?


http://www.principiamarsupia.com/page/8/

domingo, marzo 17, 2013

Día del padre. Frases ingeniosas (mejores aclaraciones) que te harán pensar y sonreír

Tal y como hice en su momento, cuando se acercaba el día de la madre, he seleccionado unas frases simpáticas para celebrar este 19 de marzo. Es el primero que vivo sin mi padre, así que me he acordado mucho de él. Y de tres palabras: experiencia, ejemplo y cariño. ¿Cuál de estas frases os gusta más? A mí, la última, y enseguida entenderéis por qué.

1. “A veces el hombre más pobre deja a sus hijos la herencia más rica”.
Verdad como un templo. Mi padre tuvo la gentileza de darme la herencia en vida: “una bonita colección ilustrada de doce volúmenes de Historia de España”. Yo esperaba su pequeño piso, pero no hay forma de desahuciar a mi venerable madre…

2. “Un buen padre vale por cien maestros” (Jean Jaques Rosseau).
Tengo entendido que Rousseau se comportó como un perfecto canalla con su familia, abandonando a sus hijos en un orfanato. Pero… qué bien escribía el tío, ¿verdad?

3. “Cuando un hombre se da cuenta de que su padre tal vez tenía razón, normalmente tiene un hijo que cree que está equivocado”.
Cierto. Al menos mis hijos no tienen ni idea de muchas afirmaciones que hacen alegremente. Esto… ¿no os pasa a vosotros lo mismo?

4. “Los hijos abandonan un día la infancia, pero los padres nunca dejan la paternidad”.
Una vez le dije a mi padre que no comprara tantas chuches a mis hijos. Y me mandó a la mierda con tal aire de superioridad que todavía me ahuevo cuando lo recuerdo…

5. “A los hijos no hay que preguntarles qué quieren de comer, salvo cuando ellos invitan”.
Je, je, que se preparen los míos. Ya estoy contando los días… cuando ganen su primer sueldo y me lleven a comer, les recomendaré una marisquería que yo me sé, y pediré un bogavante del que se van a acordar toda la vida… tiempo al tiempo

6. “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”. (Michael Levine, profesor de genética, genómica y el desarrollo).
Un toque de atención a la paternidad responsable nunca viene mal…

7. “Vive tu vida como te gustaría que tus hijos vivieran la suya”. (Michael Levine, profesor de Genética, Genómica y el Desarrollo).
Este Michale Levine me está cayendo bien. Qué gran verdad: no hay mejor predicador que Fray Ejemplo…

8. “El mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día”. Vicente Battista, poeta argentino.

El peor favor que podemos hacerle a la institución famliar es pensar que la conciliación es sólo un asunto de mujeres y de madres. No señor. ¡Bien por el argentino! (ahora se han puesto de moda…)

9. “Espera de tu hijo lo mismo que has hecho con tu padre”. Tales de Mileto
Ojo con el griego porque era un tío muy listo. El día que metamos a un abuelo en el geriátrico para quitárnoslo de enmedio, nuestros hijos tomarán nota.

10. “Un buen padre tiene algo de madre”
Me encanta esta frase anónima, porque es real como la vida misma. No soporto a los padres que van de machos por la vida. A los niños hay que apretujarlos y besuquearlos. Es fundamental que tanto el padre como la madre, cada uno a su manera, desprendan autoridad y cariño a la vez. Eso hace fuertes a los niños… pero de verdad.

11. “Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años”. Mark Twain
Qué tío más simpático este Mark Twain. Tiene otra frase buenísima: “dejar de fumar es muy fácil, yo lo he dejado cientos de veces”.

12. “Lo más importante que un padre puede hacer por sus hijos es amar a su madre”. Theodore Hesburgh

¡Cuántas tragedias familiares se evitarían teniendo en cuenta este consejo! Hay rupturas matrimoniales en las que resulta muy difícil creer a los cónyuges cuando aseguran que lo más importante para ellos son sus hijos.

13. “Mis nietos me vengarán”
Frase repetida hasta la saciedad por el difunto y santo padre del autor de este artículo. Doy fe que es cierta. Y tanto que le están vengando…

http://blogs.lainformacion.com/treintaymuchos/2013/03/15/dia-del-padre-frases-ingeniosas-que-te-haran-pensar-y-sonreir/

El secreto de la vida



Pocos poemas me han emocionado tanto como esta joya de la escritora británica Denise Levertov.

(La traducción es mía, os ruego me disculpéis por las imperfecciones.)


EL SECRETO
Dos chicas descubrieron
el secreto de la vida
en una línea de poesía.
Yo, que no conozco
el secreto de la vida,
escribí ese poema.
Ellas me dijeron,
(a través de una tercera persona)
que lo habían encontrado
pero no me dijeron cuál era,
ni siquiera,
en qué línea se escondía.
Sin duda, ahora,
una semana más tarde,
ellas habrán olvidado el secreto,
y la línea,
y el nombre del poema.
Pero las amo
por haber descubierto
lo que yo no puedo encontrar.
Y por quererme
por una linea que escribí.
Y por olvidarla.
Así, una y mil veces,
podrán volver a descubrir
el secreto de la vida
en otras líneas,
en otras circunstancias.
Las amo porque quisiesen
encontrar ese secreto
y porque se atreviesen a soñar
que existe.
Por eso, sobre todo.
http://www.principiamarsupia.com/page/5/

sábado, marzo 16, 2013

Llorar a un principito desde la cima de Peñalara

Esta mañana, al alcanzar la cima de Peñalara, he lanzado los brazos al aire, puños apretados, y de mi interior ha brotado un salvaje aullido de éxtasis. Me he sentado a contemplar el paisaje mientras recuperaba la respiración. Segundos después, he roto a llorar.

Tenía a mis pies la Sierra de Guadarrama cubierta de nieve, iluminada por la delicada luz de una espléndida mañana de invierno.

Rodeado de tanta belleza, me ha golpeado de repente la ausencia de Ahmed, mi principito de Alepo, y la idea de que quizás él nunca tenga la fortuna de contemplar un panorama como el que resplandecía frente a mis ojos.

Mi padre me descubrió las montañas cuando yo tenía la edad de Ahmed. Desde entonces, las entrañas me exigen con regularidad visitar estos paisajes. Cuando salí de Siria, sabía que una de las primeras cosas que haría al llegar a casa sería ir a la montaña.

Cuando estaba en Alepo, rondaban mi cabeza algunas preguntas sencillas para las que no tenía respuesta. O quizás sí que conocía las respuestas, pero eran demasiado jodidas de aceptar.

¿Por qué criaturas como Ahmed tienen que criarse en lugares dominados por el miedo y el dolor, mientras yo he sido tan afortunado? ¿Cómo pueden existir, en tiempos idénticos y en un mismo planeta, ciudades quebradas por la guerra y paisajes de montaña tan majestuosos? ¿Por qué no puedo hacerle descubrir a mi principito estas montañas igual que hizo mi padre conmigo?

Diez días después de volver, sentado en la cima de Peñalara, estas preguntas no sólo rondaban mi cabeza sino que comenzaron a golpear directas a mi estómago.


http://www.principiamarsupia.com/page/3/

Eres esa persona


Empiezas un blog y acabas descubriendo, un año después, que la magia existe.

Para este humilde blogger, Kurt Vonnegut es su referencia. Y Vonnegut decía que para escribir un texto que respire, es necesario que su autor tenga en la cabeza a una persona en concreto a la que se dirige. Si escribes pensando en todo el mundo, tus líneas morirán de asfixia.

Descubrí la carta de Amelia Earhart y decidí publicarla pensando en una mujer. Estaba convencido de que ella también podría haber escrito esa carta. Pero nunca nunca me gusta decir a quién está dedicada cada entrada. Tampoco se lo dije a ella.

Esta mañana al despertarme, me he quedado helado cuando he abierto el email y me he encontrado con un mensaje de, precisamente, esa persona:

Me siento exactamente igual que Amelia, en cada coma, en cada trazo, en cada pensamiento que le dedica a su futuro marido. Y todo ello en un marco del amor mejor entendido.

Encima se casaron un 7 de febrero de 1931. Para que luego en otro 7 de febrero de 1982 naciera yo, que este 7 de febrero haga yo 31 años.

El mejor regalo, de esta semana, ya te digo que ha sido esta carta.

Soy incapaz de recordar el cumpleaños de nadie y eso me ha causado algunos problemillas (cf. exnovias enfurecidas). Así que gracias a ti, por descubrirme que la magia existe.

http://www.principiamarsupia.com/page/2/

domingo, marzo 10, 2013

Carta recuerdo al marido que ya no esta


REYES MONFORTE, VIUDA DE PEPE SANCHO, RECUERDA CON UNA CARTA MUY EMOTIVA A SU MARIDO

Hoy se cumple una semana de la muerte de uno de los grandes actores de este país, Pepe Sancho, quien nos dejó a los 68 años de edad como consecuencia de un cáncer. Hoy, su viuda Reyes Monforte ha querido difundir una carta entre los medios para recordar de la forma más emotiva posible al que fuera su gran amor.

   "Hoy hace una semana que falleció. Estos días han sido muchos los grandes amigos, las personas anónimas y las personalidades de la vida cultural, política y social que han escrito semblantes hermosos sobre José Sancho. Sus palabras hablaban de dignidad, de respeto, de profesionalidad, de valentía, de buen corazón, de talento, de carácter, de raza, de maestría, de grandeza, de belleza, de eternidad, de independencia, de inmensidad, de bravura, de genialidad. Habéis elegido las frases más hermosas y solo puedo añadir una palabra que, más que en mi boca, estaría en la de Pepe: Gracias. Gracias a todos y a cada uno de los que habéis vertido lágrimas y palabras en su honor y en su recuerdo.

   Gracias a sus amigos, los de toda la vida y los más recientes (¡Qué bueno habernos tenido tan cerca , Tony, Manu, Cris!). Gracias a sus íntimos, a sus amigos, a sus compañeros de profesión por entender y haber sido cómplices silentes de una discreción elegida por derecho y para evitar, o al menos dilatar en el tiempo, un dolor desgarrador.

   Gracias por despedirle con tanto amor, cariño y emoción, por preparar una misa funeral por su alma el próximo día 20, gracias por organizar copas y cenas en su memoria para brindar por él y recordarle entre risas y buenas remembranzas. Ha sido hermoso escuchar y leer vuestras palabras, revivir vuestros recuerdos, pero también muy doloroso ver y sentir vuestro dolor. Gracias a todos porque me llevaría una eternidad agradecéroslo uno a uno.

   Gracias por el respeto, el cariño y el reconocimiento mostrado por mis compañeros de LA RAZÓN y por todos los diarios nacionales y locales, por los informativos y por los programas más importantes de radio y televisión, en la voz de sus grandes presentadores, mis compañeros. Vuestras palabras me han dejado a mí sin ellas cuando el dolor las mantiene ahogadas en la garganta. Gracias a TVE por rendirle homenaje con la serie Tarancón, el Quinto Mandamiento. Gracias a Canal Plus por su espacio Adiós, José Sancho emitiendo un maratón de la serie Crematorio, a la Sexta y a Canal 9 por la emisión de su trabajo a modo de homenaje, y al resto de televisiones que en sus informativos han dibujado con el pincel del respeto y el reconocimiento sincero el adiós de Pepe.

   Gracias a Su Majestades los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía, por su afectuoso recuerdo y a los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia, por sus entrañables palabras. Gracias al presidente del Gobierno, a ministros, a alcaldes y a presidentes de Comunidad por volcarse con él. Gracias al Valencia Fútbol Club por el homenaje que prepara en Mestalla, donde a Pepe tanto le gustaba ir. Gracias a los que han llamado desde el último rincón del mundo para decirme "era un grande, era mi amigo". Gracias a esas llamadas inesperadas para mí que venían repletas de evocaciones, de ánimos y de ternura. Gracias a los médicos por su confidencialidad, su cariño y su dedicación. Y gracias también a las ovaciones mudas, anónimas o conocidas, en público o en la intimidad, porque emocionan igualmente.

   Pero sobre todo y principalmente, gracias a ti Pepe, por aparecer en nuestras vidas, y, muy especialmente, en la mía. Puro egoísmo, lo sé, pero conocerte era convertirse en la persona más egoísta del mundo por desear estar siempre a tu lado. Has sido y sigues siendo el mejor regalo que la vida me ha brindado.

   Desconozco qué habré hecho para merecerlo. Ahora sé que sin ti mi vida no hubiera tenido sentido aunque por ti, tal y como me hiciste prometerte, lo seguirá teniendo. Gracias por tu voz, por tu presencia, por tu lección de vida, por tus abrazos y tus besos, por tu fuerza, por tu bondad, por tu generosidad, por tu mirada, por tu sonrisa, por tu sentido del humor y por tu inmenso amor, que convertimos en nuestra bandera vital. Podría escribir más pero para retratar un sentimiento tan inmenso como el que vivimos, las palabras, en esta ocasión, se me quedan pequeñas. Eres grande hasta para dejar vacío. Acabo de escucharte decir en una entrevista en el Plus que pertenecías a una generación de actores que cuando desaparecierais sólo quedarían los archivos. Mentira. Quedarás tú en cada uno de los que te admiramos y te amamos. Aunque Rafael Chirbes tiene razón, se nos adelgaza el tiempo al saber que no estás. Un buen amigo dijo en su despedida que Pepe no quería a todo el mundo, sólo a unos elegidos, porque eso es lo que éramos. Pero a él le querían muchos. A todos ellos, gracias por demostrarlo con tanto cariño. Gracias desde el fondo de mi alma, aunque esté rota".

   Con la marcha de Pepe Sancho se ha quedado un hueco muy grande en el mundo del cine. Era un hombre muy querido y este sentimiento quedó plasmado en el funeral que tuvo lugar por su memoria el pasado lunes en Valencia. En nuestra galería de imágenes pueden repasar los momentos más emotivos de aquel día.

sábado, marzo 02, 2013

Si aún no haz visto "Amor", de Michael Haneke, corre



La muerte es capitalmente un asunto literario: sea como un río que deviene al mar o enfundada en una anciana dublinesa en la penumbra, los grandes escritores han celebrado bajo todos los estilos a la vieja segadora como juez póstumo moral y estético.
La dignidad del deceso, el fin de lo mundano, no ha movido en el cine reciente más que a relatos debarroquismo nivea como Mar adentro, destinados siempre a consumo en horarios de tarde, en esa canícula veraniega donde el cerebro reposa inactivo y requiere de estímulos claros como una subida banda sonora y delirantes monólogos que firmaríaPaulo Coelho con su filosofía Zen de tocador. Aquellos arcaicos retablos en penumbra, que alumbraron a los viejos y ágrafos cristianos de los tiempos oscuros en lo sublime, han sido sustituidos en la actualidad por una imagen fílmica construida tomando lo peor del lenguaje publicitario. Entre los pocos resistentes a estos recursos viciados, a la “más falsa amistad que tiene el cine” que decía Eric Rohmer respecto a la música, se encuentra Michael Haneke, cuya evolución en estas últimas décadas ha supuesto la vuelta a un jansenismo formal ajeno a casi toda la producción cinematográfica actual.
La pequeña pieza de Schubert, el cuarto Impromptus D 899, que inicia Amor de Michael Haneke es casi un resumen elegíaco, de un romanticismo efímero, sobre el tono sombrío y distante del estilo del film. Pequeña crónica en el estilo simétrico habitual de su creador, narra con planos fijos, tapices minimalistas, un cuento otoñal, entre la melancolía del cine nórdico y el discreto drama social, muy mitigado, del reciente cine francés. Esta pieza musical, leitmotiv rápido en una película con un trabajo espléndido en la banda de efectos de sonido, es tomada del intervalo que separaba las dos mitades de Barry Lyndon de Stanley Kubrick. La segunda mitad de este film contrastaba con la primera, un film de aventuras no muy lejano a Huston, centrando su narración en la triste y fatal decadencia del personaje protagonista.
Es evidente que la crónica desnuda que filma Haneke es sobre todo un trasunto de la pieza de Schubert; una lejana y pulcra historia de dos ancianos que ven sus últimos días bajo el desprecio a un mundo que hace tiempo los abandonó. El director, con este planteamiento narrativo, practica, así una forma de sobriedad donde la construcción de espacios en equilibrio, en regla áurea, interioriza la propia soledad de los protagonistas. Los planos se filman, entonces, como tapices minimalistas, buscando una ausencia de estímulos que construyan una realidad solitaria proyectada de manera clara al espectador. Este estilo pausado, repetitivo en muchas ocasiones, tiene como único defecto unas complicadas transiciones estacionales, que pretenden aligerar de manera desigual un minutaje un tanto corto.
El suceso que desarrolla el drama, el ictus de la anciana, es explicitado precisamente en una escena de suspensión temporal, donde ella pierde la noción de todo aquello que le rodea e inicia una serie de digresiones, de un fantastique lejanísimo al cine actual, donde las ensoñaciones sustituyen a los momentos dramáticos. Estos últimos no vienen nunca de un exceso de violencia, ni siquiera de una situación muy escatológica… son ante todo la ruptura de la dignidad, de lo cotidiano, aquello que asienta el amor entre ellos.
Se ha comparado entre los clásicos el amor como un culto platónico a la musa y este carácter religioso impregna películas como El fantasma y la señora Muir o ese culto al amour fou que es Vértigo. Si para los espíritus líricos el ocaso es un tipo de destrucción del objeto deseado, Amor supone la solución artística a este final del ensueño, y no es otro que el crimen. Sembrado de manera constante en el film, el concepto de dignidad asociada a un tipo de estética, a un recuerdo lejano en la juventud (las fotos de la belleza juvenil, la anécdota del carácter tiránico de ella con el joven pianista…), hace comprensible la actuación final de él.
Pero sería un error defender Amor como un alegato moral a favor de la eutanasia sin comprender los códigos estéticos que rigen las elecciones de este film. Porque para el Haneke filósofo la estética ante todo un tipo de moral artística que condena a todos aquellos que consideran que la forma es accesoria en un medio como el cinematográfico. Para el director austriaco cada imagen, cada plano aislado, es una representación formal de un discurso acabado y engarzado en un tipo de filosofía moral fuertemente alemana donde no puede existir separación formal.
Y ahí está sobre todo esa imagen, que encabeza y desarrolla el film, del cuerpo sin vida de la anciana, con un vestido de domingo y un pequeño ramo de flores, en esa usurpación de una efigie prerrafaelita que presenta una Ofelia inerte bajo el frío alba de un solsticio parisino. No es otra cosa que la conversión de la musa en obra de arte: la muerte como inicio de la inmortalidad.
Publicado por