martes, enero 24, 2012

10 libros que todo hombre de negocios debe leer (encontrado en internet)

Porque desde que el hombre inventó la escritura -el registro gráfico de la palabra- independiente del idioma y del soporte- se constituyó como el principal instrumento de almacenamiento y difusión de conocimientos. En un papiro o un iPad, ideas circulan, pensamientos se renuevan, teorías fundamentan revoluciones. Aparece la radio, la TV, el Internet, cambiamos la manera en que leemos y el término "texto" ha ganado una multitud de significados. Pero nunca, el libro, dejó de existir.
Hoy en día, puede ser de papel - nuevo o antiguo- o en una plataforma digital, en el PC, el Kindle, un iPad o incluso en un smartphone. A pesar de la ligereza, el libro sigue cumpliendo su rol en el pensamiento y registra la historia para que todo llegue a los demás. Dada esta importancia, se decidió preparar una lista de sugerencias hechas por profesionales de diferentes sectores del mundo empresarial, nuestro equipo y nuestros lectores a través de Facebook y Twitter.
El objetivo, por supuesto, no es agotar en esta oprtunidad todo lo relativo al área de la Administración, que tiene una interesante bibliografía (puede ser que ningún sitio fuese suficiente para esto), pero a continuación se presentan las obras que hicieron la diferencia en la vida y trabajo de personas que tienen la administración y el mundo empresarial como parte fundamental de su vida. Se trata de nuestro columnista Stephen Kanitz, el escritor norteamericano Carmine Gallo, nuestro equipo y los lectores.
Los elegidos por los entendidos

1.Ventaja Competitiva de las Naciones, Michael Porter

"El libro que destrona a la Riqueza de las naciones,  escrito por Adam Smith".
Declaración de Stephen Kanitz, máster en Administración de Empresas de la Universidad de Harvard y autor de la columna Punto Final en la revista de Administradoras.

2.Blink: Inteligencia intuitiva, por qué sabemos la verdad en dos segundos, de Malcolm Gladwell, quien es también autor de “El punto de inflexión” y “Fuera de serie”.

"El libro fue recomendado ( y presentado) por el monitor de Psicología Aplicada a la Administración, Lucas Funchale. Es revolucionario, porque afirma que las decisiones acertadas no son siempre fruto de largos procesos de decisión y de recopilación de información. Una decisión rápida también puede ser grande! Él aborda la existencia de un "inconsciente cognitivo" (mi término para diferenciar el inconsciente de Freud) que él llama inconsciente adaptativo", afirma Silvia Generali.
Pues bien, para obtener más información, por favor, lea el libro. Es una recomendación de Silvia Generali, profesora de Ufrgs y autora del libro de Psicología Aplicada a la Administración.
Fotografía: parte de la portada del libro El desafío Starbucks: ¿Cómo Starbucks luchó por su vida sin perder el alma, de Howard Schultz (CEO de Starbucks)

3.Piense y hágase rico, Napoleon Hill

"A pesar de que fue escrito hace más de 70 años, el contenido sigue siendo actual en el tratamiento de la esencia del proceso de creación de riqueza y su relación con la función cerebral. El autor es muy convincente en demostrar que las actitudes de las personas son un factor fundamental en su prosperidad. Los ejemplos del libro tratan tanto de formación de riqueza personal como empresarial, explicando la relación entre las dos. Siendo entonces un investigador en el asunto, cambió alguna de mis convicciones luego de leer la obra Napoleon Hill"., dice Gustavo Cerbasi.
Gustavo Cerbasi es administrador, asesor financiero, autor del best seller "Las parejas inteligentes se enriquecen juntos" publicado en 2009 y nombrado por la revista Época como uno de los 100 brasileños más influyentes.

4.Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Camergie

“Si pensamos que algunos factores cruciales de los casos de negocios exitosos están en la capacidad de cultivar las relaciones estratégicas y de gestión de personas, es esencial leer este trabajo y mejorar sus habilidades en redes y el talento para hacer frente a los recursos humanos", dice Edney Souza.
Edney Souza es un pionero de la blogosfera en Brasil y responsable de Interney.net, uno de los blogs más populares de Brasil.

5.El desafío Starbucks: ¿Cómo Starbucks luchó por su vida sin perder el alma, de Howard Schultz (CEO de Starbucks)

"Howard Schultz ha cambiado mi forma de ver las comunicaciones empresariales. Yo lo entrevisté hace unos años realizando la revisión de la transcripción y me di cuenta de que no utilizó en ningún momento la palabra "café". A Schultz le gusta el café, pero su gran pasión es crear un ambiente de trabajo que haga que la gente se sienta bien y una cultura que recompense los servicios de atención más excepcionales. Hay una diferencia entre el producto que vende y lo que este producto representa. Schultz nos recuerda que la pasión lo es todo”, relata Carmine Gallo.
Carmine Gallo es  estadounidense que se especializa en técnicas de comunicación, escribe para la revista BusinessWeek y es autor de "Haz como Steve Jobs" e "Innovación -. El arte de Steve Jobs"

6.El fin del márketing tal y como lo conocemos, por Sergio Zyman

"De una forma ácida, clara y contundente, Zyman describe en detalle el caso de la Nueva Coca-Cola, sobre varios errores, junto con otros conceptos súper interesante acerca de cómo manejar la comercialización, ventas, marcas, personas, etc.", opina Marcos Hiller.
Marcos Hiller es coordinador del MBA en Gestión de Marcas de Trevisan Escuela de Negocios y columnista de administradores.
Sugerencias de la redacción
Conversamos, analizamos, discordamos, concordamos y llegamos a dos títulos, que dejamos a continuación como nuestras sugerencias de lectura indispensable.

7.Estrategia competitiva, de Michael Porter

Publicado en los años 80, el libro colocó el nombre de Michael Porter de forma definitiva en la lista de los principales pensadores del management mundial y es la base de los estudios que componen sus siguientes obras. “Ventaja competitiva es la venta” es “La ventaja competitiva de las naciones”.

8.Sáfari de la estrategia, por Henry Mintzberg

Un libro fantástico que reúne a los principales estudios sobre la estrategia que se ha hecho en el mundo, desde la antigüedad hasta nuestros días. Una obra que escapa a las recetas tradicionales sin dejar de ser didáctico. El libro es una herramienta esencial para los estudiantes de administración y cualquier persona interesada en la comprensión de lo que realmente es ser estratégico.

Sugerencias de los lectores

Entre los seguidores que tenemos en Twitter y Facebook, los dos libros más citados fueron “El arte de la guerra”, de Zun Tzu, y “El monje y el ejecutivo”, de James C. Hunter. El primero, como el propio título sugiere, es sobre estrategia. Pero especificamente, un tratado militar del siglo IV a.c que influenció diversos líderes a lo largo de la historia y hasta hoy se mantiene muy actual. El segundo, utiliza un gancho de encuentro entre los líderes de los distintos segmentos en un monasterio en el norte de Michigan, abordando el tema de "liderazgo" desde la perspectiva del líder servidor.
Finalizada la lista, usted debe estarse preguntando: si, pero no se incluyó ningún libro de Peter Drucker. Respuesta: sí, ningún librode Drucker. Y la razón es simple: es de lectura obligatoria para todos los directivos y el estudiante de administración.
“La última lagrima” o por qué no debemos postergar las cosas.   

Allí estaba, sentado en una banqueta, con los pies descalzos sobre las baldosas rotas de la vereda; gorra marrón, manos arrugadas sosteniendo un viejo bastón de madera; pantalones que arremangados dejaban libres sus pantorrillas y una camisa blanca, gastada, con un chaleco de lana tejido a mano. El anciano miraba a la nada. Y el viejo lloró, y en su única lágrima expresó tanto que me fue muy difícil acercarme, a preguntarle, o siquiera consolarlo.

Por el frente de su casa pasé mirándolo, al voltear su mirada la fijó en mí, le sonreí, lo saludé con un gesto aunque no crucé la calle, no me animé, no lo conocía y si bien entendí que en la mirada de aquella lágrima se mostraba una gran necesidad seguí mi camino, sin convencerme de estar haciendo lo correcto.

En mi camino guardé la imagen, la de su mirada encontrándose con la mía. Traté de olvidarme. Caminé rápido como escapándome. Compré un libro y ni bien llegué a mi casa comencé a leerlo esperando que el tiempo borrara esa presencia…. pero esa lágrima no se borraba…
Los viejos no lloran así por nada, me dije.

Esa noche me costó dormir, la conciencia no entiende de horarios y decidí que a la mañana volvería a su casa y conversaría con él, tal como entendí que me lo había pedido. Luego de vencer mi pena, logré dormir.

Recuerdo haber preparado un poco de café, compré galletas y muy deprisa fui a su casa convencido de tener mucho por conversar.

Llamé a la puerta, cedieron las rechinantes bisagras y salió otro hombre.

- ¿Qué desea? – Preguntó, mirándome con un gesto adusto.

- Busco al anciano que vive en esta casa. – Contesté.

- Mi padre murió ayer por la tarde – Dijo entre lágrimas.

- ¡Murió!- Dije decepcionado. Las piernas se me aflojaron, la mente se me nubló y los ojos se me humedecieron.

- ¿Usted quién es? – Volvió a preguntar.

- En realidad nadie – Contesté, y agregué – Ayer pasé por la puerta de su casa, y estaba su padre sentado, vi que lloraba y a pesar de que lo saludé no me detuve a preguntarle que le sucedía pero hoy volví para hablar con él pero veo que es tarde.

- No me lo va a creer pero Usted es la persona de quien hablaba en su diario.

Extrañado por lo que me decía, lo miré pidiéndole más explicación.

- Por favor, Pase – Me dijo aún sin contestarme.

Luego de servir un poco de café me llevó hasta donde estaba su diario y la última hoja rezaba: “hoy me regalaron una sonrisa plena y un saludo amable… hoy es un día bello”.

Tuve que sentarme, me dolió el alma de solo pensar lo importante que hubiera sido para ese hombre que yo cruzara aquella calle.

Me levanté lentamente y al mirar al hombre le dije: – Si hubiera cruzado la acera y hubiera conversado unos instantes con su padre…- Pero me interrumpió y con los ojos humedecidos de llanto dijo: – Si yo hubiera venido a visitarlo al menos una vez este último año, quizás su saludo y su sonrisa no hubieran significado tanto para él.

domingo, enero 15, 2012

“Carlotita” es un relato de Antonio Mingote que publico hace muchos años la revista Iberia, de la que fui un asiduo lector, durante  mis obligados, largos  y constantes  vuelos.

Recuerdo que estaba cenando y me atrapo su lectura, su dulzura e intimismo. Aquella noche en el hotel, lo volví a leer varias veces y hoy me sigue impactando, a pesar de las muchas decenas de veces que volví a releer las hojas amarillentas que conservo de ese ejemplar de la  revista y no puedo evitar revolverme inquieto en el asiento, cuando lo hago.    


CARLOTITA

No siento añoranza, que es, según el diccionario, "recordar con pena"; ni nostalgia, "tristeza melancólica" según el famoso libro. Sigo transitando plácidamente por los viejos escenarios. Persisten los re-cuerdos, buenos y malos, y en ellos me instalo, sosegado y en paz.

Antes que nada recuerdo Daroca en un piso alto de la calle Mayor, desde donde se contempla la parte más vieja de la ciudad, los tejados, las torres; más allá, el monte con la ermita, la muralla en la cresta y, en lo más alto, ¡el castillo! Lo más emocionante, el castillo, ha sido destruido y arrasado siglos atrás; pero mi padre -mi padre es un verdadero artista y ejerce como tal en cada momento de su vida- mi padre me hace ver la fortaleza erguida sobre lo que apenas es un muñón sobre la roca. Así que mis primeros recuerdos son un castillo que no está. Pienso ahora si no me habré pasado la vida contemplando castillos que no existen, ejercicio templado y contenido por la serenidad y el buen sentido de mi madre, que desde el amor a su marido me enseñó a reírme de mis castillos y de mí mismo.

Pero si existe, al pie del castillo, la Cueva de la Morica Encantada, abierta entre las rocas que sustentan lo que queda del murallón, un agujero en el piso en rápida pendiente hacia una impenetrable oscuridad que se adivina cegada por las piedras que los hombres y el tiempo han ido acumulando.

La cueva tiene, naturalmente, una apasionante historia de caudillos, moros y cautivas cristianas que mi padre nos repetía a mi hermana y a mí sin cansancio por su parte ni por la nuestra.

Mi recuerdo más lejano es el de una tarde ¿de qué año? Yo apenas tenía siete u ocho. Nos acompañaba en la excursión mi tía Carlota, prima hermana de mi madre que había venido con su hija Carlotita desde Segovia, donde vivían, a pasar el verano con nosotros. Tía Carlota había enviuda do meses atrás y creía, sin duda, que veranear en la recatada Daroca resultaría menos frívolo y mundano que hacerlo en la populosa Segovia.

Tenía Carlotita tres años más que yo y ya se adivinaba, a pesar del severo luto en que iba empaquetada, la preciosa muchacha que iba a ser poco después. A mí me gustaba muchísimo, tan guapa y tan mayor, y ella lo advertía, claro está, y coqueteaba despiadadamente.

Lo primero que hizo la tía Carlota cuando llegamos al pinar, apenas depositada en el suelo la cesta de la merienda, fue prohibirnos a los niños que nos acercáramos a la cueva. Y lo primero que hizo Carlotita después de merendar fue llevarme a la cueva de la mano para explorarla juntos. Nos
deslizamos por la pendiente, más acelerados en cada momento, y cuando ya asustados de nuestra osadía quisimos volver, nos dimos cuenta de que era mucho más fácil bajar que subir.

Más familiarizado yo con el mítico agujero, aunque era la primera vez que lo exploraba, intenté tranquilizar a la chica.

-No te preocupes, si no salimos nos sacarán.

-A pesar de mi muy varonil sangre fría en la adversidad, Carlotita estaba muy lejos de tranquilizarse y se me abrazaba angustiada, con lo que perdíamos, deslizándonos hacia abajo, lo poco que habíamos podido avanzar trepando.

Al final nos sacaron.

Antes de volver a Segovia, Carlotita, ya en la estación, me dio un beso.

-Eres muy valiente - dijo.

Años después, cuando la República, nos encontramos en Daroca otra vez. Yo tenía diecisiete años y ella veinte. Era preciosa, alegre, desenvuelta. Y tan coqueta como cuando la conocí. Me fascinaba. Vivíamos entonces, forasteros en la ciudad, en el caserón tras las murallas de un pariente que nos acogía, hospitalario, durante el verano.

-Vamos a aprovechar que mamá ya no nos prohíbe acercarnos a la Cueva de la Morisca Encantada - me dijo.

Subimos de la mano hasta el castillo. Recuerdo a  Carlotita de blanco, su larga melena castaña y su risa, por el camino del pinar perfumado y umbrío. Nos detuvimos ante la Cueva.

-¿Entramos? - invité.

-Es que si ahora no podemos salir, no habrá quien nos saque.

Sentados a la sombra de un pino enorme hablamos de nuestras vidas separadas, ella en Segovia, yo en Teruel. Y los recuerdos.

-Siempre recordaré el miedo que pasamos.

-Sobre todo tú - precisé.

Sonrió ella y me abrazó como entonces. Me besó.

Me besó largamente como se besan en las películas en blanco y negro que entonces veíamos, que aquello sí que eran besos, no los frenéticos chupeteos con que ahora nos abruman. Fue un beso largo, emocionante, dulcísimo.

Se puso en pie.

Es que... tengo novio.

Caminé tras ella pinar abajo. Ella no hizo nada por acortar la distancia. Se fue al día siguiente.

Pasaron años hasta nuestro tercer encuentro en Daroca. Yo había acudido a una boda de familia. Estaba en el cuarto del hotel cuando sonó el teléfono.

-Le llama la señora de Marcuellez. Resultó ser Carlotita.

-También yo he venido a la boda - dijo -. Si quieres verme, sólo tienes que atravesar el pasillo.

La encontré sentada en un sillón frente a la ventana.

-El castillo envejece más despacio que nosotros - dijo.

-Estás guapísima.

-Eres tan amable y gentil como te recuerdo. Siéntate aquí, a mi lado. Mira el castillo. Desde aquí no se ve la entrada de la cueva. ¿Te acuerdas? Fue emocionante. La primera vez, una aventura. La segunda...

-Seguramente un amor malogrado.

-Éramos tan jóvenes.

-Vamos a la cueva. Quiero besarte allí otra vez.

-¿Otra? Eres insaciable.

Me tendió los brazos, sonriendo. Iba a abrazarla cuando llamaron a la puerta.

-Entra, Ramona.

Entró Ramona, oronda y servicial, empujando una silla de ruedas.

-Vamos señora, la esperan.

Tomó Ramona en brazos a la señora y la acomodó en el asiento que hizo rodar hacia la puerta.

-Nos encontraremos abajo - dijo Carlotita.

Antes de cerrarse la puerta del ascensor tuvo tiempo de dedicarme su mejor sonrisa. Una fascinadora sonrisa de ochenta años.

Yo, que sólo tenía setenta y siete, bajé por la escalera.

Carlotita, o sea doña Carlota Esquiu Crevillente, viuda de Marcuellez, murió el mes pasado. Su memoria se reduce a la historia de un beso. Un sólo beso, pero un beso como los de las películas en blanco y negro que veíamos entonces, que aquellos sí que eran besos.

lunes, enero 09, 2012



En esa época recibiamos casi a diario la visita de la princesa Letizia Ortíz (vivia muy cerca), realmente al que visitaba era a su abuelo paterno, José Luis Ortíz Velazco, con el que que yo compartia escenario laboral y por lo tanto la oficina de Olivetti en Oviedo.

En las fotos, que fueron realizadas durante un viaje a Holanda, como premio por los resultado comerciales obtenidos. José Luis es el más "alto" y esta justo a mi derecha en la foto, con gabardina.

Origen de la noticia: Revista empresarial OLIVETTI