jueves, diciembre 27, 2007

Carta ganadora del concurso "cartas de amor"

"Estimada Cristina:
Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal. Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.

COSAS QUE DESEO CONSERVAR: - La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina. - El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra. - El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar. - La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos. - La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho. - El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor. - Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres. - Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).

COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ: - Los silencios. - Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina. - El sabor acre de los insultos y reproches. - La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío. - Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa. - El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él. - Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle. - Jorge y Celia... Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener. Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:... objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente, Roberto."

viernes, diciembre 07, 2007

"Tú tienes reloj, yo tengo tiempo"

Una gran amiga a la que quiero mucho, cuando hinchado de vanidad le comente sobre mis exitos profesionales y económicos que habia logrado, por los cuales había tenido que pagar un precio elevado en lo sentimental, ya que ni siquiera pude acompañar a mis padres en sus ultimos momentos y ella me dijo: ¿ vinistes en busca de eso a España ?

Lo encontré en internet y me impacto, ya que quizás este viviendo en el lado equivocado. No pude evitar sentirme identificado con el comentatario de la colega que incluyo esta entrevista en su blog:

Vale ... no sé si sabría vivir sin mi línea ADSL y sin mi PC ... no sé si llegaría a acostumbrarme al silencio ... y ¿entonces? ¿porqué he elegido esta entrevista y no otra? Pues por una parte de ella que me ha dado que pensar: "Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa..." ¿No podríamos tener la mitad de ambos mundos? ¡¡Yo por pedir que no quede!! ¿verdad?


entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a MOUSSA AG ASSARID
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No sé mi edad: ¡nací en el desierto del Sahara, sin papeles...! Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier-1. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo - ¡Qué turbante tan hermoso...! - Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través. - Es de un azul bellísimo... - A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados... - ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil? - Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo. - ¿Por qué? - Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa. - ¿Quiénes son los tuareg? - Tuareg significa abandonados,porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: señores del desierto,nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh. - ¿Cuántos son? - Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo. - ¿A qué se dedican? - Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio... - ¿De verdad tan silencioso es el desierto? - Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo. - ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez? - Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él! - ¿Sí? No parece muy estimulante... - Mucho. Alos siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua. - Saber eso es valioso, sin duda... - Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor! - Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no? - Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser,¡porque cada uno ya es! - ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa? - Vi correr a la gente por el aeropuerto... ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro... - Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja... - Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar. - Qué abundancia, qué derroche, ¿no? - ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso... - ¿Tanto como eso? - Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo. - ¿Qué pasó con su familia? - Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome... - ¿De dónde salió esa pasión por la escuela? - De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito.Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo... - Y lo logró. - Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia. - ¡Un tuareg en la universidad...! - Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele. - Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí? - Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie! - Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto. - Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde... - Fascinante, desde luego... - Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor... - Qué paz... - Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

jueves, noviembre 22, 2007

Las enseñanazas de GANDHI

Eran las primeras horas del amanecer cuando Gandhi y un compañero atravesaron las puertas de una gran ciudad... con el propósito de compartir sus enseñanzas con sus habitantes. Casi inmediatamente, un seguidor del Mahatma que vivía en la ciudad, se acercó con ojos saltones y le dijo apresuradamente: “Maestro. Vas a perder el tiempo y tus energías. Las gentes de aquí son duras de corazón y se resisten al cambio. Y a escuchar las palabras de la verdad. Son estúpidos e ignorantes y no tienen el menor deseo de aprender nada. No desperdicies tu talento con ellos.”
Gandhi sonrió y le respondió: “No me cabe la menor duda de que estás en lo cierto.”
Unos minutos más tarde otro partidario de Gandhi se acercó calmadamente y le saludó: “Señor, todos los habitantes de esta afortunada ciudad te dan la más calurosa de las bienvenidas. La gente aguarda con expectación las perlas de sabiduría que se desprenderánde tus labios. Están ansiosos por aprender y ávidos de servirte. Sus corazones y sus almas están abiertos de par en par hacia ti.”
Gandhi sonrió y respondió: “No me cabe la menor duda de que estás en lo cierto.”
Su compañero se volvió hacia él con asombro y le dijo: “Maestro, ¿cómo es posible que puedas estar de acuerdo con los dos hombres cuando sus afirmaciones son diametralmente opuestas? El sol y la luna nunca serán lo mismo… y el día no puede ser la noche.”
Gandhi también le sonrió a su amigo y le dijo: “No me cabe la menor duda de que estás en lo cierto. Y considera igualmente que los dos hombres dijeron la verdad de acuerdo con sus propias convicciones. El primero, lamentablemente espera ver lo malo… y es lo que ve. El segundo, ve únicamente lo bueno... y eso es lo que percibe. Ambos ven el mundo tal y como esperan percibirlo. ¿Cómo puedes decir que la percepción de uno o de otro es errónea, cuando la humanidad entera percibe el mundo tal y como elige percibirlo? Ninguno de los dos dijo nada que no fuera cierto; tan solo era un tanto incompleto...”

domingo, noviembre 04, 2007

La costumbre mata

La costumbre es la más infame de las enfermedades porque te hace aceptar cualquier desgracia, cualquier dolor, cualquier muerte. Por costumbre se vive junto a personas odiosas, se aprende a llevar cadenas, a padecer injusticias y a sufrir. Se resigna uno al dolor, a la soledad, a todo. La costumbre es el más despiadado de los venenos porque penetra en nosotros lenta y silenciosamente, y crece poco a poco, nutriéndose de nuestra inconsciencia. Cuando descubrimos que la tenemos encima, cada una de nuestras fibras está adaptada, cada gesto se ha acondicionado y ya no existe medicina que puede curarla.

"Un hombre", Oriana Fallaci.

La clave del éxito: visualizar y anticiparse al futuro

PARADIGMAS. EL NEGOCIO DE DESCUBRIR EL FUTURO Autor Joel Arthur Barker
Si le hubieran preguntado en 1968 quién dominaría en 1990 la fabricación mundial de relojes, la respuesta obvia hubiera sido “Suiza”. Razones no faltaban. Eran los líderes del mercado mundial con un 68% de participación e invertían en desarrollo e investigación en forma constante para mantener esa posición. Ellos mismos fueron quienes inventaron el movimiento de cuarzo electrónico. Sin embargo, descartaron la idea porque poco tenía que ver ese descubrimiento con manecillas y engranajes que simbolizaban la industria relojera.

Su descubrimiento fue presentado en congresos y, sin saberlo, ésa sería su propia condena. En 1980 habían descendido a sólo el 10% de participación en el mercado y sus ganancias cayeron por debajo del 20%. Los suizos chocaron con un cambio paradigmático que, para una nación de estas características, resultó una catástrofe que provocó la pérdida de trabajo para miles de personas.

Para Japón esta situación fue absolutamente inversa. La nación asiática tenía en 1968 el 1% del mercado pero apostaron fuertemente al desarrollo de la tecnología electrónica aplicada a la relojería. Como consecuencia de ello, alcanzaron un 33% del mercado con beneficios equivalentes. ¿Qué es un paradigma? Barker ofrece una definición : “Un paradigma es un conjunto de reglas y disposiciones (escritas o no) que hace dos cosas:

1. establece o define límites e
2. indica cómo comportarse dentro de los límites para tener éxito o no.”
¿Cómo se mide el éxito?

En la mayor parte de las situaciones, el éxito puede medirse por la facilidad para resolver problemas, problemas que fluctúan de simples a graves. En cierto sentido un paradigma indica la existencia de un juego, en qué consiste y cómo jugar con éxito. Un cambio paradigmático es, por lo tanto, un camino hacia un nuevo juego, un nuevo conjunto de reglas (El modelo RED XXI –consignado, nuevos negocios, tiendas– es un ejemplo de dicho cambio).

En estos cambios de paradigmas estaría la respuesta al gran desorden que sufrió la sociedad en los últimos treinta años. Se conocían las reglas del juego, sus límites, y se debieron aprender las nuevas condiciones. Todos estos cambios, cada vez más vertiginosos, trastornan radicalmente al mundo. Para ilustrar esta afirmación el autor presenta algunos cambios ocurridos, especialmente en la tecnología y la sociedad: la desregulación de la banca, las aerolíneas, las telecomunicaciones y la industria del transporte pesado; las cámaras de video; los derechos civiles; la casi total desaparición del poder de los sindicatos; el surgimiento de la información como recurso clave; el lenguaje de fuerte contenido sexual en la programación habitual de televisión y radio; el colapso de la energía nuclear como una opción energética viable para los Estados Unidos; el uso generalizado de las comunicaciones por satélite; el destape de los homosexuales y otras minorías que antes estaban ocultas; la fibra óptica; la nueva importancia del papel de las mujeres en los negocios y en la política; los teléfonos celulares; el fax (hoy ya desplazado por el e-mail); el efecto invernadero, la biotecnología; el deterioro de instituciones como el Congreso, el poder judicial, la iglesia, entre otros. Aquellas personas que han logrado vaticinar estos cambios no sólo evitaron padecer el choque con el futuro, sino que hasta han ganado millones.

La tarea de “predecir” no es sencilla, porque estos cambios son de tal magnitud que las tendencias no pueden ser predichas. Estas clases de cambios en las reglas crean nuevas tendencias o alteran dramáticamente las ya existentes. Eso los hace tan especiales. Piense que se tardaron 30 años para que en todo el mundo hubiera 60 millones de personas que utilizaran radio… lo que a la televisión sólo le llevó 15 años. Internet, en sólo 3 años, ha alcanzado 90 millones de personas… y se estima que para fines del 2001, 268 millones de computadoras personales estarán en contacto con otra. ¿Cómo solucionar estos problemas especiales? Cambiando los paradigmas. Entonces, resultará sumamente valioso para cada persona saber en qué etapa se encuentra de la relación tiempo-respuesta a los problemas. ¿Está usted recién comenzando a desarrollar una forma para resolver problemas? ¿Se encuentra en la plena efectividad de sus paradigmas para resolver problemas? ¿Está en una situación en que los problemas son complejos y costosos? Conocer la localización propia, de su departamento o la industria donde la persona actúa, le permitirá pensar sobre su futuro y comprender las señales importantes para anticiparlo. ¿Quién cambia el paradigma? En general se los denomina “intrusos”. El autor los divide en cuatro categorías: Categoría 1: Una persona joven que recién se inicia en la práctica Esta persona ha estudiado el paradigma pero nunca lo ha practicado. “Déjeme enseñarle como hacemos las cosas aquí”, le dicen las personas antiguas al ingresante. Y “cómo lo hacemos” se supone que es, por lo general, mucho mejor que como le enseñaron. Categoría 2: Una persona que cambia de campo Ser un modificador de paradigmas no es un problema de edad. Una persona que cambia del campo de la disciplina que vino ejerciendo y comienza a actuar en un nuevo campo del conocimiento puede ser un modificador. En ambos casos, el joven ingresante o el que cambia de campo, hay rasgos comunes. En principio ambos comparten la ingenuidad operacional sobre los campos en los que acaban de ingresar. En segundo lugar, desconocen lo que no puede hacerse. Y si no saben lo que no puede hacerse, están menos condicionados. Cuando se contrata a estas personas se siente que su aporte es nulo hasta que no estén entrenadas y adoctrinadas. Lamentablemente, al encauzarlas se pierde un aporte de creatividad que hubiera sido significativo para la organización. La recomendación sería tomar uno de los problemas que tenemos guardados en el cajón y pedirle que los resuelvan. “Ofrézcales una oportunidad de no hacerlo de manera correcta”, aconseja Baker. Es probable que la persona tenga una posibilidad de uno en mil, pero el aprendizaje de cada Operador / Gerente / Supervisor será aprender a escuchar más allá de los límites y animar a su equipo a asumir riesgos. Categoría 3: El disidente Esta es una persona de su propio grupo pero que es un intruso y tiende a trabajar en el margen de sus disciplinas. Se los conoce como casos difíciles, como personas que siempre están formulando preguntas (y para muchas de las cuales no tenemos las respuestas). Estas personas no son bienvenidas hasta que se produce una crisis. La ventaja de estas personas radica en que están enteradas del paradigma pero no se encuentran atrapadas por él. Categoría 4: Los neófitos Estas personas se encuentran con un problema difícil. No saben cuándo se trata de un problema especial. Sólo saben que se trata de un problema y no pueden seguir adelante hasta que puedan resolverlo. Casi siempre fallan en su intento, pero en ocasiones logran resolverlo y crean un ejemplo especial que conduce a un modelo. La aparición de estos intrusos genera un problema, porque atentan contra una supuesta seguridad que ofrece el antiguo paradigma. Cuanto más alta sea la posición, mayor será el riesgo. Cuanto mayor dominio se posea del paradigma, mayor habrá sido la inversión realizada en él, y mayor lo que la persona puede perder. Nadie está absolutamente seguro de lo que el futuro traerá. Por consiguiente, no puede juzgarse a los intrusos basándose en sus títulos, experiencia, sexo o raza. Lo que un gerente debe hacer es escuchar. ¿Quiénes son los pioneros de los paradigmas? Si bien un descubridor puede identificar un nuevo paradigma, son los pioneros los que recorren el difícil camino de implementar las nuevas reglas en base a una cualidad muy especial: su intuición. La intuición consiste en la habilidad para tomar decisiones correctas con datos insuficientes. Cautivados por un conjunto de reglas que sugiere que puede tener éxito donde otros han fallado, arriesgan su reputación, su posición, incluso su situación financiera. Pero la intuición no es suficiente. Todos conocemos personas que, a medida que el nuevo paradigma se hace notorio dicen “yo lo sabía hace cinco años”. Estos comentarios son molestos. ¿Por qué no lo hicieron? La respuesta es simple: no tuvieron agallas; porque además de intuitivos, los pioneros necesitan ser valientes. ¿Qué es el efecto paradigma, y cómo nos afecta dicho cambio? La frase que sintetiza el efecto paradigma es “eso es imposible”. Estas palabras pueden traducirse como “basados en el paradigma que en la actualidad practicamos, no tenemos ni idea de cómo hacerlo”. El efecto paradigma, según el autor, ha llevado a personas muy inteligentes y capaces a cometer grandes errores cuando quisieron predecir el futuro. Veamos algunos ejemplos: “El fonógrafo carece de valor comercial.” (Thomas Edison en alusión a su propio invento.) “Volar en máquinas más pesadas que el aire es inútil, insignificante y totalmente imposible.” (Simon Newcomb, astrónomo de cierto renombre en 1902.) “Pienso que existe mercado en el mundo para aproximadamente 5 computadoras.” (Thomas Watson, presidente de IBM en 1943.) “No existe ninguna razón para que ningún individuo tenga una computadora en casa.” (Ken Olsen, presidente de la Digital Equipment Corporation, 1977.) Alguna vez alguien pudo haber afirmado, respecto de las Estaciones de Servicio, “la gente lo que quiere es cargar nafta rápido e irse.” Para mejorar la habilidad para anticipar e innovar es necesario comprender y apreciar el efecto paradigma. Para ver el futuro con mayor claridad debe dejarse de lado la seguridad de los actuales paradigmas y comenzar a indagar y escuchar a aquellas personas que se encuentran en los márgenes tratando de cambiarlos. “No debemos ver para creer” recomienda el autor, sino “creer para ver”. Los nuevos paradigmas de la producción (y entre paréntesis el “modelo” asociado) que introdujeron los japoneses fueron:
Fabrique sólo lo que necesita, no todo lo que pueda (producción basada en un plan de marketing).
Lo que el cliente necesita es un lote pequeño, trátese de uno o de mil (segmentación del mercado).
Elimine pasos y adopte un proceso más fluido (análisis de valor agregado).
Mida la productividad según las horas totales y el gasto total en que haya incurrido, no por la eficiencia o la utilización (Activity Based Cost).
No se anticipe demasiado a sus requerimientos de inventario (Just in Time).
Es mejor coordinar los cerebros, los supervisores deben utilizar toda la inteligencia disponible para que ellos y los trabajadores en conjunto puedan resolver los problemas (Trabajo en Equipo / Empowerment).
Con el crecimiento de la innovación y la productividad viene una creciente autoestima de los trabajadores. A menudo este autorespeto les brinda suficiente confianza a los empleados para sentir que pueden encargarse por ellos mismos de su trabajo. A esto se denomina autogestión y, como resultado final, se produce un aplanamiento del organigrama y la desaparición del clásico mando medio. Esta situación conduce a la resistencia de los mandos medios por los nuevos paradigmas (inclusive Japón tuvo que superar esta etapa). “Una actitud lógica pero a largo plazo inútil”, según el autor.

Para el siglo XXI existirán tres claves indispensables para el éxito: anticipación, innovación y excelencia. Revisando todo lo expuesto podemos sintetizar las ideas en:
Nuestras percepciones del mundo están muy influenciadas por paradigmas.
Nos resistimos a utilizar nuevos paradigmas porque somos efectivos en nuestros actuales paradigmas.
Por lo general quien crea un nuevo paradigma es un intruso.
Quienes deciden cambiar hacia un nuevo paradigma deben hacerlo con confianza en su fe hacia las nuevas reglas, más que un resultado de una verdadera comprobación.
Quienes cambian hacia un nuevo paradigma obtienen un nuevo modo de ver el mundo.
l nuevo paradigma pone a todos de regreso a cero.
Como conclusión el autor plantea que “en tiempos turbulentos resulta más ventajoso desarrollar y practicar la flexibilidad del paradigma”. Esta afirmación involucra a todos, desde la más pequeña pyme o el profesional independiente, hasta las mega empresas. Incluye, también, a la vida personal, donde también estamos sujetos a los límites de los paradigmas vigentes.

viernes, noviembre 02, 2007



La trastienda del éxito

Después de casi 20 años en Informática El Corte Inglés, de mutuo acuerdo hemos decidido divorciarnos y como tal, mucho dolor, mucha crispación y al final no evitaron, ni quisieron evitar, el sabor amargo que me han dejado pegado a mi boca.

Como en todo divorcio no hay ganador posible, solo distinto nivel de pérdida.

Quedan atrás muchas ilusiones, muchos recuerdos, casi toda una vida ( mi mayor tiempo laboral en una empresa) no he pasado desapercibido, viví con intensidad mi paso por ella y no me costo mucho, comprendí enseguida lo fácil que puede resultar vender, hasta el punto que me repetía la pregunta de `porqué mis compañeros no lograban resultados semejantes (cuando no los lograban) disfrutaba trabajando y me pagaban por ello.

En fin, la cubierta del "Euro" me espera para que la cubra de pintura de dos componentes.