miércoles, diciembre 24, 2014

UN SOLO INSTANTE CON ELLA

Maldita navidad. Abuelohara
Tu también lo harías.
Está en tu recuerdo,
y no la olvidas.
Tienes en quien pensar,
en quien soñar
desde aquel día.

Siempre, cada año
el pecho se enreda en un nudo
que no nos deja respirar.
Con brillo de lágrimas
volvemos a brindar.
¡Feliz Navidad!,
feliz y maldita Navidad.

..... Lo siento,
se que no es el momento,
después fingiré, o no.
No estoy para bromas,
por un solo instante con ella,
cambiaría toda esta "maldita navidad".

(Abuelohara)      

lunes, diciembre 08, 2014

Desear es vivir

No soy capaz de aprender a esperar, 
a mirar tus labios sin besarlos, 
a seguir hablando a un recuerdo, 
guardo silencio para no decir verdad. 
No puedo dejar de soñar si desear es vivir. 
Se me escapan de los dedos las caricias.
los abrazos que no te di 
Y los años.... los años se me pierden en sueños. 


jueves, diciembre 04, 2014

Los pacientes terminales definen las cosas que les hubiera gustaría hacer antes de morir

Durante muchos años he trabajado en cuidados paliativos, con personas que tienen enfermedades terminales. 
Mis pacientes eran los que volvían a sus casas para morir. Algunas veces compartimos momentos increíblemente especiales al estar con ellos durante las últimas semanas de sus vidas. Las personas crecen mucho cuando se enfrentan a su propia mortalidad.
Aprendí que uno nunca debe subestimar la capacidad de alguien para crecer. Algunos cambios fueron increíbles. Cada uno de ellos experimentó una variedad de emociones, como la negación, el miedo, la ira, el remordimiento, más negación y finalmente la aceptación. Cada paciente encontraba su paz antes de partir.
Cuando alguien les preguntaba acerca de los arrepentimientos que tenían o acerca de cualquier cosa que hubieran hecho de manera diferente, casi siempre surgían los mismos temas. 
Estos son los 5 más comunes:
1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida siendo fiel a mis sueños, no a la vida que otros esperaban de mí.Este era el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta que su vida está a punto de terminar, pueden mirar atrás con claridad y es fácil ver cuántos sueños no han sido realizados. La mayoría de la gente no había cumplido aún ni la mitad de sus sueños e iban a morir sabiendo que esto se debía, a las elecciones que habían o no habían hecho durante su vida.Es muy importante que trates de realizar al menos algunos de tus sueños durante la vida, ya que en el momento en que se pierde la salud, es demasiado tarde. La salud nos trae una libertad que muy pocos nos damos cuenta antes de perderla.
2. Desearía no haber trabajo tan duro.
Cada paciente de sexo masculino que cuidé decía lo mismo. Se perdieron la juventud de sus hijos y la compañía de sus parejas. Las mujeres también se arrepentían de esto, pero como la mayoría eran de una generación anterior, muchas de las pacientes de sexo femenino no habían tenido que sostener la familia. 
Todos los hombres que cuidé lamentaban profundamente haber gastado su vida en torno al trabajo.
Al simplificar tu estilo de vida y tomar decisiones conscientes a lo largo de tu vida, es posible que no necesite los ingresos que crees que necesitas. Con la creación de más espacio para ti, andarás más feliz y más abierto a las nuevas oportunidades.
3. Ojalá hubiera sido capaz de expresar mis sentimientos.
Muchas personas no expresaban sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, nunca se convirtieron en lo que eran realmente capaces de llegar a ser. Hay muchas enfermedades que desarrollan sentimientos de amargura y de resentimiento.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Sin embargo, aunque las personas pueden reaccionar diferente cuando nos expresamos honestamente, al final las relaciones son llevadas a un nivel más saludable. O pasa eso, o nos damos cuenta que la relación a la que nos estamos enfrentando no es para nosotros, de cualquiera de las dos formas, salimos ganando.
4. Ojalá me hubiera quedado en contacto con mis amigos.
Muchas personas se dan cuenta del real valor de los amigos a solo semanas de morir. Mucho de ellos fueron quedando en el camino debido a la rutina que muchas veces aleja a las personas y a la hora de querer ubicarlas porque no queda tiempo.
Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían abandonado grandes amistades con el paso de los años. La gente se lamentaba mucho de no haber dedicado el tiempo y el esfuerzo que se merecían sus amigos. Todo el mundo extraña a sus amigos cuando está muriendo.
Es común dejar las amistades de lado, para cualquier persona que lleva un estilo de vida ocupado. Pero cuando te enfrentas a tu muerte, los detalles físicos de la vida desaparecen. Si se puede, la gente quiere tener sus asuntos financieros en orden, pero no es el dinero o el status lo más importante para ellos. 
Estas personas quieren que esté todo ordenado, porque se preocupan del beneficio de aquellos que aman. Aunque por lo general, están demasiado enfermos y cansados de preocuparse de estos asuntos. Finalmente todo se reduce al amor y a las relaciones. Eso es todo lo que queda en la semana final, el amor y las relaciones.
5. Me gustaría haber sido más feliz.
Este es uno sorprendentemente común. Muchas personas no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una opción. Han permanecido estancados en viejos patrones y hábitos. El conocido confort o familiaridad se sobrepuso a sus vidas tanto física como emocionalmente. El miedo al cambio les dejó haciendo creer a otros, y a ellos mismos, que eran felices, pero cada vez las risas y las tonterías tardaban más tiempo en aparecer en sus vidas.
Cuando uno está en su lecho de muerte, lo que otros piensan de ti es algo que uno deja de pensar. ¡Qué maravilloso es ser capaz de dejar ir las cosas y ser capaz de sonreír, mucho antes de saber que te estás muriendo.
La vida es una elección, la que estás viviendo es TÚ vida. Elige conscientemente, elige sabiamente y elige honestamente. Elije la felicidad.

domingo, noviembre 23, 2014

Todos ocultamos pedazo de nosotros mismos: instantes imprecisos de nuestra vida. Esos jirones están preñados de añoranzas, de deseos incumplidos, de amores imposibles o frustrados, de silencios necesarios, de mentiras piadosas. Llenos de la impotencia que, a veces, produce la vida. Esas pequeñas cosas que no solemos compartir con nadie, son las que nos hacen ser quienes somos, las que nos convierten en seres únicos e irrepetibles. Son las que guardamos en un rincón del alma.

miércoles, noviembre 19, 2014

"Me gustaría poder congelar este momento, aquí mismo, ahora mismo, y vivir en él para siempre".

Cuando el pasado te sacude un cachetón

Pasaron once años separados, sin saber nada del otro: once. En ese intervalo los dos se casaron con terceros, llegando a enterrar casi al completo aquel tórrido romance, sin duda el más intenso de sus vidas. Ella tenía un hijo, el mismo que ahora viajaba a su lado, en mi taxi, de camino al dentista. Pero al girar por Ayala dirección Velázquez, de súbito pegó un respingo.
–¡Pare!– me dijo.
Era él, caminando distraído calle abajo. Ella bajó su ventanilla y gritó ¡Carlos! Él se giró hacia el taxi y, al ver y reconocer a Laura, se quedó petrificado. Se acercó tímido al taxi, observó al niño. Laura, qué sorpresa, dijo entonces. Y os juro que los ojos de los dos echaron chispas. No sabían qué decirse, pero fue uno de esos silencios con subtítulos. Finalmente él le tendió una tarjeta:
–En fin, llámame– le dijo a ella.
Y nos marchamos.
Y ella, en secreto, le acabará llamando. Y esa llamada, después de once años, acabará por romper en mil pedazos sus dos universos. Así de imprevisible y cruel es el amor a veces.

domingo, noviembre 16, 2014

Cuando fuimos la pareja ideal (por Almudena Grandes)

Ella se enteró por su mejor amiga.
–¡Está aquí! Ha vuelto, tía, de verdad, me lo encontré el domingo en el portal de la casa de mi madre y no me lo podía creer, está igual, tendrías…
–Pero ¿quién?
A él se lo conto su hermano, en la sobremesa de una paella dominguera y familiar.
–Pues la mujer de tu vida lleva un año divorciada, no creas.
–La mujer de mi vida… ¿Cuál?
Los dos habían sido la primera pareja del otro. Cuando se conocieron no habían acabado el bachillerato. Él tenía 15 años, ella 14, y los dos eran muy guapos, cada uno en su estilo, un tanto brusco él, un pelín cursi ella, de tal manera que sus excesos se anulaban entre sí para crear un perfecto equilibrio. Hacían tan buena pareja como si cada uno de los dos hubiera nacido sólo para enamorarse del otro, y desde luego se enamoraron, con ese amor apasionadamente radical, radicalmente ingenuo, ingenuamente apasionado, de los adolescentes.
Cuando traspasaron esa barrera seguían juntos, hasta convencidos de que seguirían estándolo toda su vida, y sin embargo, en el verano de sus 20 años, él se fue de viaje por media Europa con dos amigos, mientras ella pasaba unos días de vacaciones en el chalet que los padres de una de sus amigas tenían en la costa. Y al volver a Madrid, él no la llamó. Y al comprobar que no llamaba, llamó ella. Él sólo se puso en el tercer intento, y quedaron en su bar de siempre, donde sonaba la música de siempre, y los camareros de siempre les pusieron sus copas de siempre en su mesa de siempre. Allí rompieron de una forma más serena que civilizada, porque los dos estaban de acuerdo. Yo es que no estoy segura, dijo ella, tan cursi como de costumbre. Yo no puedo más, añadió él, aportando el adecuado contrapunto de brusquedad.
Aquella noche, sus respectivas madres no pudieron dormir, y a la mañana siguiente, en el desayuno, sus hermanos no hablaron de otra cosa. La noticia se fue extendiendo, y el asombro, la tristeza, la estupefacción de quienes les conocían fueron levantando a su alrededor un cerco tan insoportable –¿pero cómo has hecho eso?, ¿pero tú te has vuelto loca?, ¿pero no te das cuenta de que estáis hechos el uno para el otro?– que los dos tuvieron a la vez la misma idea. Ella se fue a París a terminar la carrera. Él, que la había terminado ya, se largó a Tarifa y montó un chiringuito de surferos. Después regresaron y volvieron a marcharse, se casaron y se separaron, fueron, volvieron, y de vez en cuando él se acordó de ella, ella de él, y ambos pensaban en cómo habría sido su vida si hubieran acatado aquel misterioso mandato del destino, que parecía empeñado en unirles para siempre. Los dos se arrepintieron alguna vez de haberse separado, pero olvidaron igual de deprisa ese arrepentimiento.
Y aquí están. Los amigos, los hermanos, los padres y las madres se han puesto tan pesados que han quedado a tomar una caña en el bar que ocupa ahora el local de aquel otro bar que para ellos era el de siempre. Se reconocen a la primera, sin vacilar, porque ninguno de los dos ha cambiado mucho. Al borde de los 50, él, pelo más bien largo, canoso, perpetua barba de tres días, la piel bronceada y el cuerpo flexible por el ejercicio diario, sigue siendo atractivo. Ella se ha cuidado tanto, ha hecho tanta dieta, tanto ejercicio, que a primera vista parece la misma, aunque ya no es cursi y tiene arrugas de tanto reírse.
Al encontrarse, los dos deciden que su primer amor sigue siendo una persona atractiva. Y al besarse, se emocionan un poco. Por eso los dos sienten a la vez que les están fallando los pies, como si empezaran a balancearse en el borde de un abismo, pero al final todo sale bien.
Cuando empiezan a hablar, resulta que él se ha hecho del Madrid y ella sigue siendo del Atleti. Él no ha tenido hijos, ella tiene dos. Ella pide una cerveza sin alcohol y eso él nunca ha podido entenderlo. Lo que ella no entiende es que él no vaya a votar. ¿Y sigues viviendo aquí, en el barrio? Sí, estoy encantada. Yo no podría. ¿No?, pues a mí no me gusta el campo. ¿En serio? Pues no sabes lo que te pierdes, por cierto, ¿quieres otra? No, me voy a ir ya, que tengo que hacer la comida. Ya, yo también tengo prisa, pero déjame que te invite. No. Sí, Que no, de verdad. Que sí, que me apetece mucho volver a pagarte una caña, aunque sea de mentira…
Entonces ella sonríe. Él también. Se despiden, se besan, y cada uno se va en dirección contraria. Él, incluso, corre un poco. Ella se limita a andar deprisa. Los dos tienen la misma cara de alivio.


sábado, noviembre 15, 2014

Hasta la mejor persona se cansa de mover montañas por quién no mueve por ella ni una sola piedra

Hoy me siento cansado, pero.... No culpo a nadie y a la vez lo hago al mundo entero. Principalmente he hecho lo que quería en la vida, aceptando las dificultades y corrigiendo el rumbo en aquello que podía, levemente casi, en pequeños detalles.
De los errores me levanto como me han enseñado. Viendo tanto dolor alrededor, quien soy yo para quejarme. Si la vida y el destino juegan con nosotros y sin desearlo nos apartan de este mundo cuando menos lo esperamos...., ¿en realidad puedo quejarme?.
Si son nuestras las victorias, también lo son nuestros fracasos. Acepto de mala gana perder una batalla, pero no me doy por vencido, no perderé la guerra. No esperaré a que todos se levanten para hacerlo yo. No seré cómplice del desanimo y la derrota y cada uno de mis actos me han de llevar a ganar. No quiero ser un cobarde.
Si tengo presente, es por haber vivido el pasado y recuerdo cada buen momento para comenzar. Ninguno tan rotundo como para abandonar. Ninguno de mis recuerdos me sirve para claudicar y abandonar..., no tengo justificación para dejar de luchar. No soy un niño y aunque hoy estoy cansado..., mañana será otro día.
He aprendido de los más fuertes. De mi madre, de mi padre de los que lucharon como ellos por mi y para mi, pensando más en mi destino y mi futuro que en ellos mismos. He aprendido y me acuerdo de quienes han muerto pensando y luchando por los demás, por los que quieren.

Las relaciones inadecuadas


"La dependencia afectiva a la pareja tarde o temprano genera sufrimiento y depresión. Millones de personas en todo en mundo son víctimas de relaciones amorosas inadecuadas y no saben qué hacer al respecto, ya que el miedo a la pérdida, a la... soledad o al abandono contamina el vínculo amoroso y lo vuelve altamente vulnerable. Un amor inseguro es una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento y lastimarnos profundamente. Sin embargo, y al contrario de lo que parece establecer nuestra cultura, sí es posible amar con independencia y aun así seguir amando. Es posible eliminar las ataduras psicológicas y, pese a todo, mantener vivo el fuego del amor”.

Walter Riso.

viernes, noviembre 07, 2014

¿Juntos el resto de la vida?

Te casas con alguien porque te gusta quién es. La gente cambia. Tenlo en cuenta. No te cases con alguien por quién es, o por quien tú quieres que sea. Cásate con alguien por la persona en que se va a convertir. Y luego pásate la vida acompañándole en su desarrollo, al tiempo que él te acompaña en el tuyo.
El matrimonio no acaba con la soledad. Estar vivo significa estar solo. Es parte de la condición humana. El matrimonio no cambia la condición humana. No puede evitar por completo la soledad. Y cuando nos sentimos solos, culpamos a nuestra pareja por hacer algo mal, o buscamos compañía en otra parte. El matrimonio debe ser un lugar en el que dos humanos comparten la experiencia de la soledad y, al compartirla, crean momentos en los que esa soledad se disipa. Durante algún instante.
La carga de la vergüenza. Sí, todos la llevamos. Nos pasamos la mayor parte de nuestra adolescencia y juventud intentando fingir que nuestra vergüenza no existe. Por eso, cuando la persona que amamos la provoca en nosotros, le culpamos porcrearla. Y exigimos que lo arregle. No obstante, lo cierto es que ellos no la crearon y ellos no pueden arreglar la situación. A veces, la mejor terapia matrimonial es la terapia individual en la que trabajamos para curar nuestra propia vergüenza y para no transferirla a nuestros seres queridos.
El ego gana. Todos lo tenemos. Dimos con él sin buscarlo. Probablemente, apareció en el colegio, la primera vez que un niño se portó como un capullo con nosotros. O quizás incluso antes, si algún miembro de nuestra familia ya lo hizo. El ego era algo bueno. Nos mantuvo a salvo de las flechas y las lanzas emocionales. Pero, ahora que hemos crecido y nos hemos casado, el ego es un muro que separa. Es el momento de derribarlo. Basta con mostrarse abiertos en vez de a la defensiva, perdonar en vez de vengarse, pedir disculpas en vez de culparse, exhibirvulnerabilidad en vez de fuerza y delicadeza en vez de poder.
La vida es un caos y el matrimonio es vida. Por tanto, el matrimonio es un caos también. Y cuando las cosas dejan de funcionar a la perfección, empezamos a culpar a nuestra pareja por los problemas. Añadimos un caos innecesario al desastre de por sí inevitable que es la vida y el amor. Tenemos que dejar de señalar con el dedo y empezar a entrelazarlos. Entonces, seremos capaces de caminar y superar el caos de la vida juntos. Libres de culpa y de vergüenza.
La empatía es compleja. Por su naturaleza, la empatía no puede ocurrir simultáneamente entre dos personas. Siempre hay uno de la pareja que tiene que ir primero, y sin garantías de que sea recíproco. Se corre un riesgo. Es un sacrificio. Por tanto, la mayoría esperamos a que nuestra pareja dé el primer paso. El tira y afloja de la empatía puede llevarnos toda la vida. Además, cuando un miembro finalmente se tira a la piscina, puede darse un panzazo. Lo cierto es que las personas que amamos tienen fallos y nunca serán el espejo perfecto que nos gustaría. Pero, ¿podemos quererlos pese a todo y dar nosotros mismos el primer paso hacia la empatía?
Nos preocupamos más de nuestros hijos que de la persona que nos ayudó a crearlos. Nuestros hijos nunca deberían ser más importantes que nuestro matrimonio, pero tampoco menos. Si son más importantes, esos diablillos lo notarán y lo utilizarán para crear divisiones y polémica. Si son menos importantes, harán todo lo posible por que se les dé prioridad. La familia consiste en un trabajo continuo y constante para encontrar el equilibro.
La lucha de poder oculta. La mayoría de los conflictos en el matrimonios son, al menos en parte, una negociación en torno al nivel de interconexión entre los amantes. Los hombres normalmente quieren menos. Las mujeres normalmente quieren más. A veces, estos roles están invertidos. Pero, independientemente de ello, cuando lees entre líneas la mayoría de las peleas, ésta es la pregunta que te encuentras: ¿Quién decide cuánta distancia mantenemos entre nosotros? Si no hacemos esta pregunta explícitamente, discutiremos por ella de forma implícita. Para siempre.
Ya no sabemos cómo mantener el interés en una cosa o en una persona.Vivimos en un mundo que atrae nuestra atención de millones de formas diferentes. La práctica de la meditación -atender a una cosa, volver luego nuestra atención hacia ella cuando nos distraemos, y repetirlo una y otra vez- es un arte esencial. Cuando nos vemos obligados a prestar atención a todas las cosas que brillan y a seguir para adelante cuando nos aburrimos un poco, hacer de nuestra vida una meditación sobre la persona que queremos supone un acto revolucionario. Y es imprescindible para que un matrimonio sobreviva y prospere.
Como terapeuta, puedo enseñar a una pareja a comunicarse en una hora. No es complicado. Pero para controlar a los agitadores que empezaron la pelea... Bueno, eso lleva una vida entera.
Y aun así.
Es una vida entera que nos forma como personas que se convierten en versiones más amables de nosotros mismos, que pueden soportar el peso de la soledad, que se han liberado de la carga de la vergüenza, que han construido puentes, que han aceptado el caos de estar vivos, que se arriesgan por la empatía y perdonan las decepciones, que quieren a todo el mundo con el mismo fervor, que dan y toman y se comprometen, y que se han entregado a una vida de presencia, conciencia y atención.
Así que ésa es una vida por la que merece la pena luchar.

miércoles, noviembre 05, 2014

Desterremos las malas costumbres y adquiramos las buenas


La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.
Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.
Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.
Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. ¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.
Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar vitaminas cuando estamos enfermos. Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.
Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra. Tenemos la mala costumbre de comer animales, de contaminar el mundo y de lavar la ropa en vez de nuestras conciencias. Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Objetos de usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo su destino. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada.
Wasapeamos mucho,
dormimos demasiado
y follamos poco.
Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras. ¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! No pongas barreras a tu corazón y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente. Ni con disolvente se va.
Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.
En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.
Quiere ahora, no mañana.

domingo, septiembre 28, 2014

Último día para visitar el altar del museo Pérgamo de Berlín, lo visite cuando pertenecia a Alemania del Este


Altar del museo Pérgamo de Berlín

Último día para visitar el altar del museo Pérgamo de Berlín
Considerado una de las ocho maravillas del mundo antiguo, cerrará esta tarde al público y no podrá ser visitado hasta dentro de cinco años
El altar del museo Pérgamo, considerado una de las ocho maravillas del mundo antiguo, cerrará esta tarde al público y no podrá ser visitado hasta dentro de cinco años. En este tiempo se reforzará su estructura y se eliminará el moho del centenar de esculturas de sus frisos. Además del altar, se renovará parte del edificio que lo alberga.
Con el friso de fondo en elmuseo de Pérgamo

domingo, septiembre 21, 2014

Enlace permanente de imagen incrustada

Monumental cabreo de una profesora con sus alumnos

Después de que sus alumnos, universitarios, realizaran un examen de Física II, su profesora, indignada por el bajísimo nivel de los chicos, colgó en el tablón de anuncios de la facultad una carta en la que muestra su total disconformidad con el nivel de los universitarios. Se desconoce en qué facultad ha ocurrido, pero las quejas de la docente se están convirtiendo en todo un fenómeno viral en Internet.

Este es el mensaje que le envió una profesora a sus alumnos después de un examen:
"Como veis acabo de colgar las notas finales del ordinario de Física II. No puedo por menos que haceros llegar mi más profundo descontento con lo que he tenido que leer en los últimos días. Ya no se trata de no hacer o de no saber, sino de las auténticas BURRADAS que muchos de vosotros habéis dejado por escrito, amén de faltas de ortografía que me hacían sangrar los ojos, así como auténticas cochinadas de examen llenos de tipex, tachones, frases sin acabar, bailes de ecuaciones sin sentido ni explicación, ausencia de hilo conductor de las exposiciones, pésimas redacciones y laberintos de letras ilegibles.
Se supone que sois universitarios, que dentro de algunos años llevaréis las riendas de la sociedad y tendréis que trabajar por ella. ¿Sabéis qué imagen dais algunos con vuestros exámenes?
Me da vergüenza colgar esta lista, os aseguro de corazón que me da vergüenza y que todos los exámenes que pasan de 4 están corregidos dos veces con lupa intentando buscar algún detalle que se me hubiera pasado para subir la nota. La gran pregunta es ¿no os da vergüenza a vosotros? he encontrado hielo fundente a 100ºC, a 6,66ºC a -20ºC, … ¿A QUÉ TEMPERATURA ESTÁ EL HIELO FUNDENTE, POR DIOS? ¿O es la palabra fundente lo que no entendéis? (cosa que ya me preocuparía en exceso). Primeros principios de la termodinámica que relacionan el trabajo con la carga, CON LA CARGA!!!!!! ¿QUÉ CARGA? Haces de luz con trayectorias en espiral ¿LO HABÉIS VISTO ALGUNA VEZ? Luz no luminosa. ¿QUÉ ES ESO? Y no sigo porque la lista de despropósitos es infinita. Y ninguna de estas ”originalidades” las he encontrado una única vez sino varias, algunas hasta unas cuantas docenas de veces. ¿NO OS DA VERGÜENZA?
Espero y confío que esto os sirva de aprendizaje para el extraordinario, que hagáis los exámenes limpios, ordenados, bien redactados, sin faltas de ortografía ni burradas infantiles y sobre todo espero que estudiéis como los que sois, estudiantes universitarios, ADULTOS. Como tales ocupáis un lugar privilegiado en estos tiempos tan difíciles que corren, y ello os obliga a estudiar 8 horas diarias, a trabajar como cualquier trabajador once meses al año, cosa que por más que me juréis que hacéis no puedo creer a la vista de la inmensa mayoría de lo que he leído.
No sería justo por mi parte hablar sólo de los desastres que he encontrado, aunque hayan sido la más aplastante mayoría, como veis en la lista. Ha habido exámenes que han sido una auténtica delicia de corregir, de algunos de vosotros que traslucís con rotunda evidencia lo mucho que habéis estudiado y lo que os habéis esforzado durante toda la evaluación continua. Mi enhorabuena más sincera a todos vosotros. Y mi agradecimiento por vuestro esfuerzo.
Y si unos cuantos pueden ¿por qué los demás no? Pensadlo. Por favor. Haced autoanálisis, una autocrítica, tened el valor de ser sinceros con vosotros mismo y poned remedio a tiempo. O en caso contrario no os empeñéis en algo que os queda grande, si es que es esa la conclusión.
Repito que sois unos privilegiados en estos tiempos tan duros que corren y que es inmoral la forma en la que muchos de vosotros despilfarráis recursos y vuestro potencial. Como consejo de abuela os digo algo que seguro que ya os han dicho antes: jamás volveréis a tener ni la edad, ni la fuerza, ni el potencial, ni las oportunidades que tenéis hoy, aprovechadlas antes de que os tengáis que arrepentir de no haberlas aprovechado.
Estoy muy disgustada, y en honor a la verdad, cabreada. Es por ello, y por otras ocupaciones que tengo, que prefiero enfriar y dejar la revisión de exámenes para el lunes 16. Si venís a ver vuestros exámenes haceros conscientes de lo que habéis escrito, leed el Tipler, y analizar vuestras respuestas. No estoy dispuesta a repetir n veces lo mismo. A muchos os voy a poner a leer en voz alta lo que habéis escrito.

Espero que en el extraordinario me deis más alegrías.

Recibid todos un saludo"

No me llames puta por haber tenido sexo contigo, recuerda que tu madre no te hizo pintando

"Hay personas que hablan un momento antes de pensar lo que van a decir"​ ​Jean de la Bruyère

Carta de un enfermo de Alzheimer a su esposa en un momento de lucidez.

Enlace permanente de imagen incrustada

martes, septiembre 16, 2014

“Tal vez no se quedó conmigo porque le daba miedo darse cuenta que yo lo quería como él no sabe quererse.” Marilyn Monroe

La vida en un trocito de papel

Es la fotografía más hermosa que he visto nunca. Un padre y un hijo sentados muy juntos en la popa de un barco de vela, oteando el horizonte por encima del mar que va surcando la nave. Cuarenta y ocho años tiene uno. Dieciocho, el otro. Morenos los dos, de mirada profunda, la una tirando a avellana, cálida y triste, la otra casi transparente, del color de una venturina verdosa, esa variedad del cuarzo que contiene escamas de mica amarilla que despiden reflejos dorados y que en otro tiempo se extraía de las orillas del Mar Blanco. Con la piel tostada por el sol, mucho más la del padre, que parece el rey de una noble tribu de ingenieros que no viviera más que al raso. De una belleza enjuta los dos. Casi religiosa. Como esculpida en madera la del mayor. Con un punto de mármol la del joven. No se tocan, no se miran, no sonríen, ni hablan. El padre sin duda lleva la caña que mueve el timón. El hijo, ligeramente detrás, parece que quiere beberse con cada centímetro de su piel todo lo que sabe el veterano, que era mucho, a pesar de su carácter silencioso. O tal vez por eso. Quizá por eso supiera tanto. Los dos llevan chubasquero. El padre, amarillo. Elhijo, de un azul muy oscuro. Bajo un cielo cubierto de espesas nubes, entre obenques y baquestayes, dan la espalda a ese mar de aguas color turquesa, diáfanas, y arenas suaves que poco después, un 30 de agosto de viento y corrientes, se tragaría al mayor cuando, en un descanso durante una travesía por Espalmador, se lanzó sin dudarlo un instante a salvar a un niño que se encontraba en apuros y que ahora tal vez no sea consciente del valor de su vida. Fue el último verano. Hace 35 años. No hay impermeables para las heridas del alma

miércoles, septiembre 03, 2014

La carta de amor y celos de Liz Taylor a Burton: 'Mi todavía marido, te deseo'

'Desearía hablarte de mi amor, mi miedo, mi placer animal por ti'
Burton olvidó la misiva en una casa que había alquilado
"Mi querido (mi todavía), mi marido". Así arrancaba Elizabeth Taylor la tórrida carta enviada a Richard Burton, escrita sólo unos días antes de su ruptura. La misiva, que rezuma amor y celos, sale a subasta por 35.000 libras (casi 44.000 euros).
Las líneas escritas por la actriz estadounidense ilustran la tempestuosa relación, que arrancó en el rodaje de Cleopatra y la pareja vivió en los 60 y 70 (estuvieron casados dos veces, de 1964 a 1974 y de 1975 a 1976).
Liz escribió la carta el 15 de marzo de 1974, con motivo de su décimo aniversario de bodas, pero sólo unos días antes de su ruptura y tres meses antes de su primer divorcio, en junio de aquel año.
"Desearía poder hablarte de mi amor por ti, de mi miedo, de mi deleite, de mi puro placer animal por ti (contigo), de mis celos, mi orgullo, mi ira hacia ti, a veces", arranca la actriz, según extractos recogidos por la prensa británica.
En sólo tres párrafos, la actriz expresa sus anhelos por su relación, al parecer muy castigada por las infidelidades del actor británico."La gran parte de mi amor por ti y el amor que sea que puedas darme: Desearía poder escribir sobre ello, pero sólo puedo hervir y quemarme por dentro y esperar que entiendas cómo me sientorealmente", lamenta Taylor en una temperamental carta escrita a lápiz. "En cualquier caso, te deseo. Tu (todavía) esposa".

La pareja, en la película 'Castillos en la arena'.
Al parecer, Burton se dejó la misiva en una casa que el matrimonio había alquilado en California en 1974, mientras él rodaba 'El hombre del clan'.
"Esta es una carta tórrida, de uno de los matrimonios más tórridos de la historia. Pero lo que la hace especialmente destacable es el momento [en que se escribió]", ha declarado al Daily Telegraph Paul Fraser, uno de los fundadores de Paul Fraser Collectibles, la casa que ahora la vende.
A sólo unos meses de su divorcio, "la intensa mezcla de amor y enfado que Taylor sentía por su marido donjuán es palpable en estas líneas. Esta es la única carta de amor entre los dos que ha salido a la venta"




sábado, agosto 23, 2014

Manzanita - La quiero a Morir


Noches de Bohemia


Manzanita y su genial "Un ramo de violetas"


Era feliz en su matrimonio
aunque su marido era el mismo demonio
tenía el hombre un poco de mal genio
ella se quejaba de que nunca fue tierno
desde hace ya mas de tres años
recibe cartas de un extraño
cartas llenas de poesía
que le han devuelto la alegría

Quién te escribía a ti versos dime niña quién era
quién te mandaba flores por primavera
quién cada 9 de noviembre
como siempre y sin tarjeta
te mandaba un ramito de violetas

A veces sueña y se imagina quién sera aquel
que a ella tanto la estima
será mas bien hombre de pelo cano
sonrisa abierta y ternura en sus manos

Quién le escribia versos dime niña quién era
quién le mandaba flores por primavera
quién cada 9 de noviembre
como siempre y sin tarjeta
le mandaba un ramito de violetas

Y cada tarde al volver su esposo
cansado del trabajo la mira de reojo
no dice nada por que lo sabe todo
ella es feliz asi de cualquier modo
porque él es quien la escribe versos
él es su amante su amor secreto
y ella que no sabe nada
mira a su marido y luego se calla

Quién le escribia versos dime niña quién era
quién le mandaba flores por primavera
quién cada 9 de noviembre
como siempre y sin tarjeta
le mandaba un ramito de violetas

viernes, agosto 15, 2014

10 cosas que tu hija (o hijo) debería saber cuando cumpla 10 años

1. Lo que la quieren. A pesar de que estéis en desacuerdo y de que a veces le grites, tiene que saber que es el centro de tu universo; siempre.

2. Cocinar. Debería saber preparar pequeños platos como huevos, pasta, tostadas, sandwiches, etc. A mi hija le encanta cocinar y dejarle que experimente refuerza su capacidad.

3. Que los cambios físicos son inevitables. Debe saber que junto con los cambios hormonales también se producirán cambios emocionales. A mi hija le he comprado un libro genial titulado The Care and Keeping of You [tu cuidado y mantenimiento] que habla sobre los cambios físicos y emocionales de una forma sencilla y comprensible. Recomiendo que leáis libros de este estilo para ayudaros a explicarles todo lo que su cuerpo va a experimentar en unos años.

4. El peligro de las drogas. Por desgracia, vivas donde vivas, las drogas son una amenaza para los niños. En algunos casos, con 10 años ya empiezan a consumirlas. Hay que explicarles con claridad que el hecho de probar cualquier droga ya puede ser peligroso, aunque sea una sola vez. Tienen que entender la tragedia que resulta del consumo de las drogas, y lo peligrosas e ilegales que son. He asegurado a mi hija que sus amigos intentarán convencerla para que las pruebe, pero que tiene que ser fuerte para decir que no, aunque sea menos popular por ello. También le he pedido que cuando sea algo mayor y salga y se sienta insegura o incómoda en alguna situación, no dude en llamarme a mí o a su padre.

5. A esta edad, es importante que sepan algunas cosas de la vida. Sé que es difícil explicárselo, pero seguro que no quieres que se lo enseñen en el patio del colegio. No creo que necesiten todos los detalles, pero a veces una pequeña conversación contribuye a que maduren y aprendan sobre las funciones del cuerpo, lo cual evitará una charla más compleja sobre el tema. Es preferible eso a que lo oigan de otros niños.

6. Deberían ser conscientes de que hay muchísima gente en todo el mundo, e incluso en su ciudad, que no es tan afortunada como ellas. Tienen que saber que ayudar a alguien que lo necesita es muy gratificante, y que su colaboración puede arreglarle el día a una persona. Llévalas a un refugio de animales o a un centro de mayores y que pasen un tiempo como voluntarias. Se sentirán satisfechas, y esto podrá convertirse en un buen hábito para toda la vida.

7. Que el dinero no crece de los árboles. Reconozco que soy adicta a las compras, pero intento que mi hija entienda que nada es gratis. He trabajado desde los 15 años, lo cual me ha dado la oportunidad de comprar y viajar. Mi hija es consciente de que sin trabajar no hay dinero, y sin dinero no hay diversión. Cuando recibe dinero por su cumpleaños y por vacaciones, su padre le dice cómo dividirlo en tres partes: una para gastar, una para emergencias y otra para objetivos a largo plazo, como la universidad. Así, tiene tres pequeños montones para no confundir su dinero. Está bien que lo entiendan y que adquieran esta costumbre desde el principio.

8. Que la apariencia es importante. Es necesario que aprenda que el cuidado personal importa, y que la vestimenta variará dependiendo de las ocasiones.

9. Que no todo el mundo va a ser simpático. A los 10 años, ya puede comenzar el drama de las chicas en el colegio. Ya le he explicado que algunas personas pueden ser desagradables, y que tiene que mantenerse fiel a sus amigos íntimos. Que lo que no debe hacer es estar en un grupo en el que hablan mal de otras niñas, porque al final también acabarán criticándola a ella. He intentado enseñarle a confiar en sí misma, siendo consciente de que hay gente irritante y de que no debe tener miedo a contar lo que le pase, aunque le parezca peligroso (como en los casos de bullying o amenazas).

10. Que la vida no es fácil. Tendrá que enfrentarse a retos que le parecerán crueles e imposibles. Tendrá que emplear su fe, a su familia y su perseverancia para sobrellevar algunas de las cosas que le arroja la vida. Es importante que sepa que la vida se construye a través de una serie de altibajos y que debe estar preparada para superarlos.

Aprender estas 10 cosas es una buena base sobre la que empezar la etapa de la preadolescencia y la adolescencia. Nuestro trabajo como padres consiste en ayudar a nuestros hijos a modelar su vida, aunque ni siquiera nosotros hayamos conseguido aún configurar la nuestra.

Mi nieta Eva a pesar de no poder ver las cataratas Victoria, Ciudad del Cabo, Namibia y otros destinos que visitaron Eva y Jorge Luis, si estuvo allí




Cada vez tengo más necesidad de un abrazo tuyo, sin palabras, que me haga palpitar y sentir que todo ira bien, aunque perciba que el mundo se desmorona a mi alrededor

lunes, agosto 11, 2014

"El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante". Robin Williams. El club de los poetas muertos

"...pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad". Robin Williams. Good Will Hunting

Uno de los momentos cinematográficos más memorables de mi vida es esta conversación entre Matt Damon y Robin Williams

"...pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos"? Robin Williams. Good Will Hunting
Uno de los momentos cinematográficos más memorables de mi vida es esta conversación entre Matt Damon y Robin Williams



lunes, agosto 04, 2014

Los puentes de Madison, una de las mejores películas que vi en mi vida y sus frases

Los puentes de Madison (1995)

Sinopsis – La vida de Francesca Johnson parecía predestinada, pero la llegada de un inesperado hombre hará que se cuestione su vida y todo lo que esperaba de ella. Mientras su marido y sus hijos están lejos en la feria del estado de Illinois en el verano de 1965, Robert Kincaid se para en la granja de los Johnson para conseguir la dirección del puente Roseman. Robert trabaja para la revista National Geographic y se ha desplazado hasta Iowa para fotografiar los puentes del condado de Madison. Ella quiere acompañarlo y mostrarle los puentes, pero se resiste al ver que él es un completo desconocido. Poco después, Francesca se compromete a enseñarselos y así comienza la breve y apasionada historia de amor de su vida. Tras la separación, ella decide escribir lo que han significado para ella esos cuatro días con Robert. Tras la muerte de Francesca, sus hijos encuentran las cartas y las revistas de Robert y se hacen eco de la historia de amor que tuvo su madre con el Sr. Kincaid. La intención de Francesca para con sus hijos, es de hacerles comprender que tienen que perseguir sus sueños para ser felices en la vida. Y para mayor sorpresa, ella les pide en la carta que esparzan sus cenizas por el puente Roseman porque allí están las cenizas de Robert. Sus hijos deberán decidir si honrar la voluntad de su madre o enterrarla junto a los restos de su padre.

Título Los puentes de Madison
Título original The Bridges of Madison County
Actores Clint Eastwood, Meryl Streep, Annie Corley, Victor Slezak, Jim Haynie ver todos
Género Dramático, Romántico 

Frases de “Los puentes de Madison” 7 citas

“Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido.” 

“No quiero necesitarte porque no puedo tenerte.”

“Pensé que él había estado allí solo unos momentos antes. Estaba tumbada, donde el agua se había deslizado por todo su cuerpo. Y me pareció intensamente erótico. Casi todo lo relacionado con Robert había empezado a parecerme erótico.” 

“El amor no obedece a nuestras esperanzas, su misterio es puro y absoluto.”


“La mayoría de las personas temen el cambio, pero si lo ves como algo con lo que siempre puedes contar puede ser un consuelo, no hay muchas cosas con las que realmente puedas contar.”
“Cuando la muerte acecha y el miedo a lo terreno deja paso a la incertidumbre de lo que hay después, lo que realmente importa es que aquellas personas a las que quise y quiero, lleguen a conocerme realmente.”

“Creo que los lugares en que he estado y las fotos que he hecho durante mi vida me han estado conduciendo hacia ti.” 

Historias de “Aquellos que Aman”…

Publicado el 31 agosto, 2012 por María Cecilia Fourcade Galtier
Graciela con sus 81 años, asiste al taller de Literatura en el PEAM. Siempre le gustó escribir; y desde hace muchos años atrás, ha creado muy lindas poesías, las que ha ido guardando, hoja por hoja.
Un día, sus hijos, se tomaron la tarea de ordenar, trascribir y encuadernar algunas de ellas. No hace mucho, le regalaron una Notebook, para que ella, transcriba y produzca nuevas poesías. Por supuesto, necesitó tomar unas clases, para aprender su manejo. Y, a pesar de su edad, no se acobardó y dijo: “Nunca es tarde para aprender. Yo puedo”. Y ahí fui yo, para asistirla.
Hace unos días, tomando su habitual clase de computación, conversando, me enseña un libro que acababa de adquirir, para leerles a los abuelitos, del Hogar “San Carlos Borromeo”, a la que asiste con una compañera.
Comencé a leer dicho libro, y me gustó tanto, que me inspiró escribir este post y compartirlo con todos Uds.
Se trata del siguiente libro:

Sinopsis:
Historias de amor relatadas por sus propios protagonistas, ganadoras del concurso “Una historia, una canción” del prestigioso programa Viva la Radio (Cadena 3 Argentina).
Amores que esperan décadas, que se enfrentan a las mezquindades sociales, que combaten las prohibiciones, desafían a la guerra, a la enfermedad y a la muerte.
A continuación transcribo y comparto, algunos de esos relatos…
Cada luz encendida en la madrugada es una historia de amor.
Erguirse y volar hasta verlas a todas y luego unirlas para que resplandezcan es la razón de este libro. Un libro que empezó, como casi todos, en un juego: “Nosotros abrimos el espacio y ustedes lo llenan con sus angustias y sus alegrías, es decir, con sus vidas mismas”.
Con ese precepto, el programa Viva la Radio, de la prestigiosa emisora cordobesa Cadena 3, convocó a todos aquellos que amaron y aman a contar sus historias “en el aire”. Y a medida que estas historias, así expuestas, iban desnudando secretos, miles se sintieron identificados y se animaron, a su vez, a denudar los suyos.
De una selección de tales secretos trata este libro. De amores que esperan décadas, que se enfrentan a las mezquindades sociales, que combaten las prohibiciones, que desafían a la guerra, a la enfermedad y, aún más, a la muerte.
Historias como estas han sido materia prima de Shakespeare, de Flaubert, de Margaret Mitchell, de García Márquez, de Cortázar, para crear a Julieta, a madame Bovary, a Scarlett O’Hara, a Fermina Daza, a la Maga. Esta vez, Viva la Radio y Raíz de Dos las publican en estado puro, antes de que los escritores notables las conviertan en Clásicas.
 
Aquellos que Aman…
Prologo
Quien lee una carta de amor puede ubicarse en dos sitios. Si es el destinatario, estará frente a uno de los más lindos homenajes que pueda recibir. Blandirá mucho más que un papel escrito con dedicación y cuidado, tendrá una joya, un tesoro que guardará por siempre. La persona que recibe una carta de amor siente brisas de colores, escucha valses y campanas de cristal.
Y si quien la lee no es el destinatario, es un privilegiado, alguien que recibió invitación para sentir los suspiros, las caricias, las lágrimas. Se llenará de vida, aunque llore de pena o de impotencia. En cualquier caso, la carta se apoderará de su presente y, aun más, de sus recuerdos.
Este libro es como abrir un cofre y encontrar un manojo de cartas amarillentas abrazadas por una cinta sutil, que alguna vez tuviera el brillo majestuoso de la seda. Al desatar el lazo, frente al umbral de historias por descubrir, es muy probable que nos invada el vértigo: nos aprestamos a entrar al mundo de los susurros al oído o de los gritos de pasión que atraviesan el mundo entero.
La fuerza de las historias radica en el hecho fundamental de que no provienen de la pluma inspirada de ningún escritor, de que no hay un solo gramo de mercantilismo en su tinta. Están escritas con tinta, si, pero mezclada con el sudor, las lagrimas y el aliento tibio de los enamorados. Son cartas escritas de un tirón, en una sentada, pues todas estaban listas para salir, cobijadas en el pecho de sus autores. Son la manifestación pura del sentimiento más fuerte y movilizador de la raza humana.
Un puñado de cartas de amor es un regalo excepcional, casi un milagro. Sin duda, un privilegio para el corazón, la garganta y el alma. Un regalo que se agradecerá siempre, especialmente por conocer de quien viene. Porque Rony Vargas y el gran equipo de Viva la Radio nos vuelven a sorprender con su bondad entrañable. En este libro, como en cada tarde, insisten en regalarnos un buen bocado de vida, cultura y amor.
Juan Manuel Vargas

Las cartas están separadas por los siguientes temas:

Aquello que aman… – A pesar de lo prohibido
– Ante la enfermedad
– A pesar del tiempo
– En tiempos de guerra
– En la adversidad
- Frente a la muerte
- A pesar de todo
- Ante la enfermedad
A continuación, transcribo y comparto, cinco relatos que seleccioné para Uds.:
De Aquellos que Aman… a pesar del tiempo:
Nuevos Milagros del Bar Unión (Nicolás Vaschetto)

Para Natalia, la mujer de mis sueños.
Mediados de 1977, con cuarenta y cinco años y un matrimonio en Santa Fe que ya era un montón de escombros, vine a córdoba por negocios y, esperando que me atendieran en Deán Funes 60, me puse a mirar la gente que pasaba por la vereda. De pronto, se detuvo un taxi y bajó una joven y hermosa mujer que llamó poderosamente mi atención. Una idea que me quedó grabada durante mucho tiempo cruzó por mi mente: “¡Cómo me gustaría que fuera mi esposa!”.
Volví a Santa Fe y no hubo día que no recordara a esa mujer. Cinco años después, ya separado, vine a Córdoba, y en una fría y lluviosa mañana de mayo de 1982, mientras iba saltando charcos por la peatonal, eso que llaman destino me puso delante una dama cargada de carpetas, que terminaron desparramadas en el piso a raíz del encontronazo. Abrumado por mi torpeza y pidiendo mil disculpas, me llevé la sorpresa de mi vida. Era ella, la mujer de mis sueños, la que mi mente había protegido durante tantos años. A partir de ese momento, el cafecito humeante y las largas charlas en el Bar Unión se convirtieron en un ritual.
Hoy tengo setenta y ocho años y llevo veintiséis de felicidad compartida con la mujer de mis sueños, que es apenas una piba de sesenta.
Dios cierra el piano, se pone el saco, cruza el salón, se va a la calle y sale volando del Bar Unión. Algunos bares parecen hechos a la medida, son como besos que hacen milagros en las heridas.

Justina y Francisco (Graciela Beatriz Peralta)
Sentada a mi lado, con lágrimas en sus ojos, Justina, mi abuela del corazón, me contó:
“Cuando conocí a Francisco yo tenía trece y él dieciocho. Recuerdo que fue en una fiesta a la que había ido con mis padres. Él tocaba el bandoneón en una pequeña orquesta y no hizo falta más que mirarnos para quedar prendados el uno del otro.
Esa noche, bajo la rigurosa mirada de mi madre, cruzamos unas pocas palabras, pero fueron suficientes para acordar una cita.
Mi corta edad, sus años y su pasión por el bandoneón fueron motivos de la reacción de mis padres, que no aceptaron que lo volviera a ver. Sin embargo, el destino quería juntarnos. ¡Estábamos enamorados!
La iglesia del barrio fue testigo de nuestros encuentros y de su promesa frente al altar: Si no me caso con vos, no me casaré nunca.
Pero mi madre hizo lo imposible por separarnos, y finalmente un día lo dejé de ver.
Se fue lejos, a Buenos Aires, y por mucho tiempo no supe de él, hasta que llegaron noticias que decían que mi Francisco se había casado.
Decidí entonces que debía olvidarlo, arrancarlo de mi corazón.
Años más tarde, me casé con un buen hombre al que quise mucho, pero nunca amé. Tuve tres hijos a los cuales crié sola, porque cuando eran pequeños quedé viuda.
Un día, después de muchos años, encontré un viejo papel con un número de teléfono: el de Francisco.
Me preguntaba si después de tantos años sería posible saber algo de él. Decidí llamar, y del otro lado su voz me paralizó. Como pude, dije: soy yo, Justina, y el contestó: ¡Mi palomita, tantos años!
Mil cosas quisimos decir; finalmente decidimos que lo haríamos personalmente. Así fue que los pocos días viajó a Córdoba a verme y nos encontramos en un bar. Habían pasado treinta y tres años desde la última vez. No estábamos iguales, pero éramos los mismos.
Me confesó que nunca se había casado, que se había mantenido fiel a su promesa: Si no me caso con vos, no me casaré nunca.
El destino nos había juntado otra vez, pero ahora para siempre: nos casamos a los pocos meses.
Hoy estamos por cumplir treinta y tres años juntos, el mismo tiempo que estuvimos separados. Grandes ya, continuamos prodigándonos amor, y aunque nuestras manos tiemblen y nuestros pasos sean cada vez más lentos, seguimos andando juntos, recuperando aquel tiempo de juventud que nos robó la vida.”

De Aquellos que Aman… en tiempos de guerra:
Tonada de Amor y Guerra (Andrés Fernández)
Allí donde imperaba el viento y el frío era más frío, en ese ambiente hostil de la guerra, mis ojos se volcaron hacia una kelper. Era alta, de piel rosada y unos ojos azules que parecían las aguas del canal que teníamos enfrente. En aquella casa de la parte alta de la ciudad, donde vivían los obreros de la Falkland Company, ella recorría el patio trasero recogiendo su ropa tendida. Al lado, en otra casa, se alzaba el comando de Comunicaciones al que yo pertenecía.
Varias veces me había cruzado con sus ojos, que tímidamente observaban lo que hacíamos. En una oportunidad, una de sus blusas se voló y cayó en el patio que ocupábamos los soldados argentinos. Más que corriendo la recogí y se la alcancé a través de una verja de madera bajita. Apenas nos miramos, los dos sonreímos; se escuchó un Thank you, y un de nada rompió el zumbido del viento. Con una sonrisa amable nos despedimos, sin palabras por supuesto, y mi corazón latió fuerte, muy fuerte.
Los días de la guerra pasaron uno a uno pesadamente y el ataque al aeropuerto ya se había hecho realidad. La mañana de un sábado con mucho sol, en el patio trasero de la casa, mientras yo fumaba un Jockey, apareció ella, sonriéndome. Me acerqué y comenzamos a hablar como Tarzán y Jane, riéndonos, porque no nos entendíamos. Por allí escuché Nicola Colbert y entendí que era su nombre, entonces dije: “Andrés, me llamo Andrés Fernández”. Ella sonrió y comenzamos a reírnos, y no sé cuánto tiempo estuvimos “hablando”. En un momento me dio a entender que podía lavarme la ropa; imité sus movimientos y entonces me dijo: “yes, okey Andreesss”. “Bárbaro, mañana te la traigo”, dije yo.
Nos despedimos dándonos la mano y, mientras caminaba los cuatro kilómetros que me separaban del pozo de zorro, silbando bajito la Tonada de un viejo amor y canturreando su letra, me di cuenta de que me había enamorado. Me di vuelta para mirar la casa desde la loma y allí estaba Nicola, saludándome con su brazo en alto.
Las medias y los calzoncillos lavados lucían suaves y perfumados. Aquella última vez que pudimos vernos, me entregó la ropa tratando de decirme que allí había algo más para mí. Intenté explicarle que las cosas estaban muy difíciles y que tal vez debería ir al frente. Con sus ojos llenos de lágrimas me dijo: “Good bye, Andrés, bye”, y otras cosas que no entendí. Le apreté fuerte la mano, no me animé a besarla, no me animé a mirar hacia atrás. Me dolía esa despedida.
Después, en mi carpa, encontré entre las ropas una pequeña radio Sony portátil, plateada, con una flor dibujada, el nombre de Nicola y una nota que decía en español: “Es para ti, tienela”.
Jamás supe nada de ella. Ya terminada la batalla, cuando como prisioneros de guerra nos embarcaban para el continente, creí ver a Nicola con su brazo en alto, despidiéndome, entre los kelpers, que miraban desde el muelle.
Quizás estaba allí. Quizás fue sólo mi imaginación. Lo que sí sé es que cada vez que escucho la Tonada de un viejo amor, me zambullo en sus ojos azules y me quedo a vivir en ellos.
Herida la de tu boca,
que lastima sin dolor;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.

De Aquellos que Aman… en la adversidad:
El Lecherito de Dolores (Arquímides Pignatelli)
Los primeros recuerdos de nuestra historia de amor tienen lugares precisos. No tienen, eso sí, fecha exacta, aunque todo sucedió en algún momento de la primavera de 1945.
Vivíamos en el pequeño pueblo de Dolores, aquel de la casa Flor de durazno, de la capilla centenaria y del molino fabricado por Eiffel.
Yo era el tercer hijo de una familia de piamonteses que trataba de abrirse camino en la vida. Nos manteníamos con la venta de leche, producto de un pequeño tambo, y con la venta de verduras. Era muy difícil arrancarle algo de dinero a esa tierra arenosa y de agua escasa.
Tenía doce años y era repartidor de leche en Capilla del Monte (a casi ocho kilómetros de Dolores). Hacía el trabajo muy temprano, porque después tenía que ir a la escuela, también en Capilla.
Para ganar unos centavos adicionales, compraba leche en otro tambo y revendía a unos vecinos recién llegados, que vivían al costado del camino.
En una de esas madrugadas, pasé a retirar el recipiente y vi, en la ventana de la modesta casa, a una niña de unos diez años, toda empolvada, recién peinada, que me saludaba con un movimiento de la mano. El sol todavía no asomaba, pero una orgía de colores anunciaba el día, los mismos colores que tiñeron sus mejillas cuando le contesté con un tímido: ”¡Buenos días!”
Después de ir a la escuela, y ya pasadas las doce, regresé a dejar el recipiente para el otro día y de nuevo estaba la niña apoyada en el marco de la ventana, aunque esta vez se retiró, presurosa y esquiva.
Me enteré de que se llamaba Agustina, que estaba pupila en un colegio de monjas en La Cumbre y que los padres la traían para visitar a la familia los sábados por la tarde, pues en aquel entonces también había clases los sábados a la mañana.
Tenía en quién pensar y eso acortaba mis días de trabajo penoso y sacrificado, y poblaba mis sueños y proyectos con una presencia más idealizada que real, pues la había visto una sola vez y muy fugazmente.
El hecho de que nuestras familias se hicieran muy amigas facilitó el acercamiento, pero siempre dentro del marco de la timidez propia de los niñoz de la época.
En una tardecita de domingo, salimos a pasear por el río, con complicidad de nuestros hermanos mayores, que nos permitieron caminar unos pasos detrás del grupo. Cuando por fin me animé a tomarla de la mano, nos quedamos mudos y seguimos caminando en ese silencio, sabiendo que con sólo tocarnos las manos nos bastaba. Ella con la mirada baja y yo con la angustia de no saber qué decir.
Crecimos, y ella se convirtió en una preciosa adolescente, pequeña, movediza, siempre alegre, pero con una determinación y empeño que aún hoy forman parte de su carácter.
Cuando cumplí los dieciséis, con la bendición de papá y el temor de mamá, me fui de casa a buscar mi lugar en el mundo, pues sentía que en Dolores no teníamos futuro.
Un día antes de mi partida, fui a despedirme de Agustina. En esa despedida, al amparo de la sombra de un frondoso algarrobo, nos dimos el primer beso. un beso fugaz, apenas un toque, tan leve como el aleteo de una mariposa. Entonces le dije: “Te quiero tanto, tanto…”.
Luego, la distancia impidió profundizar la relación, pero nos escribimos con frecuencia, así que esas cartas formaban parte de nuestro cofre de recuerdos. Agustina estudió y se recibió de maestra. Yo estudiaba y trabajaba. Primero en Córdoba ciudad, luego en San Luis. Nuestras vacaciones no coincidían y nos encontrábamos muy poco, pero la llama del amor no se apagaba.
Nunca nos hicimos promesas de esperarnos. No era necesario. Nuestros corazones latían al unísono y teníamos la misma certeza: la espera y la distancia acrecentaban las ansias de estar juntos.
Después obtuve una beca para perfeccionarme en Estados Unidos. Por un año no nos vimos, pero le escribía contándole mis experiencias. A mi regreso, por razones de trabajo, me radiqué en Mendoza. Otra vez la distancia que nos separaba, y el amor que volaba llevando mensajes cada vez más desesperados.
La familia de Agustina se mudó a la ciudad de Córdoba, pero ella consiguió un puesto de maestra en Capilla del Monte, donde ya Vivian mis padres, y en épocas de clases se alojaba en nuestra casa.
Por fin luego de casi quince años de separación, comenzaba a mejorar la cosa. Yo trataba de ir todos los fines de semana que me resultaba posible y, por supuesto, teníamos las vacaciones para nosotros.
Le pedí que se casara conmigo una tarde de verano, mientras escuchábamos a los Cinco Latinos cantar Tú mi destino, que desde entonces se transformó en nuestro himno de amor. Allí nos hicimos la promesa de seguir por la vida juntos.
Nos casamos, nos instalamos en Mendoza, al segundo año de casados nació nuestra primera hija y, muy poco después, la segunda. Crecieron, estudiaron, se recibieron, se casaron y nos dieron siete nietos.
Ahora que somos mayores y tenemos las pupilas llenas de lejanos paisajes, el corazón desborda de buenos recuerdos. Las imágenes de nuestra niñez se tiñen de sepia y se vuelven fotografías de un álbum entrañable.
Aún caminamos por la vida tomados de la mano. Somos una sola persona, un solo sentir. Todavía tenemos sueños y proyectos nuevos, y la alegría de vivir y de amarnos se renueva día a día cuanto le digo: “Te quiero tanto, tanto…”.

De Aquellos que Aman… a pesar de lo prohibido:
La Edad del Amor (María del Carmen Braiero)
Nací en un pueblito del norte de Santa Fe. Soy única hija de una familia de buen pasar y por los compromisos de mis padres me crié con el personal doméstico.
A mis dieciocho años conocí a un muchacho de otro pueblo. Me quise casar y nadie en la familia se opuso, así que hicimos una gran fiesta de casamiento y nos fuimos a vivir con los padres de mi marido.
Cuando nació mi primer hijo, ni papá ni mamá fueron a verlo porque, como siempre, tenían otros compromisos. Cuando nació mi segundo hijo no les avisé.
Pero no era el único problema, ni el principal. Con el paso del tiempo me di cuenta de que no quería a mi marido; entonces no resultó una sorpresa que un día tomara a mis hijos y mis cosas y me fuera a casa de mis padres. Al principio no quisieron recibirme, pero de a poco se encariñaron con sus nietos, tanto que vivían para ellos. Esa nueva oportunidad que la vida les estaba dando duró poco: murieron muy jóvenes.
Entonces vendí todo y me hice una casa en San Francisco, Córdoba. Encontré trabajo en una clínica y nos fuimos a vivir con mis hijos ya adolescentes. Casa de por medio con la mía, había un supermercado al que iba todos los días. Al lado, el único hijo varón de los dueños tenía un maxi quiosco. Todavía recuerdo lo que pensé cuando lo vi:”¡Que hermosa criatura!”.
Al poco tiempo me hice amiga de sus padres, su abuela, sus tías, en fin, de toda la familia. Y mis hijos se hicieron amigos de él.
Yo ya tenía treinta y cuatro años, pero, como una adolescente, me fui enamorando. Cuando volvía de trabajar buscaba una excusa para ir al negocio y charlar de cualquier cosa. Lo quería cada día más, pero me daba cuenta de que todo era una locura.
Un día, tomando mate, sus padres me contaron que estaban preocupados porque el “nene” había cambiado de novia y aproveché para preguntar la edad: “veintidós”, me dijeron. ¡Me quería morir!
Entonces empecé a salir con mis compañeras de trabajo, para olvidarme. Pero fue imposible.
Una noche, cerca de las once, yo salía de trabajar y llovía muchísimo. Como no podía volver a casa en mi moto, me paré en la vereda para tomar un remis. ¡Sorpresa! Ahí estaba él, con su auto, esperándome.
Yo temblaba entera. Me acerqué, me dio un beso y me invitó a subir. Le pregunté si tenía miedo que se le mojara la vecina con tanta lluvia y me dijo que lo quería era hablar conmigo. Fuimos a cenar a las afueras de la ciudad, para que nadie nos viera.
Entre risas y miradas, lo escuchaba hablar, pero mi mente estaba ocupada en una idea: “Esto no me puede estar pasando”. Hasta que él reveló el verdadero objetivo de la charla: decirme que se había enamorado de mí desde el primer momento y que cada día me quería más. También dijo que desde aquel instante “mágico” me vio tan linda y tan mujer que pensó que yo no era para él.
Me largué a llorar. El nuestro era un amor imposible. Yo era doce años mayor y mis hijos eran sus amigos, así que entre lágrimas, en medio del dolor de lo imposible, le confesé lo que sentía. Todo el amor adolescente y toda la angustia que, por eso mismo, me acompañaba.
Seguimos viéndonos a escondidas, cada vez más enamorados.
Todo marchaba hacia ese destino de amor secreto, hasta que él le contó la historia a una de sus tías y ella se encargó de hablar, de a una, con todas las personas que importaban: sus padres y mis hijos. Al revés de nuestros pronósticos, recibieron la noticia con mucha alegría y no sólo no se opusieron, sino que apoyaron nuestra relación. Tantas fueron las muestras de afecto que nos hicimos una casa en las sierras y nos fuimos a vivir todos, como una gran familia. Imposible una felicidad mayor.
Nos casamos por civil y por iglesia y en nuestro nuevo hogar nacieron nuestras dos hermosas hijas.
Hoy tengo sesenta y cinco años y mi “hermosa criatura” cincuenta y tres. Hace poco hemos cumplido las Bodas de Plata, tenemos tres nietos y vivimos muy felices con nuestros hijos, nueras y yernos.
Por supuesto, hace mucho tiempo que dejamos de temerle a la diferencia de edad. Si hay amor y respeto, todo es posible.
 
Viva la Radio es uno de los programas más escuchados de la Argentina. Su creador y conductor, Rony Vargas, ha entrevistado a las figuras más relevantes del arte, el espectáculo y la política.
Del concurso Una historia, una canción, nació la idea de publicar un libro con los relatos de amor enviados por los oyentes. Así surgió la primera edición de Aquellos que aman, en 2010, como celebración de los veinticinco años en el aire.