miércoles, febrero 27, 2013

Lo entrañable de una tarta o de una mermelada de higos


Una famosa tarta de chocolate


Ha madrugado para buscar la receta.

Tenía treinta años cuando la descubrió por azar, mientras esperaba turno en la peluquería para que le cortaran las puntas. Por aquel entonces, siempre se lavaba la cabeza en casa, y quizá por eso, porque no tenía muchas oportunidades de hojear revistas femeninas, aquella secuencia de fotos, la receta paso a paso, le llamó tanto la atención. Cuando la llamaron para ir al lavabo, la llevó consigo. Mientras el aire caliente del secador le secaba los rulos, arrancó la hoja con mucho cuidado y se la metió en el bolso. Sólo faltaban unos días para que su hijo cumpliera cinco años.

–Pues la madre de María le hizo un pastel con nata por encima, mejor que el de Juanito, porque el suyo era de manzana, pero a mí el que más me gusta es el del primo Pablo, porque la tía le pone su nombre con grageas de chocolate… ¿Y yo? ¿Por qué yo tengo siempre una tarta comprada?

Colocó la última gragea y se dijo que era imposible que su hijo se resistiera a aquella llamada dulce y densa”
Se lo explicó muchas veces, pero él no quiso entenderlo ninguna. Por eso, la víspera hizo el bizcocho, una hora de preparación, fundir el chocolate, ablandar la mantequilla, pulverizar el azúcar en la picadora, separar las yemas de las claras, montarlas a punto de nieve, tamizar la harina, y batir, y batir, y batir, y otra hora en el horno… Cuando terminó de fregar todo lo que había ensuciado, estaba casi hecho. Se acostó muy tarde y se levantó muy pronto. Antes de irse a trabajar, la tarta estaba ya glaseada. Después aprovechó el rato de la comida para volver a su casa y decorarla como si fuera un altar barroco, grageas, gominolas, fideos de colores y el nombre de su hijo en la caligrafía torcida, temblorosa, que resultó lo mejor que fue capaz de hacer con una manga pastelera. Pero cuando volvió del colegio con unos pocos amigos y la descubrió, el niño fue feliz. Desde entonces, todos los años su madre le regaló, entre otras cosas, esa misma tarta.

Aquella hoja de revista acabó tan maltrecha de salpicaduras de grasa y chocolate, que copió su contenido en un cuaderno. Eso es lo que busca hoy con afán por todos los estantes y los cajones de su cocina, pero no lo encuentra y al final, mira por dónde, lo que aparece es la receta original debajo de una pila de paños de cocina. Lo primero que piensa al verla es que es mejor así. Después, que tiene que ir a buscar las gafas, porque ya no es capaz de leer una letra tan pequeña. Y cuando lo hace, le asombra la complejidad de aquel desafío en el que triunfó tan rotundamente, tantas veces.

–¿Qué haces? –le pregunta su marido cuando entra en la cocina a desayunar, aunque conoce de sobra la respuesta.

–Una tarta para Miguel – y no se atreve a volver la cabeza para mirarle –, como cuando era pequeño, ¿te acuerdas?

–No va a venir.

–Bueno… Nunca se sabe.

Ese día, su hijo cumple treinta años, los que tenía ella cuando hizo esa tarta por primera vez. Claro que entonces le veía todos los días y ahora hace varios meses que no lo ve. Habla con él por teléfono de vez en cuando, sin que se entere su marido, y sabe que está mal ocultárselo, y que su hijo no tiene razón, que no la tuvo en aquella bronca monumental que los separó a cuenta del maldito dinero que cobraron por el traspaso de la farmacia. Por muy parado que estuviera Miguel, por muy mala suerte que hubiera tenido, por mucho mejor que le vayan las cosas a su hermana, no podían dárselo todo, y no sólo porque Elena sea tan hija suya como él, sino porque además ellos no pueden vivir del aire, y con su pensión tienen lo justo para cubrir gastos. No tenían por qué ofrecerle nada, pero su última oferta había sido muy generosa. Él no la aceptó, y no había vuelto a verlos desde entonces.

Esto no puede ser, pensaba ella todos los días, y por eso ayer le dejó un mensaje en el contestador. Cariño, soy tu madre. Mañana voy a hacer una tarta de chocolate, la de siempre, porque es tu cumpleaños. Vente a comer y lo celebramos todos juntos, un beso…

A las diez de la mañana, la casa ya estaba impregnada del aroma del chocolate. A mediodía, aquel olor se había convertido en un perfume. A las dos, cuando colocó la última gragea de color rojo, se dijo que era imposible que su hijo se resistiera a aquella llamada dulce y densa. A las dos y media, alguien abrió la puerta con su llave. Debe de ser Elena, le advirtió su marido. Cuando Miguel entró en la cocina, cerró los ojos, aspiró con fuerza y sonrió.

–¡Qué bien huele, mamá!

lunes, febrero 25, 2013

Los fotopoemas de Jota Benedí


Una imagen que roba los ojos. Una frase que sacude neuronas. Los dos componentes, juntos, forman una historia aplicable a la emoción de cualquier lector. Esto es lo que hace Jota Benedí. Poemas en fogonazos.

El publicitario rara vez se despega de su móvil. La cámara del dispositivo está siempre atenta. La ciudad (en este caso, Zaragoza) está a tiro. Solo hay que esperar la escena adecuada y disparar. “Siempre hago las fotografías con el móvil. Es un fiel compañero de aventuras que, además, cabe en un bolsillo”, explica Benedí.
Pero las fotografías no revelan su significado en la mera captura. “Cuando hago las fotos, sé que dentro de ellas se esconde una historia, pero no se cuál. Al final, en mi cabeza la historia acaba encontrándose a sí misma. Intento que haya mucho aire alrededor del punto de interés para que luego me permita hacer encuadres imposibles”.
Después viene el tratamiento fotográfico. “Siempre toco un poco los niveles, o utilizo algún filtro, porque me ayuda a descontextualizar visualmente la imagen y le da una apariencia de no realidad. Mi no realidad.  La aplicación que más uso es Snapseed porque es sencilla, intuitiva y completa para el uso que le doy”, indica. “A veces utilizo también Noir, para lograr esos blancos y negros tan dramáticos”.
Luego llega la frase y, finalmente, va a InstagramJota Benedí lo hace por impulso. “Instagram, para mí, es una forma de expresarme, de decir lo que no soy capaz de hacer de otra manera”, explica. “Son gritos desesperados, disparos al aire que sé que no encontraran respuesta, pero necesito darlos. Es una especie de válvula de escape emocional”.
El fotógrafo dice que los textos de sus fotos “surgen, en un principio, de la fascinación que tengo por las series de grabados de Goya, concretamente la de Los Disparates. Pero la verdad es que, conforme la vida me ha ido poniendo las cosas  más y más difíciles (y últimamente lo ha bordado), más y más profundidad emocional hay en los títulos de mis fotografías. Soy una persona que camina mirando al cielo, en lugar de al suelo, y por eso siempre me tropiezo”.
Los fotopoemas surgen de la conjunción de un sentimiento de Benedí y una escena que se cruza en su camino. “Mis textos son realidades personales disfrazadas de literatura”, indica. “Surgen de emociones muy fuertes y universales, como la pérdida del amor de tu vida por no haber sabido expresarle lo mucho que la querías, de constantes meteduras de pata en mi día a día, de fracasos personales y profesionales… etc.”.
“También surgen de cosas positivas, como la fascinación que tengo por la belleza de todo cuanto me rodea, de la necesidad de huir de los hombres grises, de creer que todo está ahí para ser mirado y disfrutado, y de mi amor incondicional al cielo que es un tema muy recurrente en mis fotos”, apunta. “Además, me gusta descontextualizar las imágenes y dar pie a que vuele la imaginación de quien las mira. Son fotos con tantas realidades como gente las pueda ver. Son como los libros de Elige tu propio final”.
La colección está a punto de superar las 700 imágenes. Empezó en 2011 y “poco a poco, Instagram se ha ido convirtiendo en una necesidad de expresión vital para mi”, asegura. “Me hace feliz compartir. Mucho. Supongo que por eso lo hago”.
 El insoportable recuerdo de tu ausencia
 Te espero arriba. Note preocupes, no tengo prisa
Los flechazos existen

http://www.yorokobu.es/fotopoemas/

miércoles, febrero 20, 2013

Morir en un abrazo

Observad esta fotografía con atención.

Es de noche en Ciudad Juárez. Dos jóvenes se abrazan en un coche. Ella está embarazada y daría a luz en unas pocas semanas.

Están muertos.

El asesino disparó desde el costado izquierdo del coche. Una sola bala atravesó sus cabezas.

¿El sicario aprovechó la distracción para cometer el crimen? ¿O se abrazaron al saber que su final había llegado?

La vida de cualquier ser humano contiene dos certezas: que estamos vivos y que vamos a morir. Ojalá tarde mucho en alcanzarnos, pero la bala que terminará con nuestras vidas ya ha sido disparada.

Los abrazos y caricias que gocemos mientras tanto es lo único que importa.


http://www.principiamarsupia.com/2012/04/13/morir-en-un-abrazo/

miércoles, febrero 13, 2013

Por qué los casados deben celebrar San Valentín



Recuerdo cuando en el instituto llegaba el 14 de febrero y te regalaban una flor, un ramo o una caja de bombones. Más típico y comercial no podía ser, pero más romántico e inocente tampoco. Y es que en realidad la celebración de San Valentín no depende de la fecha sino del momento en el que esté la relación de la pareja. El mismo detalle que una vez nos sonrojó y que guardamos con cariño entre la hojas de nuestro diario, años más tarde puede significar que a tu pareja ya no le quedan ideas o ganas de sorprenderte.

Parece una tarea, una obligación felicitar a tu pareja en este día señalado con corazones rojos en el calendario. Hay que pensar en hacer algo diferente y especial para celebrar que estáis enamorados. Qué presión para las parejas y sobre todo para ellos ¿no? Qué incómodo debe ser hacer algo sin quererlo de verdad. Hacerlo sólo para que otra persona sea feliz con ello. Ay, pero no lo olvidemos ¡eso es amor! Como dice una canción de Zahara, "Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo te diga nada..." pero a nosotras a veces nos vale aunque se lo tengamos que pedir ¿verdad?

La mayoría de nosotras sigue creyendo en el amor eterno, en que hay una persona destinada a estar a nuestro lado toda la vida para hacernos feliz, y si la encontramos queremos que esa relación termine en boda (lo importante vendrá después para que tras la boda no se termine la relación). Pero sabemos que las flechas de Cupido no afectan a hombres y mujeres de la misma manera. Lo que para nosotras es encontrar nuestra media naranja para ellos puede ser sólo una conquista. El flechazo desencadena distintas versiones de mostrar el amor o el instinto sexual. En las mujeres suele ser una pasión más reposada y con el oído muy atento para elaborar nuestra historia de amor, porque nosotras necesitamos tener una historia, ¿qué les contaríamos a nuestras amigas si no? Vamos apuntando detalles en nuestro disco duro y vamos escribiendo así las páginas de nuestra novela de amor. Y claro, no pueden faltar las escenas románticas como alguna sorpresita en este señalado día y ¿por qué no una propuesta de matrimonio con rodilla en el suelo justo el día de los enamorados?

A ellos la pasión del amor les lleva más a mirar, sentir y actuar. Se les llega mejor por la mirada y se les puede manejar para conseguir nuestros deseos siempre que ellos estén satisfechos, porque sabemos que se esmeran por evitar problemas y conflictos. Los hombres prefieren poca implicación emocional pero nos empeñamos en que maduren a nuestro lado y "sienten la cabeza". En realidad queremos que sientan como nosotras y eso no hay flecha que lo logre. Quizá los primeros años de relación lo intenten para que estemos contentas pero con el tiempo puede que ese deseo por satisfacernos se vaya apagando.

Enamorarse no es siempre algo voluntario. Uno se enamora sin más, no estudia una carrera para lograrlo, no lo intenta con todas sus ganas, no lo lucha, no lo ve como una meta, si fuera así no sería amor, ¿o sí? Las parejas que acaban de empezar una relación, ¿merecen una felicitación por eso?, ¿merece un regalo el que hace algo de manera natural casi involuntaria? Visto así no creo que celebrar esta fecha al principio de una relación necesite mucho empeño. En realidad el regalo y la felicitación se lo merecen los que luchan para que el amor que una vez sintieron no desparezca. Las parejas que han pasado por dificultades de cualquier índole y siguen estando enamoradas sí merecen un regalo. Tu boda no debe cambiar San Valentín.

¿Acaso te felicita alguien cuando ya no sientes amor por una persona? Al contrario, cuando te desenamoras no hay premio ni palmadita en la espalda, suelen reprocharte que algo has hecho mal y te colocan un cartel de culpable difícil de llevar. Y tampoco tienes tú toda la culpa de no sentirlo ya ¿no? Seguramente has dejado de preocuparte por tu pareja o por lo que pueda sentir. Quizá han desaparecido las mariposas en el estómago cuando está a tu lado y ya no se te eriza la piel cuando te roza. En ese momento es cuando habría que empezar a luchar, cuando habría que intentar recuperar lo que tenías y hacer lo imposible si la otra persona te merece la pena. Si lo consigues, si vuelves a sentir aquello de las primeras citas, de los primeros besos, entonces sí habría que felicitarte porque has conseguido que el amor siga vivo.

Siempre somos nosotras las que nos quejamos de falta de romanticismo en nuestras parejas, que si no se acuerdan, que si no te sorprenden ese día, que si de nuevo una cena para celebrarlo y tienes que elegir tú el sitio... Y ¿qué tal si dejamos de quejarnos y este año les sorprendemos nosotras y les llevamos a un sex shop para elegir algo juntos? Está claro que el regalo o la forma de celebrar San Valentín cambiará a lo largo de vuestra relación. Lo importante es que tu boda o la convivencia (si nos sois de firmar papeles) no cambie el sentimiento o el porqué le regalas algo a tu pareja el 14 de febrero.

San Valentín pasó a la historia por luchar para que al amor no se le pusieran barreras, nosotros no tendríamos que ponerle fechas. ¿Por qué no le demuestras a tu pareja que es especial el resto de los 364 días del año? Si lleváis muchos años de casados lo tienes aún más fácil porque ya sabes qué le gusta así que le puedes sorprender cualquier día sin tener que comprar nada, y si esa fecha no está en rojo y no la anuncian los grandes almacenes puedes estás estar segura de que es amor de verdad.

Mónica Martínez


Cartas de amor de Freud, Einstein, Fitzgerald y otros famosos


"El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor" decía Mark Twain. En el Día de San Valentín, seleccionamos 5 fragmentos de cartas de amor históricas.

En cierta ocasión Sigmund Freud le escribió a su novia y futura esposa Martha Bernays una carta de amor que después ha dado la vuelta al mundo al ser considerada una de las confesiones más románticas de la historia: "No apetezco sino lo que tú ambicionas para ambos porque me doy cuenta de la insignificancia de otros deseos comparados con el hecho de que seas mía. Estoy adormilado y muy triste al pensar que tengo que conformarme con escribirte en vez de besar tus dulces labios".

Víctor Hugo, otro romántico empedernido, escribió en cierta ocasión a Adèle Foucher: "Tienes razón. Hay que amarse y luego hay que decírselo, y luego hay que escribírselo, y luego hay que besarse en los labios, en los ojos, en todas partes". 

Albert Einstein también expresaba con frecuencia sus sentimientos hacia su gran amor, Mileva, por carta. En una de estas epístolas, enviada desde Milán el 13 de septiembre de 1900, el físico afirmaba: "En todo el mundo podría encontrar otra mejor que tú, ahora es cuando lo veo claro, cuando conozco a otra gente. […] Hasta mi trabajo me parece inútil e innecesario si no pienso que también tú te alegras de lo que soy y de lo que hago."

El novelista Scott Fitzgerald también escribió largas misivas a la que sería su esposa, Zelda Sayre: "Tú y yo hemos pasado momentos maravillosos en el pasado, y el futuro aún está cargado de posibilidades si levantas la moral y procuras creerlo. El mundo exterior, la situación política, etcétera, siguen siendo oscuros e influyen en todos directamente, y es inevitable que te afecten indirectamente a ti, pero procura distanciarte de todo ello mediante alguna forma de higiene mental, inventándola, si es necesario. Déjame repetirte que no quiero que te concentres demasiado en mi libro, que es una obra melancólica y parece haber obsesionado a casi todos los críticos. Me preocupa muchísimo que lo estés releyendo. Describe determinadas fases de la vida que ya están superadas. Ciertamente nos hallamos en una ola ascendente, aunque no sepamos a ciencia cierta hacia dónde va."

Por su parte, Franz Kafka le envió numerosas cartas a su amada Felice. En una fechada en enero de 1913 le expresaba así su doble amor hacia ella y la literatura: "Querida: te pido con las manos alzadas que no sientas celos de mi novela. Cuando los personajes en la novela se dan cuenta de tus celos, se me escapan, más aun cuando sólo los tengo agarrados por la punta de sus vestidos. Y ten en cuenta que, si se me escapan, tendría que correr tras ellos, aunque fuera hasta el mundo de las tinieblas, su verdadero hogar. La novela soy yo, mis historias soy yo. Así que, te ruego, ¿dónde existe el menor motivo de celos? De hecho, cuando todo lo demás está en orden, mis personajes se toman del brazo y corren a tu encuentro, para, en último término, servirte a ti. [...] gracias a que escribo me mantengo con vida, me aferro a esa barca en la cual te encuentras tú, Felice. Ya resulta bastante triste que no consiga apartarme a ella. Pero comprende, Felice, que tendría que perderte a ti y a todas las cosas si alguna vez perdiera el escribir."

Publicado en Muy

martes, febrero 12, 2013

Mi primer viaje a París



Era mi primera visita a París y el bus nos llevó en su recorrido turístico a la ciudad, a la basílica del Sacré Cœur, donde la guía (uruguaya sea dicho de paso) nos daba explicaciones sobre su construcción, historia y la polémica de la misma, inaugurándose cuando finalizo la primera guerra mundial.
Algo me impacto de sus largas escaleras blancas y los comentarios sobre la gente, hipies y románticos  que se reunía al atardecer sobre las mismas escalinatas.
Estaba allí disfrutando de un viaje otorgado por Olivetti, empresa en la que trabajaba como comercial y como premio por haber superado las cifras de venta solicitadas para el concurso.

Cuando llegue al hotel Choiseul Opera en el que estábamos hospedados, me seguía rondando en mi mente la magia que desprendía esas escalinatas, le dije a mi compañero que estaba en el bar, que no me esperaran para ir a cenar y cogí un taxi indicándole al taxista la basílica como destino.

 

El sol estaba muy bajo sobre el horizonte, pero me maravillo la cantidad de gente que había en las escalinatas, familia con sus hijos, enamorados, gente de lo más variopinto, subí lentamente disfrutando del bello ambiente, hasta que llegue hasta un grupo de músicos jóvenes que me deleitaron con la famosa canción de los Beatles  And I Love Her, me emociono tanto escucharla, que note el sabor salado que llego a mi boca, dándome cuenta de me estaban resbalando las lágrimas desde mis ojos, me parecía que en cualquier momento se materializarían mis más dulces recuerdos…¡ Vaya tarde más memorable!!. 


Hoy al ver la hermosa construcción bajo una hermosa capa de nieve, no puedo evitar volver a emocionarme

Para ese amigo al que nos separa la distancia


Daría cualquier cosa por aliviarte de un poco de dolor y aumentarlo al mío, pero sé que no puedo.

Sé que sólo tú puedes sentir ese dolor. Sé que sólo tuya es la terrible tarea y responsabilidad de seguir caminando aun cuando parezca que todo perdió sentido.

Confió que no tengas dudas de que me sigas teniendo para lo que necesites, aunque sea en la distancia, esa misma distancia que por momentos se hace insoportable, pero es el futuro que elegimos para nuestra vida.

Estaría encantado de estar junto a ti para contarnos chistes o para llorar. O, simplemente, para sentarnos juntos en silencio y recordar los buenos momentos pasados juntos y que ya no volverán, que forman parte nuestra.

Te sigo admirando y para mí siempre es un placer estar tan cerca de ti con mis pensamientos.

Permíteme hacer una pausa y guardar un rato de silencio.

Guardar silencio para seguir pensando  en ti.

lunes, febrero 11, 2013

Los 5 remordimientos más habituales antes de morir


Bronnie Ware ha acompañado a cientos de personas durante las últimas semanas de sus vidas.
Esta enfermera australiana, especialista en cuidados paliativos, confiesa que “casi todas las personas expresan los mismos remordimientos antes de morir”:
1.- Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir la vida que yo quería y no la que los demás esperaban de mí.
Este es el remordimiento más común. Cuando somos conscientes de que nuestra vida se está terminando, miramos hacia atrás y vemos todos los sueños que no hemos realizado. Mucha gente no se atreve a perseguir sus sueños y muere sabiendo que ellos son los responsables de las decisiones que los impidieron.
No somos conscientes de la libertad que tenemos por el mero hecho de estar sanos. Cuando llega la enfermedad, ya es demasiado tarde.
2.- Ojalá no hubiese trabajado tanto.
Este comentario me lo repitieron la mayoría de los hombres a los que asistí. Se arrepentían de no haber dedicado más tiempo a su pareja y a sus hijos cuando eran pequeños.
3.- Ojalá hubiese tenido el coraje de expresar mis sentimientos.
Muchas personas esconden sus sentimientos para evitar conflictos con los demás. El resultado es que se conforman con una existencia mediocre.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Y, aunque al principio otra persona se moleste cuando somos honestos, eso hace que una relación crezca. O que se acabe una relación que no era saludable. En ambos casos, todo el mundo sale ganando.
4.- Ojalá hubiese mantenido el contacto con mis amigos.
Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de los amigos hasta que la muerte se acerca. Nos absorbemos tanto en nuestras rutinas que dejamos marchitarse las amistades. Olvidamos ofrecer a nuestros amigos el tiempo y el esfuerzo que merecen.
En las últimas semanas de vida, lo único que importa es el amor y las relaciones. Todo lo demás -el dinero, el éxito profesional- es absolutamente irrelevante.
5.- Ojalá me hubiese permitido ser más feliz.
Desgraciadamente, este remordimiento también es muy común.
Muchas personas no se dan cuenta de que la felicidad es una opción hasta que la muerte se acerca. Muchos se han dejado arrastrar por el confort de la vida cotidiana, el miedo al cambio o a la reacción de los demás.
La vida está hecha de decisiones. Y es tuya. Decide.
Esta entrada fue publicada en Caricias

viernes, febrero 08, 2013

Alejándose de la monotonia




A las 13:30 apagó el ordenador. A las 13:31 se encerró en el lavabo, se afeitó y rehízo el nudo de su corbata. Salió de la oficina y fue dando un paseo. Era un martes pero toda la avenida olía a viernes. De camino, paró en un puesto de flores y, entre dos docenas, eligió una rosa blanca. Llegó primero al Hotel Londres. Habitación 423. Guardó la alianza en el bolsillo de la americana y se sentó en el borde de la cama . Pasaron nueve minutos y 38 segundos.

Abrió sin dar tiempo a que los frágiles nudillos golpearan la puerta. Y allí estaba ella. Luminosa. Un vestido negro ajustado, unos tacones más altos de lo habitual y una cesta de pic nic, de mimbre, de la que sobresalía una botella de Moët. Su sonrisa tímida dejó entrever mil besos  esperando a ser pedidos. Él le cambió el primero de ellos por la rosa, y ella se la engarzó en el pelo. Comieron sobre un mantel de cuadros, en el suelo, con las olas como música de fondo.

Jugaron a adivinar películas. Después, jugaron a conocerse. Tras el penúltimo beso recogieron la cesta y se fueron, cada uno, a su trabajo. Tuvieron tiempo, pero no se ducharon.

La tarde duró cien recuerdos y un suspiro. Él llegó a su casa, abrió la puerta y el chapoteo y las risas le llevaron hasta el final del pasillo. De rodillas, su esposa bañaba a su hijo de cuatro años. Él les sonrió desde el quicio. Ella le miró, secándose las manos en la falda.

En su pelo, la rosa blanca aún parecía recién cortada. Su sonrisa cómplice dejó entrever mil besos esperando a ser pedidos.

lunes, febrero 04, 2013

Carta de una mujer libre a su prometido antes de casarse


En la mañana del 7 de febrero de 1931, unas horas antes de contraer matrimonio, Amelia Earhart se sentó a escribir esta carta dirigida a su futuro esposo, George P. Putnam.
Amelia era ya por aquel entonces un mito de la aventura: en 1927 se había convertido en la primera mujer que cruzaba el Atlántico en monoplano.
Creo que esta es la carta de amor más hermosa, libre y valiente que jamás he leído:
Querido GPP,
Creo que debería dejar escritas algunas cosas antes de que nos
casemos, aunque ya hayamos hablado muchas veces sobre ellas.
Tengo que reiterarte mis dudas con respecto al matrimonio, mi sensación de renunciar a oportunidades en un trabajo que tanto significa para mí. Tengo la sensación de que casarme es una de las decisiones más estúpidas que jamás he tomado. Sé que habrá compesaciones, pero no puedo ocultarte mis dudas.
Para nuestra vida en común quiero que comprendas que no estarás sometido a ningún código de fidelidad y que yo tampoco me considero atada a ti. Si somos honestos, podremos evitar las dificultades que surgirán si tú o yo nos enamoramos de otra persona.
Por favor, no interferamos en el trabajo del otro, ni permitamos que el resto del mundo contemple nuestras alegrías o desacuerdos. En este sentido, voy a tener que mantener algún lugar donde pueda ser profundamente yo misma. No puedo soportar los confinamientos, por muy atractiva que sea la jaula.
Debo exigirte una promesa cruel: que me dejarás marchar dentro de un año si no hemos encontrado la felicidad juntos.
Voy a tratar de hacerlo lo mejor posible y ofrecerte esa parte de mí que conoces y que tanto quieres.
A.E.
George y Amelia contrajeron matrimonio aquella misma tarde y permanecieron juntos hasta la trágica desaparición de Amelia en 1937, cuando intentaba circumnavegar la Tierra en monoplano.
Publicado en Principia Marsupia