lunes, septiembre 24, 2012

La acuarela que adorna nuestro salón

Como clientes que eramos de la Caja de Canarias, nos maravillábamos cada vez que pisábamos las oficinas, con la decoración existente, basada en serigrafias de distintas obras de Alberto Manrique, importante acuarelista canario, no queríamos que fuera tan solo un trueque por dinero, buscamos la personalización de la obra, queríamos algo que nos hiciera vibrar especialmente y un día decidimos poseer una, no nos fue tan fácil, nos enteramos donde vivía y fuimos a la dirección que nos indicaron como su casa en Tafira con dos palmeras en el porche, tímidamente tocamos en su puerta muy despacio, volvimos a tocar más fuerte, debido al poco éxito que obtuvimos la primera vez. No lo conociamos, salio a atendernos él en persona.
Atropelladamente, superados por el momento,  le dijimos porque estabamos allí y resulto ser un hombre entrañable, nos hizo pasar a su estudio y nos hablo de que justo había sacado un boceto de una callejuela de su barrio y que si nos gustaba, estaría encantado de pintarla para nosotros y así fue, le caímos simpáticos, adicional mente nos regalo varias "pruebas de autor"  a las que él no le daba valor, ya que eran las que servían para que el diera el O.k. a la imprenta, pero que nosotros agradecimos con orgullo desmedido y admiramos en soledad muchas veces en nuestro hogar. 

En la foto adjunta estamos junto al artista, con la acuarela que adorna nuestro salón desde ese entonces.
Varios amigos nos hablaron que ellos tenia serigrafias, que le costaron la centésima parte que nuestra acuarela y que para ellos era lo mismo...para nosotros, esta claro que no.