domingo, enero 26, 2014

A pesar de que no estan para muchos trote...

81-year-old Sweethearts: Un hombre de 81 años se reencuentra con su novia de secundaria 62 años después
Jack tiene 81 años.
Betty tiene 81 años.
El marido de Betty murió hace 6 años.
La mujer de Jack murió hace 2 años. 
Jack, un hombre de 81 años se dispone a reeoncontrarse con la que fue su novia en secundaria hace 62 años, Betty.
En el aeropuerto de Washington fue este encuentro y os podéis imaginar la emoción que despertó este hecho entre los dos
.

Porque nunca es tarde para encontrar el amor (ni para cualquier cosa que te propongas)

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viernes, enero 24, 2014

Que este enfadado, no quiere decir que haya dejado de quererte

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Lo vivido...

Cuerpo dormido
A veces recuerdo la tibieza de aquellos días,
la gracia de aquel cuerpo dormido,
la blancura del lecho en un rincón del cuarto,
el libro abandonado, entreabierto,
la lámpara sumisa, la ventana,
el sonido lejano de la lluvia,
los lentos rumores de la noche.
y pienso entonces que fue hermosa la vida,
y acaricio en mi pecho las heridas del tiempo.

Eloy Sánchez Rosillo

miércoles, enero 22, 2014

Para los celíacos, que haberlos, haylos

Celíaco en edad de cocinar
Dicen las exnovias que hay que estar más atento a los detalles. Cuando los Reyes Magos te dejan junto al árbol un libro de recetas sin gluten es como cuando tus padres te compran una maleta: son regalos de “ahora te toca a ti”.
Tengo que ser sincero, no soy un gran cocinero. Pertenezco a ese grupo de celíacos que lo son desde muy pequeños. Nuestra familia era la que nos preparaba platos especiales, aprendimos a comer muy bien, pero nos acomodamos demasiado en la cocina. Así que cuando rompí el papel de regalo y vi el libro de zerOgluten (Grijalbo Ilustrados, 2013) puse sólo media sonrisa. Voy a contar cómo conseguí la otra media.

Esa misma mañana de Reyes, en plena oda al roscón, decidí que sí, que era mi momento, que ya era mayorcito como para cocinar platos de calidad, mucho más elaborados. Comencé a hojear el recetario en busca de información sobre la autora, Marí Luisa Barreiro. Tiene celíacos en su familia y no se define como cocinera, un alivio.
Tres días más tarde, cuando media España corría a apuntarse al gimnasio para bajar los excesos de Navidad, este que escribe estaba listo para preparar un risotto (para comer) y varias pannacottas de Nutella (para cenar, para desayunar al día siguiente, para comer al día siguiente). Miré las fotos de los platos en el libro, miré mi cocina, volví a mirar las imágenes del recetario, y me miré al espejo. Los platos no iban a quedar igual de bonitos, era evidente, pero lo importante era el sabor… e intentarlo.
Siguiendo con cuidado las explicaciones del libro, los platos fueron tomando forma. Elrisotto empezaba a oler a risotto, y familiares y amigos venidos de todos los rincones del país me sacaban fotos mientras cocinaba. Estaba tan crecido que conté un par de chistes de Arguiñano mirando al microondas.
Teniendo un público exigente no sobró nada, señal de que no lo debí de hacer tan mal. Fue una gran mañana en la cocina. Los platos, sabrosos, y la sonrisa, completa.
Pero este es solo un ejemplo de todas esas publicaciones, en papel, en blogs o en YouTube, que deciden particularizar dentro de la gastronomía y hacer más fácil la aventura de cocinar a todos aquellos que tenemos que estar pendientes de los ingredientes que usamos. A todos ellos, gracias.

lunes, enero 20, 2014

No es lo que siento por ti, es lo que nunca volví a sentir con ninguna otra, no he vuelto a sentirme tan a gusto como cuando estaba a tu lado

La obra cumbre de Dogson (Seudónimo de Lewiw Carrol) con millones de seguidores, entre los que me cuento por muchas razones que no viene al caso

¿Quieres ver el manuscrito ilustrado original de 'Alicia en el país de las maravillas'?

Un día de verano en 1862, un hombre alto y tartamudo llamado Charles L. Dodgson hizo un viaje en barco por el Támesis, acompañado de un colega y las tres hijas del rector de la universidad Henry Liddell. Para evitar el aburrimiento durante la travesía de cinco millas, Dodgson obsequió al grupo con la historia de una niña llamada Alicia que corre aventuras en los lugares más inesperados. Para el final del día, la hija mediana de los Liddell, también llamada Alicia (Alice), estaba tan cautivada por la narración que le imploró que continuase la historia. Unos tres años más tarde, Dodgson publicaría las aventuras de ‘Alicia en el país de las maravillas’ bajo el seudónimo de Lewis Carroll (el seudónimo era una versión en inglés de “Carolus Ludovicus”, la forma latinizada de su nombre).
Desde entonces han sido millones los lectores devotos de esta obra, algunos tan destacados comoOscar Wilde o la Reina Victoria.
‘Las aventuras de Alicia bajo tierra’, la versión manuscrita original del libro que Carroll presentó a Alice Liddell en 1864, se conserva actualmente en la British Library. Ésta ha puesto a disposición de todos los lectores una versión online aquí . El volumen incluye 37 ilustraciones a tinta, creadas por el propio autor. Los amantes de esta obra verán que los dibujos originales de Carroll difieren de el aspecto tradicional que la versión de John Tenniel fijó en el imaginario popular cuando se publicó. Una curiosidad, un manuscrito original, tesoro de la literatura universal, que ya podemos consultar todos.
Alicia en la British Library: Versión todos los navegadores | Versión Flash

viernes, enero 17, 2014

Muchas veces me pregunto y me vuelvo a preguntar ¿Cómo pude ser tan imbécil?

Para conquistar el corazón de una madre, conquista primero el de su hija

Querido "Papá" del asiento 16C
Querido "Papá":
No sé cuál es tu nombre, pero Kate te llamó "papá" durante todo el vuelo la semana pasada y tú, amablemente, no la corregiste. De hecho, ni siquiera te sentiste extrañado, pues probablemente te diste cuenta de que no es que la niña te estuviera confundiendo con su propio "papá", sino que consideraba que tú le proporcionabas una sensación de "seguridad". Si ella te llama "papá", es porque todo va bien.
shanell mouland
Senté a Kate, mi hija de tres años, que tiene autismo, en el asiendo del medio, sabiendo perfectamente que un desconocido estaría sentado a su lado durante todo el viaje. Tenía que tomar una decisión rápida, pero como conozco su obsesión con subir y bajar las persianas de las ventanillas, pensé que estaría más distraída si se sentaba en el medio. Cuando vi que que todo el equipo de baloncesto Temple Owls subía al avión, me pregunté qué pasaría si uno de esos gigantes se sentara al lado de Kate. Pero todos se fueron para el fondo. A ella le hubiese gustado, habría hecho algunas observaciones que yo habría tenido que explicar, pero seguro que le habrían llamado la atención esos jugadores. También vi a muchas mujeres mayores a bordo, y quise que una de ellas se sentara con nosotras, pero siguieron para adelante. Por un momento, pensé que nadie se sentaría a nuestro lado, pero entonces tú viniste y te sentaste con tu maletín y tus importantes documentos, y tuve la visión de Kate vertiendo su agua sobre tus contratos multimillonarios, las escrituras de una casa, o lo que fueran. En el momento en que te sentaste, Kate te tocó el brazo. Tu chaqueta era suave y a ella le gustó el tacto. Entonces le sonreíste, y ella te dijo: "Hola, Papá, esta es mi mamá". Y ya no te dejó tranquilo.
Tú podrías haberte removido incómodo en tu asiento. La podrías haber ignorado. Me podrías haber lanzado esa "sonrisa" que odio, porque significa "ocúpate de tu niña, por favor". Pero no hiciste ninguna de estas cosas. Entablaste una conversación con Kate y le preguntaste por sus tortugas. Ella nunca te contestó realmente, pero estaba tan encantada contigo que mantuvo el contacto visual y se concentró en lo que le preguntabas. Yo miraba y sonreía. Le dije unas cuantas cosas para distraerla, pero a ti no te importaba seguir pendiente de ella.
Kate: (Al darse cuenta de que tenías un iPad) ¿Esa cosa es de Papá?
Tú: Es mi iPad. ¿Quieres verlo?
Kate: ¿¿¿¿¿Para mí????? (Ella pensaba que se lo estabas regalando)
Yo: Solo míralo, Kate. No es tuyo.
Kate: ¡Qué monito!
Tú: (Viendo que Kate también tenía un iPad) A mí también me gusta tu ordenador. La funda violeta es muy chula.
Kate: ¿Papá quiere ser el malo? (Entonces te ofreció su juguete de las Tortugas Ninja. ¡Eso sí que es una muestra de adoración!)
Tú: ¡Qué guay!
La interacción siguió y siguió y tú no parecías molesto. Te concedió algún momento de tranquilidad mientras jugaba con sus muñecas Anna y Elsa. Un gesto muy considerado por su parte, el librarte de jugar con sus Barbies; aunque seguro que a ti no te hubiera importado. Estoy segura de que tú también tienes hijas pequeñas.
Poco antes de que aterrizáramos, Kate llegó a su límite. Gritó para que le desabrocháramos el cinturón de seguridad, me gritó pidiéndome que abrieran las puertas del avión y se puso a llorar sin dejar de repetir "Avión cerrado", una y otra vez. Tú intentaste que volviera a centrarse en sus juguetes. Su mente ya se había alejado de todas esas cosas, pero el hecho de que intentaras ayudar a tu pequeña nueva amiga me emocionó.
Por si acaso te quedaste preocupado, te aseguro que la niña se tranquilizó nada más bajar del avión. Gracias por dejarnos bajar antes que tú. Ella se había agobiado, pero lo único que necesitaba era escapar del avión y un buen abrazo.
Por todo esto, muchas gracias. Gracias por no hacerme repetir esas horribles frases de disculpa que siempre me veo obligada a decir en público. Gracias por entretener a Kate y conseguir que este fuera, con todo, su viaje más tranquilo hasta el momento. Gracias por dejar de lado tus papeles y ponerte a jugar con la niña.

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miércoles, enero 15, 2014

La misma mancha en el techo

¿Sentimiento de culpa dices? ¿Acaso te obligó alguien a hacer lo que hiciste? ¿Te obligué yo? ¿Te sentiste obligada? ¿Entonces por qué tendrías que sentirte culpable? ¿por haber traicionado, en fin, tus principios? ¿Qué demonios son los principios, dónde están? ¿En aquel papel que firmaste en un registro hace cuatro o cinco años? Lo siento, pero no. Tal vez en ese preciso instante buscaras tranquilidad, ya sabes, huir de tus altibajos con algo estable y enfocar todos tus sentidos en un solo objetivo ideal. Pasar página de ti misma. Fuiste tú quien decidió atarse a otro hombre, fuiste tú quien prometió amarle eternamente y atarte a él para el resto de tus días. ¿Le quieres, Nadia? ¿Le sigues queriendo? ¿Sigues enamorada de él como el primer día? ¿No, verdad? ¿Y quién tiene la culpa de eso, él, tú, yo? Nadie, Nadia. No tiene la culpa nadie. Nadie es capaz en este mundo de controlar su futuro, o su cabeza, o el número de vueltas que le dará la vida. Y quien diga lo contrario, miente; o simplemente actúa como una puta máquina racional y programable. Precisamente ese fue tu error: creer que serías capaz de controlar tus impulsos dejándote llevar por la rutina. Creías que la inercia te vendría bien, pero ya has visto que no. De hecho, nunca fuiste así y lo sabes. Nunca debiste casarte, pero eso ya no tiene solución, ¿verdad? Seguirás casada, estoy seguro, y acabarás aprendiendo a convivir con tus contradicciones. A soportarte y asumirte. A manejar tu inevitable doble vida. Hay personas capaces de vivir muchos años con una bala dentro, e incluso consiguen a veces olvidarse de ella. Ya lo he visto antes. Pero no te sientas culpable por hacer lo que hiciste. Nadie te obligó a entrar en mi taxi: fue el azar. Nadie te obligó a recordar viejos tiempos: fuimos los dos. Supongo que podrías haber cambiado de tema, o negarte a seguir por ahí o decir no, Daniel, mi vida me llena, ahora soy otra instalada en otro mundo. Pero no me culpes, no te culpes. Fue bonito, quédate con eso. Lo pasé genial en ese hotel (y algo me dice que tú también necesitabas algo así). Y reconoce que fue un puntazo que consiguiéramos la misma habitación que aquella última vez hace cuántos, ¿séis años? La habitación estaba exactamente igual que entonces, y nos reímos. Nos reímos de las mismas cortinas, nos reímos de la misma mancha en el techo con la forma de Australia. La misma mancha.

"Hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso", Juan Gelman

martes, enero 07, 2014

Para mi eres irrepetible en todo sentido

 "NUNCA TE DUERMAS SIN UN SUEÑO ", ni te levantes sin un motivo, tampoco vivas por nadie que no este dispuesto a vivir por ti, recuerda que ningún día se parece a otro y que nadie se parece a ti... que sólo hay una persona capaz de hacerte feliz para toda la vida, y esa persona eres tú mismo... SI HAY GENTE QUE QUIERE ENTRAR EN TU VIDA, que entre!!! si hay gente que quiere salir de ella, que salga!!!... pero que " NO SE QUEDEN" en la puerta, por que molestan a los que quieren entrar   
         Después de una  seria y cautelosa consideración, 
Quiero notificarte que  nuestro "Contrato de amistad" 
Fue renovado por el año: 2014 
 
 
Nunca desvalorices a nadie 
Guarda a cada persona
 dentro de tu corazón 
Porque un día podrás acordarte 
 
Y percibir que perdiste un diamante  
Cuando estabas muy
 ocupado coleccionando piedras. 

jueves, enero 02, 2014

El Papa Francisco esta acercando la Iglesia al pueblo llano con las botas de siete leguas

Las tiendas de lujo para obispos enfrentan una verdadera crisisAntes vendían sotanas bordadas en oro y zapatos especiales para los cardenales que querían imitar a Benedicto XVI.

Todo un lujo. Las tiendas vaticanas para cardenales y monjas no venden tantos productos. El estilo sobrio de Papa y sus palabras en favor de una “Iglesia pobre” causaron más de un dolor de cabeza entre los pasillos rojo purpúra de la vía Cestari, en el centro de Roma. En esta calle empedrada que lleva al Panteón desde los foros romanos, se concentran las más lujosas tiendas de paramentos sagrados.
En las vidrieras, hasta unos meses, estaban expuestos sotanas bordadas a mano y crucifijos en metales preciosos para obispos y cardenales. Pero la austeridad es franciscana y desaparecieron el oro y el terciopelo.
“Hasta marzo, esto era un ir y venir de cardenales y obispos de todo el mundo –se queja el director de la mas famosa “boutique sagrada”–. Pero ahora todo cambió. Antes querían imitar a Benedicto XVI que amaba usar mitras diferentes según la ocasión litúrgica. Ahora ya nadie quiere comprarnos”.
La mitra es la toca de forma alta y apuntada, con que se cubren las cabeza los obispos católicos. “Son hechas a manos y vendíamos siempre, por lo menos, una docena cada mes. Habían algunos viejos clientes que querían tener algunas, para poder cambiarse. Ahora es mucho si logramos vender una al mes. A ninguno le gusta pasar por vanidoso si el Papa recomienda sobriedad”, cuenta el director con ceño fruncido.
“Las sotanas talares siempre fueron un corte que no conoce crisis, es desde los tiempos de mis bisabuelas que las vendemos”, cuenta María, dueña de dos tiendas y de muchos anillos de oro que le aprietan los dedos. Ella es una institución en el rubro de los paramentos sacros. “Las sotanas salen desde los cuatroscientos hasta los dos mil euros y no podrían no ser caras con el trabajo profesional que incorporan. ¿Me crees si te digo que no logro vender ni una desde hace meses?”, pregunta asombrada por el nuevo curso de la historia que le tocó.
Claro, el Papa que lleva zapatos negros comunes y corrientes bajo el vestido blanco, no era el estilo de propaganda que la señora deseaba para su tienda de pantuflas de seda. Y ella, como buena vendedora, ni disfraza la molestia por tanta austeridad: “Bueno, el papa es el papa, no le puede caer mal a uno, pero me parece que podría darse un gusto cada tanto, tampoco es pecado, ¿no? El otro estaba más atento a la estética”, concluye un poco amargada.
Los tiempos dorados de la época Joseph Ratzinger, que llevaba pantuflas rojas diseñadas para él por Prada, ya son una era lejana en el Vaticano. La revolución en tema de estilo papal es total y también en la basílica de San Pedro hay a quien le cuesta acostumbrarse.
Antes del 18 de diciembre, fecha del cumpleaños de Jorge Bergoglio, el ceremonial vaticano estaba sacudido por el desosiego de no saber como festejar. ¿Un concierto? ¿Una cena? ¿Y si el festejado prefiere que el aniversario pase desapercibido? La idea de Bergoglio de hacer subir a almorzar con él algunos de los sin techo que andan por las cercanías de San Pedro, sacó el ceremonial del apuro, pero dejó incómoda la parte más conservadora de la Curia para la cual seguir el ejemplo de austeridad significa renunciar a privilegios asumidos.

miércoles, enero 01, 2014

Lo que queda después del amor

Amantes y después
COLAPSO es ver subir en tu mismo taxi a la mujer que hace lustros compartió conmigo cama y fantasías (y llegó incluso a tocarme con la punta de los celos), y aquello acabara de la forma más brusca y más tensa: puteándonos y odiándonos hasta el punto de matarnos en el mapa del otro. Imagina su cara y mi cara al cerrar la puerta y decirme “Buenas tar…” y quedarse absorta, bloqueada, sin saber qué se debe hacer en estos casos: ¿marcharse?, ¿ser fría?, ¿cortés? ¿Bastarían diecisiete años para enterrar el rencor que nos tuvimos? ¿cuánto tardará una cicatriz en ser obviada o asumida o absorbida por el cuerpo y la memoria?
Tuve que ser yo quien tirara de entereza y sonreír: “¡Ana!, ¡Cuánto tiempo!” para que ella después atajara por el camino fácil: “¡Dani!, ¡no sabía que fueras taxista!” y desplegara un buen racimo de obviedades, y yo aprovechara esa calma neutra (y que no se atreviera a mirarme a los ojos) para observarla en conjunto. Diecisiete años pasaron y en esencia estaba igual excepto dos o cinco arrugas, y unos rasgos más marcados, y unos ojos menos vivos, como velados por una capa de barniz cuarteado. Pero aún conservaba el mismo tono de piel, igual de tersa. Y el mismo pelo rizado, silvestre, aunque más corto. Sé que me pilló bajando la mirada hacia su escote, sin poder evitar preguntarme y comparar la firmeza de sus pechos con aquellos que aún mantengo intacto en el recuerdo. Qué raro sería volver a observarnos desnudos diecisiete años después, pensé. O besarnos de nuevo después de un abismo de besos con otros (la personalidad del beso a veces se diluye en nuevos labios y cambia, y pierde su esencia). Recuerdo que usaba la lengua como un francotirador acorralado. Recuerdo también la asombrosa humedad de su entrepierna, siempre insaciable.
Y en esto no pude contener tantos recuerdos y dije: “Tómate algo conmigo. Charlemos pero no de tu vida o la mía, sino de aquello. ¿Lo recuerdas?”.
-Claro que lo recuerdo, pero hoy no puedo. Llevo prisa -me dijo.
-Perdí todo un año por tu culpa. Qué menos que cobrarme unos minutos de tu tiempo -volví.
Aquel argumento la dejó sin excusas. Aparqué el taxi y tomamos café en una de esas terrazas con calor artificial. Y hablamos, más yo. Y fumé, y le ofrecí, pero ella insistía en que había dejado de fumar hace dos años, cinco meses y siete días.
Y charlando con ella me di cuenta de lo mucho que cambia la voz de quien ya no comparte sexo contigo. El timbre, el tono, el color, o la temperatura de la voz no depende tanto de la edad sino del vínculo. Y al final, al despedirnos, me excitó sobremanera comprobar que Ana, en el fondo, seguía sintiéndose igual de contradictoria para conmigo: Justo antes de intercambiarnos los teléfonos y marcharse, se dio la vuelta, volvió a acercarse a mí y con la voz temblante me pidió un cigarrillo.