sábado, agosto 21, 2010

Regresamos de las vacaciones 2010




Nos empapamos de historia, de lujo, glamour y belleza. Recordaba a mi maestra de primaria como me contaba sobre Pompeya, la ciudad “destruida” por el Vesubio y ahora me dicen que el volcán no la destruyo con su lava, ya que nunca la toco la misma, sino que la sepulto bajo 7 metros de ceniza, “congelándo” el tiempo al año 79 DC. Yo daba por hecho que era una zona pequeñita, pero en realidad es toda una ciudad de 20 mil habitantes, con sus calles y sus aceras con las formas actuales, sus pasos peatonales con la forma de nuestros pasos de “cebra”, sus cañerías de plomo.

Florencia (mi amigo Joaquín siempre habla de ella con admiración y reconozco que me contagio su parecer), la ciudad de Leonardo, de Miguel Ángel y de tantos otros genios, no podía desmerecer a sus hijos ilustres. A pesar del miedo de los alemanes, huyendo de las tropas aliadas que les pisaban los talones, destruían los puentes de les podían permitir que los alcanzaran, pero no se atrevieron a destruir la belleza del Puente viejo. Capri, reina de la Riviera italiana (volvía a revivir las llamadas de las sirenas que ignoro Ulises, tapándose los oídos con cera, en su regreso a casa. Su comercio de lujo, con las mejores boutiques, sus casas de los supermillonarios que dominan el planeta. Vimos la extraordinaria casa que posee Elton John, o la “pequeña” isla en donde fabrico su residencia Bono, el cantante de U2. o la de Greta Garbo, etc.

Lo que me quedo claro es que puedo negociar para que se me entierre en la Catedral de San Pedro, el único problema es si soy capaz de pagar lo que se me pida por permitírmelo.

Los Medici en Florencia recibieron a cambio de dinero, todos los privilegios del mundo de la iglesia, la misma que le reconoció al primer Grimaldi, a cambio de dinero la propiedad del antiguo monasterio (en la foto se ve parte del monasterio original) donde hoy es el Palacio Real, al que entro disfrazado de monje, con una espada escondida entre sus hábitos para matar a sus ocupantes y declararse dueño del mismo.

Estuve hace poco más de dos décadas en el Principado, es increíble lo que ha crecido (hacia el mar y en lujo) sus casas, cada mucho más lujosas, si cabe. Sus habitantes, sus Ferraris y Rolls, ofensivos para un mundo en crisis y con tanta hambre, mientras Mary entraba al Casino de Montecarlo, yo me quede filmando en la puerta, apareció una caravana de coches (no sé quien era) por lo menos vi a 8 guardaespaldas con un despliegue espectacular.

Me sorprendió (si algo me puede sorprender) es que los ciudadanos locales no pueden aspirar a ser policías en su principado, igual que la Guardia Suiza en el Vaticano, ya que son mercenarios a las ordenes del monarca o del Papa en caso de la Guardia Suiza, en caso de follón civil, deben defender al monarca o al papa, antes que al conjunto de la población. Su contrato así lo especifica.

Debo hablar del Voyager of the seas, ya que es un barco con un aforo de 5048 personas, que produce y consume más energía que muchas ciudades. Uno percibe que se mueve, solamente cuando toma puntos de referencia, ya que inclusive cuando se pone en marcha, no hay vibración alguna, ni ruido que delate el cambio de situación. Es el hotel más silencioso que dormí en mi vida. Produce 21 mil toneladas métricas de agua potable al día. Tiene 15 cubiertas y solamente 8,80 metros su calado. Todos sus motores de propulsión son eléctricos, lo que evita junto con sus 4 aletas de estabilización, todo tipo de vibración y ruido. Durante el crucero, por ejemplo se gastaron más de 10 mil kilos de carne vacuna, bastante más de cerdo, mil 500 kilos de langosta, con lo que se tiraba de comida, saciaban mucha hambre del mundo, les aseguro.