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jueves, noviembre 07, 2013

Interesante reflexión

Lo llamamos aprender, pero no.Aprender proviene de apprehendere, un verbo de acción. Atrapar, arrebatar, perseguir.
Lo que hacemos es, en realidad, acumular información. Adoptamos como propios los recuerdos de las experiencias que han vivido otros. Sus gustos musicales, sus pensamientos éticos o religiosos, sus percepciones de otras culturas.
Creemos que conocemos otros pueblos, otras religiones, estilos de gestión de empresa o regiones vinícolas porque hemos memorizado datos, estadísticas o notas de cata de un tercero.
Cada información es una pieza. Las guardamos en su correspondiente casillero y después las ensamblamos, como si fuera un mueble de Ikea, creando modelos y referencias.
Los modelos nos permiten juzgar rápidamente qué es correcto y qué incorrecto. Los juicios formados antes de experimentar algo condicionan nuestra percepción cuando, posteriormente, lo probamos.
Los juicios previos tienen la tendencia enfermiza a cambiar el orden de las palabras y convertirse en prejuicios.
Los prejuicios estrechan la ventana por la que vemos el mundo. Convierten nuestra vida en un manual de instrucciones. El miedo a equivocarnos nos impide probar y, si no somos espontáneos, no seremos originales.
La construcción que más repite un niño, con sus bloques de madera de colores, es el castillo que aparece en la etiqueta de la caja. Cuando el niño intenta ser creativo y construye un castillo diferente, su padre, con mucho cariño, lo deshace y le muestra cómo montarlo de la manera correcta.

Publicado en El Diario Vasco el domingo 18 de Julio de 2010.

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